Books

Cartas de amor para decir adiós a Gata Cattana

La rapera y poeta Gata Cattana nos dejó con tan solo 26 años. Queremos mostrarle nuestro cariño con poemas de Ter, Diego Álvarez Miguel, Laura Casielles, Vicente Monroy, Juan Fernández Rivero, María Sotomayor, Miguel Rual y Sofía Castañón

[No son poemas. Son cartas de amor para decir adiós a una diosa]

"3021 CONTIGO", por Ter

Voy a sentarte en una silla y voy a exponerte en una keynote formato 16:9 todos los motivos por los que creo que haces mal en no quererme

Voy a regalarte por tu cumpleaños una nueva dirección de email a la que te lleguen alertas Google con palabras clave como “hola”, “me gustas”, “hazme caso”

Voy a monitorizar y a enviarte reportes mensuales de todas las veces que he intentado olvidarme de ti y entonces tú me has escrito y me he puesto contenta y me he enfadado conmigo misma por ponerme contenta

Voy a dejar de enfadarme conmigo misma

Voy a dejar de apuntar cosas

Voy a salir a la calle

Voy a ir corriendo adonde estés y voy a besarte y a bailar toda la noche entre oxígeno, hidrógeno y veneno

Voy a beber y a gritar y a reírme 

y a seguir bailando 

Voy a conseguir vivir hasta el año 3021 

(congelando mi cuerpo 

o viajando a Neptuno donde el tiempo pasa más despacio 

o viendo tutoriales de wikihow)

solo para demostrarte que puedo estar 1004 años más queriéndote igual.

CRISTALES, por Diego Álvarez Miguel

Los hijos que no tendremos, el futuro,

una casa vacía, una historia

que se repite y se repite y se repite,

un pueblo, una mujer, la memoria

que falla, los buenos, siempre

caen los buenos, impera el terror

el miedo, la maldad, los fanatismos,

duele la injustica, el amor que no es amor

si tiene un precio, las calles

sucias de riqueza, explotación, indiferencia,

y tus palabras, ardiendo en la tarde

como una tormenta de fuego y cristales:

«Mami, que voy pa la mani,

que a lo mejor ya no vuelvo.

Mami, que voy pa la mani,

que a lo mejor ya no…»

GATA LO SABÍA, por Laura Casielles

Hay cosas que necesitamos poder cantar. Letras de fuerza para los días en que es cuestión de supervivencia el reto de sentirnos invencibles. Pero no todas las personas podemos poner en primera persona las mismas palabras. El imaginario que heredamos nos presta voces que no nos nombran. Nos cantamos con ellas mientras crecíamos, claro: porque necesitábamos cantar. Pero también las chicas de la periferia necesitamos palabras que nos digan. Gata lo sabía. Sabía que necesitamos sintonizar en los auriculares, a todo volumen, canciones que digan “Tengo boca, no hablen por mí, / he apuntao lo que iba a decir”, mientras andamos hacia el trabajo “con camisa y tacones altos”, temprano, embozadas en bufandas.

Se puede pensar cantando, y Gata lo sabía también. Pensar el legado borrado, la Historia oculta, el mundo sucio que nos toca vivir. “Nos han dao un circo malo / pero nada de pan”. Vale más un verso que un tratado, a veces. “La tradición es larga / desde Nietzsche hasta Unamuno / de Aristóteles a Darwin / desde Franco hasta Rajoy”; y la tenemos que reinventar, renombrando a Lisístrata y a las brujas. Bailando otras efemérides: “El frío de Stalingrado y la victoria en Vietnam / Una bomba en un desfile del Ku-Klux-Klan”. “Somos agregados de mentiras y leyendas”, en busca siempre de una verdad habitable.

“Yo solo sé hacerlo mu sentío, mira”: la responsabilidad que nos impone el regalo de estar vivas es la de hacer por amor, la de hacer con amor, la de tomarse la libertad en serio. No valen las medias tintas, y Gata lo sabía. La muerte no existe en los ratitos en los que una se entrega a lo que más vivo está: la lucha, el arte, la charla, el placer, la risa. Esos lugares donde no hay medida. “Si no hay rigidez, pues no hay fallo”.

“Lo sagrao es sagrao”, y lo sabemos mejor en un mundo sin dioses. Lo sagrado del encuentro cómplice, lo sagrado de la deriva lúcida, lo sagrado de las causas justas, lo sagrado del cuerpo consciente, lo sagrado de la belleza. Los poemas que lo cantan son nuestras oraciones laicas, nuestros mantras.

“Yo os invoco, hijas de Eva, buscando una luz”. Si luchamos, somos musas las unas para las otras. Deseo también era eso: el deseo de ser. Miro a las mujeres que con su obra nos ayudan a entender mejor lo que nos pasa, y les hago una estatua. A ellas ya nadie las va a desterrar del arte. Tenemos todas nuestras armas puestas al servicio de no permitirlo.

Gata lo sabía: el mundo es amplio y es nuestro. “Sabes que soy muy flamenca/ Y me da lo mismo Kentucky que Holanda/ Estoy aprendiendo noruego, idiomas eslavos, conjuros hebreos”. El rap nuestro suena a verdiales. El lenguaje de este planeta tiene muchos acentos, y tan importante es cuidarlos como dejar que se contaminen entre sí –¿o será que es lo mismo?–.

Nos mintieron al decirnos que la rabia no era compatible con la dulzura, que la firmeza no era compatible con la generosidad. Gata lo sabía, al escribir: solo podemos darnos si somos fuertes. Y solo somos fuertes en compañía.

Sí, Gata: te escuchamos y nos compinchamos. Cómo no lo íbamos a hacer.

Seguimos.

 

HEMÓN LLORA FRENTE AL CUERPO DE ANTÍGONA*, por Vicente Monroy  

*A partir de dos versos de Gata Cattana, a quien anoche escuché

por primera vez.

Tu cuerpo bombardeado de radiación alfa, milagrosa, y hay flujos en tu rostro de adivinaciones magnéticas. Ni tú ni yo lo veremos, pero pasará algún día: nuestros gestos ofrecerán información de galaxias lejanas. Todo lo que nos importa está en la superficie, como una rosa de sangre que deja sin primavera el paisaje que has visto. Haz de lo variable algo invariable o duérmete o espérame debajo de la lluvia, pero hagas lo que hagas, hazlo ferozmente.

,

desciframos pirámides. En áreas comerciales del extrarradio, iluminado en tonos complementarios por asombrosos carteles de restaurantes de comida rápida, he intentado describirte con desiguales resultados. También podría intentar hablar de otras cosas, pero sería inútil porque voy a estar hablando siempre de ti, aunque sea a través de metáforas, y si digo palabras como “aeronave” o “marejada” en realidad me refiero a partes de tu cuerpo o del interior de tu cuerpo, de lo que esconde tu cuerpo y de lo que a veces sale de él como extrañas manifestaciones de movimientos y cosas. Entonces pienso: ¿Ha fosilizado la luz?. Eres como una sombra y espero a que te acerques. Quiero quedarme contigo hasta que pase algo ineludible, si no ordenamos nuestros pensamientos nunca nos llevaremos la contraria. Nadie sabe nada de ti aunque todos lo quieren saber. Tengo algunas ganas dentro que me hablan, y también otras ganas que me escuchan. Te respeto como algo sagrado pero he ensayado mi cara delante del espejo para que no se note.  No me obligues a hacer metáforas ni ninguna otra cosa. No me obligues a nada que no sea respirar y no demasiado fuerte. Qué quieres que te explique si en la oscuridad no puedo usar el lenguaje de señas y me has dejado sin palabras. Estoy dispuesto a aceptarte tal y como eres, pero por favor no seas tú mismo. Ojalá las leyes de la física fallen por un momento y te sumerjas en mí y nuestras partículas se confundan y nuestra historia sea una historia cuántica, y no sencillamente una historia. Lo poco que tengo es amor y mañana vendré a rescatarte.

PARA GATA CATTANA, por Juan Fernández Rivero

yo también he venido a que me rapen esos fachas

el pelo oscuro y suelto encima de los hombros

el cuerpo impermeable y

como el sol

las ojeras cansadas de sí mismas

tibio flamenco extraño

aún te traspasan

una lengua  incendiada de mujer

sus estrellas vacías en las bóvedas amarillas del sur

y el rap

y el rap lunar de las fuerzas centrípetas

que nos devuelven a los corazones

DEBAJITO DE LA CARNE LOS PUÑALES, por Miguel Rual

en la lengua un agujero. una aguja. un agua dura.

una yegua muy cansada de ser yegua.

un yugo extraño

ser mujer

en un enjambre

sin reina

en la lengua un agujero. una aguja muy torcida.

cállate y ponte guapa no muy 

guapa no tan 

guapa solo un

poco

en la lengua un agujero. una agua dura. estancada.

dame un beso y te invito a una copa

en la lengua un agujero. una gata muy cansada de saltar

al vacío y no morir 

al vacío y no morir

al vacío y no

¿tatuaje o hematoma?

debajo de la piel: los cuchillitos

YA NO HAY MÁS LEY QUE VALGA, por María Sotomayor

Son muchas las noches que sueño que me muero

y me pongo blanca como sábana blanca

como una gata blanca y nada más

¿El padre allá arriba es un avestruz?

no sé qué responder si es la tierra

la que ahora te cubre la cabeza.

Hay días que pienso que me muero

descaradamente

que el coche se destroza

que la garganta

es una princesa rusa con un punzón

en cada mano

que un cisne picotea los ojos

y no todo es tan bello

porque te mueres tú y así no funciona

¿Tu madre aparece en tus sueños?

¿también tu madre muere en tus sueños?

Que la muerte,

que revienta una vena,

que nadie tiene tanta sed para convertirse en cien mares,

en doscientos mares, en ceniza y cuerpo pa dentro,

que mañana aquí y pasado arriba

¿Es verdad que el corazón tiene forma de nuez grande?

Qué perdida de tiempo la genética que no perpetua

la voz que no perpetua.

Las muertes son todas las palabras

que empiezan por blanco: blanco diente,

blanco corazón y tira pa fuera que aquí tú no entras.

Que la muerte,

que me da la luz, que la sangre caliente rabia

y me estoy poniendo de los nervios

con tanta antigua jerarquía que ahora no vale,

que así no funciona.

Que ahora nos morimos

y no los grandes primero

y tú, chiquita, la última.

Que nos falla el cuerpo,

que perdemos en tiempo y en oxígeno,

y el cerebro así no guarda nada

y pa que llore mi mama,

que llore la tuya

y ya no hay más ley que valga.

[SIN TÍTULO], Sofía Castañón

¿Qué vamos a decir con mayúsculas, Gata?

Cuando hay un hilo continuo de rabia y el disparo acierta

frente a una hilera de clichés de pato en la atracción de feria.

¿Qué vamos a decir, Gata? ¿Mayúsculas

no eran también esos neones que nos despistan

y olvidamos caminar en el lodo?

El paladar blando, dónde, con la mayúscula.

Quería tiempo para preguntarte, ¿siempre sentiste el flow,

o era en algún tiempo, cosa de otros?

Quería tiempo para preguntarte, ¿siempre tu voz la sentiste tuya

o era en algún tiempo eco sumiso de otros hasta

que fuiste cortando las rimas con el filo de lo que quema

y cauteriza.

Si lo hago suave algunos mitos se me desmoronan,

cantas.

Si comemos arena, ¿cómo masticamos las mayúsculas?

El paladar duro, dónde. El furtivo que nos apunta, dónde

es que le guardas, Gata, el verso como dardo.

La Historia y sus iconos en la punta de la lengua,

con tus 54 kilos siendo un peso pesado,

vas escribiendo en las sienes las enmiendas.

Te pienso ya, con los vivos y los muertos,

aireando tus preguntas.

Poetisa con mayúsculas, porque te da la gana, Gata

Cattana.

Qué venimos a nombrar a quien el lenguaje estalla.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar