Books

Porno duro y natación, las dos mayores aficiones del raro Franz Kafka

Recientemente se ha publicado en España 'Kafka' (Acantilado), la detallada y profunda biografía escrita por Reiner Stach sobre el autor de 'El proceso'

1. Como insecto en la piscina

En las últimas décadas del siglo XIX, los ciudadanos de Praga tenían una costumbre no muy inusual: bañarse.

Aunque quizá lo más sorprendente es dónde lo hacían, y el ritual que esto implicaba.

A orillas del río Moldava, cada primavera se amarraba con cadenas una "extensa estructura flotante de madera" que tenía un hueco en su interior. Este hueco se llamaba "espejo" y se inundaba con el agua del río, mientras que en los bordes de la plataforma se disponían "cabinas de vestuario, zonas de baño separadas, trampolines, aparatos de gimnasia y una pequeña cocina junto a mesas de restauración en las que se servían café y cervezas".

La higiene no era la mejor del mundo, pero la pequeña burguesía de Praga estaba fascinada por aquellas piscinas al aire libre. Cuando iban a nadar, a ejercitarse y a tomar algo con sus amigos se rompían muchas de las rígidas restricciones que imponía la sociedad decimonónica: enseñaban sus cuerpos, sudaban, eran felices.

Pero entre todos los seres flotantes que poblaban las piscinas del Moldava, el que más nos interesa es el hombre escuchimizado, irónico, temeroso y amante de la natación que la historia ha conocido como Franz Kafka.

Durante toda su vida, Kafka fue aficionado a los baños públicos. Con muy pocos años empezó a ir con su padre, el comerciante de telas Hermann Kafka, quien decidió enseñarle él mismo a nadar.

Antes de meterse en el agua, todo era vergüenza y humillación para el pequeño y decepcionante hijo de los Kafka —o al menos eso cuenta en su "Carta al padre", que Kafka le dedicó a su progenitor y cuyo contenido autobiográfico está más o menos aceptado—:

Y es que tu sola presencia física bastaba para anonadarme. Por ejemplo, recuerdo que muchas veces nos desnudábamos juntos en una caseta Yo, flaco, débil, poca cosa; tú fuerte, grande, ancho. Yo ni siquiera necesitaba salir de la caseta para sentirme un guiñapo, y no solo a tus ojos, sino a los del mundo entero, pues tú eras para mí la medida de todas las cosas.

A pesar de esta aparente inseguridad, Kafka pronto superó las "más bien moderadas" habilidades natatorias de Hermann y se hizo adicto a las piscinas.

Durante toda su vida, Kafka fue asiduo de diversos baños públicos: incluso enfermo de tuberculosis, renovó año tras año su abono de la escuela de natación Sophieninsel, y en todos los países que conoció lo primero que hizo fue buscar la piscina.

¿La razón?

Según explica el especialista Reiner Stach —que acaba de publicar una monumental biografía del autor checo en la editorial Acantilado—, buscar motivos para esta curiosa afición de Franz Kafka es entrar en la especulación psicológica y espiritual.

Sin embargo, precisamente uno de los mejores puntos de su biografía es que a pesar del riesgo metodológico que implica una aproximación de este tipo, Reiner Stach decide narrar la vida de Kafka tratando de unir las dimensiones horizontal (los hechos externos de su vida, el contexto de su época, etc.) y la vertical (la profundidad de su pensamiento, las razones que explican sus filias y sus fobias...).

Por eso, Reiner Stach es capaz de decirnos que a Franz Kafka le gustaba nadar porque dentro del agua no existe la gravedad.

O al menos, porque esta se atenúa. Los ruidos del exterior llegan filtrados por el hidrógeno, el óxigeno, el cloro.

Nadar es una experiencia arcaica, que apela a estructuras vivenciales extraordinariamente profundas y predominantemente inconscientes: un intenso, múltiple y aun así fácilmente alcanzable estado de excepción física y mental, comparable tan solo a la sexualidad [...]. Se puede nadar libremente , y es posible liberarse nadando.

2. Erizos, golems, felaciones y promesas rotas

Si algo ha distinguido a la obra de Franz Kafka, es su capacidad para reflejar —con humor y sordidez— las tensiones brutales a que sometía la sociedad burgesa de finales del siglo XIX a sus componentes.

L os relatos y novelas inacabadas que Kafka nos legó dan cuenta de un mundo en que la sombra opresiva del padre domina sobre todas las cosas. El narrador, retraído y tímido, no puede hacer sino describir lo que tiene de ridículo el mundo que lo rodea, y a la vez se lamenta por no ser capaz de verlo de otra manera.

En cierta manera, la natación se opone a esta realidad polarizada entre el matrimonio y la pornografía.

Cuatro veces estuvo prometido Franz Kafka, con tres mujeres diferentes: Felice Bauer (con quien estuvo a punto de casarse dos veces), Julie Wohryzek y Dora Diamant. Y cuatro veces rompió sus compromisos. En su diario escribió:

Soy espiritualmente incapaz de casarme. Desde el momento en que me comprometo, sufro insomnio, dolores de cabeza, me desespero, ni siquiera vivo y ando todo el día dando tumbos de un lado a otro.

Entre 1912 y 1914, Kafka vivió en palabras de Stach "dos fases creativas extraordinariamente fecundas". Este periodo se caracteriza por dos hechos: en primer lugar, entre estos años escribió el checo muchos de sus relatos y dos fragmentos de novela.

Fue entonces cuando se redactó el grueso de su correspondencia con Felice Bauer, "la más intensa y más importante como fuente entre todas las de Kafka".

La relación de Kafka con las mujeres con que se promete es habitualmente epistolar, y precisamente la decepción suele llegar cuando se encuentran. En su diario, Kafka escribía: "¿Qué has hecho con tu don del sexo? Fue un fracaso, al final eso es todo lo que van a decir".

El miedo y la vergüenza de Kafka hicieron su parte, sí. Pero también su progresivo desapego de la sociedad. El mismo distanciamiento que le permitió escribir sus gélidas humoradas —cuando leyó La metamorfosis a sus amigos, estos estallaban en carcajadas— condenó para siempre su ingreso en la sociedad burguesa que tanto quiso criticar.

Kafka tuvo serias dificultades para consumar sexualmente sus relaciones, pero fue un asiduo de diversos prostíbulos praguenses. En ellos también encontraba la carnalidad a que nunca supo acceder con sus amores verdaderos. Sus relaciones con prostitutas, no obstante, eran frías y descarnadas, y no le permitían penetrar en el "reino más profundo de la vida sexual".

En una carta a su amigo y albacea Max Brod, el autor de El proceso escribió:

Ayer, de pura soledad, me llevé a una prostituta a un hotel. Era demasiado vieja para seguir siendo melancólica. Y solo le apenaba que los hombres no fueran tan cariñosos con las prostitutas como lo son con sus amantes. Y no la consolé porque ella tampoco me consoló.

Precisamente la literatura de Franz Kafka surge de habitar esta tensión, con la parte de sufrimiento y de humor negro que conlleva. La vida y obra de Kafka puede explicarse —siempre tramposamente, como señala Reiner Stach en su prólogo— desde oposiciones como prostitución/matrimonio, soledad/sociedad, hijo/padre.

A pesar de todo, la cuestión sexual es especialmente funcional. Y despierta polémica, como demuestra el caso del escritor James Hawes. Hace unos años publicó una monografía llamada Excavating Kafka ('Excavando en Kafka'), en la cual mostraba algunas de las imágenes de porno hardcore que consumía el novelista checo.

Kafka estaba suscrito a una revista ilustrada que incluía fotografías de criaturas parecidas a erizos que hacían felaciones, golems que agarraban con sus garras pechos de mujeres desnudas o bebés que nacían de una espantosa herida en la pierna de su madre.

Aunque estas imágenes tienen un componente grotesco y estilizado, la consideración de que son porno está, en todo caso, bastante clara (igual que el hentai es porno, sin que ser anime le reste "pornicidad").

A muchos especialistas en Kafka, no obstante, les sentó fatal el "descubrimiento" de Hawes, y este fue crucificado en la prensa alemana.

Entre los que lo criticaron estuvo el propio Reiner Stach, aunque en cierta medida su biografía y el libro de James Hawes responden a intenciones similares: desmitificar la figura del autor de El castillo, hacerlo bajar de la altísima columna en que la crítica lo había subido, para que todos podamos tocarlo.

¿Qué Franz Kafka fue un putero degenerado al que le molaba el porno monstruoso? Sí, por supuesto. ¿Y qué?

También fue posiblemente el escritor más relevante del siglo XX, y la vinculación entre ambos hechos no es despreciable. Su sensibilidad, su increíble maestría técnica, su capacidad para diseccionarse a sí mismo y a la sociedad en que le tocó vivir no son puestas en cuestión; antes sucede al contrario.

3. Con la fuerza de un hermoso animal salvaje, reluciente por el agua

Mi primo era un hombre espléndido: cuando Robert, que tenía ya alrededor de cuarenta años, venía al atardecer [...] a la escuela de natación de Sophieninsel, se quitaba la ropa en dos tirones, saltaba al agua y se revolvía en ella con la fuerza de un hermoso animal salvaje, reluciente por el agua, con los ojos brillantes, y en seguida se había alejado en dirección a la presa... era espléndido. Y medio año después estaba muerto.

En este fragmento de una de sus cartas a Max Brod se encierra buena parte de la visión literaria de Kafka. El texto muestra la admiración por la libertad salvaje que permitía la natación, y muestra también la sorpresa por la desaparición del primo, que contaba 49 años cuando murió de una enfermedad del bazo.

Para Kafka, la liberación extrema y la muerte son incompatibles.

En 1922 una tuberculosis se llevó al escritor de "La metamorfosis" —significativamente causada por el consumo de leche sin pasteurizar, que Kafka empezó a beber debido a su progresiva conversión al naturismo.

Y sin embargo, en algún lugar de sus cuentos y novelas, Franz Kafka sigue nadando en las frías aguas del Moldava.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar