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Flavita Banana: "Si quiero que se me oiga más no voy a empezar a dibujar hombres"

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Flavita Banana publica Las Cosas del Querer, un libro hecho de contradicciones con el que al principio te ríes y que luego te hace plantearte qué estás haciendo con tu vida

silvia laboreo

15 Febrero 2017 17:55

Me va genial sin ti. Cuando estoy con alguien quiero estar sola. Y viceversa. Quiero beber como una mujer, pegar como una chica y llorar como un hombre. A veces quiero un abrazo pero no quiero ver a nadie.

Frases lapidarias que salen de la boca de un mismo personaje: una mujer de melena espesa, esbozada a trazos gruesos, en blanco y negro, con cicatrices y muchas contradicciones. Flavita Banana nace en la cabeza de la ilustradora Flavia Álvarez, una mujer joven que, con una mezcla de cinismo e idealismo, disecciona nuestros comportamientos humanos con precisión de cirujano. Y consigue que nos sintamos identificados (muy a nuestro pesar) con cada una de sus viñetas.

Ahora, acaba de publicar Las cosas del Querer (Lumen), un libro hecho de contradicciones con el que al principio te ríes un poquito. Luego la risa se vuelve más y más nerviosa. Y al final te quedas serio porque te das cuenta que estás ahí, metido hasta el fondo en algo que no querías.

Nos reunimos en Barcelona con su autora para charlar sobre el querer y el amor, las etiquetas y sobre por qué la tristeza es el ingrediente perfecto para sacar una carcajada.

La primera pregunta es obligada: ¿qué cambios se intuyen de la Flavita primigenia a la que aparece en su último libro? Flavia, que empezó a dibujar de niña y nunca paró, cree que ahora se limita menos a nivel temático. “Cuando ya sabes que gustas, te quitas la mochila y sabes que más o menos podrás hacer lo que quieras y estará aceptado”, opina. “Toco más temas, no tengo tanto miedo”, explica la ilustradora. Antes, tenía pánico a que los temas de pareja se identificaran de una manera autobiográfica, como si Flavita Banana fuera un diario un poco incoherente que leían miles de personas.

“Con el tiempo aprendí a darle forma a las vivencias, a sacar la esencia de mis referentes. Sería imposible dibujar, escribir o hablar sobre algo que no tengo ni idea. También hay vivencias que me han contado, frases curiosas, poéticas o que tienen una contradicción bonita”.

Precisamente de las contradicciones bonitas y de aquellas no tan bellas se nutre Las cosas del querer que, tras un título clickbait, esconde una verdad incómoda. “La trampa es que va del querer pero no del amor. De las cosas que se quieren y no se quieren”.

Porque aunque una de sus ilustraciones afirma que no quiere que todo tenga que dividirse en dos conceptos opuestos, Flavita no deja de posicionarse en un lado y otro de la pista de juego. Como un partido de tenis en el que no puedes dejar de mover la vista siguiendo la pelota. “En la vida real nunca digo me gusta o no, digo me encanta u odio. Yo misma me lanzo a estos opuestos”, bromea. “Lo que me molesta de las dicotomías es cuando son normativas, cuando la sociedad divide algo en dos conceptos opuestos para simplificar algo. Y así es cómo se matan muchas variables que podrían ser interesantes. Pero luego en la opinión sí, de un lado a otro”.

Entre estas dicotomías simplonas que le molestan a Flavia se encuentran aquellas encaminadas a dividir las artes en masculinas y femeninas. La molesta etiqueta “de humor femenino” que muchas editoriales han querido colgar a las autoras de cómic “con fines de venta, para asegurarse un mercado”.



Flavia propone un ejercicio: “coge 5 imágenes aleatorias de Flavita Banana . Sí, en todas salen mujeres. No, ninguna habla de cosas de mujeres. Todas hablan de conceptos universales: la muerte, la educación o el amor y ningún comportamiento pertenece a ninguno de los géneros. Todos hacemos de todo y no todo el tiempo”.

Aunque cree que este concepto poco a poco se va diluyendo, Flavita no va a dejar de luchar para que todas y todos se sientan identificados con sus viñetas. Con las mismas estrategias. “Si quiero que se me oiga más no voy a empezar a dibujar hombres. No voy a rendirme a decir que dibujo el personaje neutro de toda la vida, que es el hombre, y que a todo el mundo le gusta. Voy a seguir peleando para que se me deje de meter en el grupo de 'ilustración de mujeres', y lo haré dibujando mujeres”.

Cuando habla, Flavia muestra un optimismo que muchas veces cuesta encontrar en sus viñetas, cínicas y con ese poso de amargura que se intuye en tan solo una frase.



“Prefiero tocar los temas tristes. Si tocas el desamor tocas a todo el mundo. Estas enamorado es una situación presente pero estar desenamorado es algo continuo”, explica la ilustradora. “También hablo de las esclavitudes del día a día, las que te creas tu mismo. El 'ya que estamos, pues nos quedamos' que se puede aplicar a trabajos, relaciones...a todo”, opina. “Una actitud que crea hordas de personas infelices que un día lograron algo y, por orgullo, siguen allí”.

Por otro lado, “las personas que están en situaciones demasiado felices no escuchan, están de puta madre. ¿Para qué voy a hacer una viñeta sobre eso cuando la música es un arte que los alcanza mejor?”, se pregunta. “Imagina un libro sobre la felicidad absoluta....no puedo imaginármelo”.

Otra de las cosas con las que se mete Flavita es con la hipocresía. Hace un tiempo, la autora posteó esta fotografía en su cuenta de Instagram.



“A medida que iba teniendo más seguidores, me encontraba con comentarios que decían 'me encantas', 'te envidio mucho'. Así que decidí asumir mi responsabilidad en las redes sociales”, explica Flavia. “Las cuentas que muestran una vida de riqueza, cuerpos ideales y destinos paradisíacos tienen mucha responsabilidad. Hay gente que las ve y dice 'joder, y yo aquí trabajando en el polígono, tengo pelos en las tetas, no tengo novio pero sí una deuda de la hostia y mira a esta, no trabaja solo viaja, su novio le tira de la mano y tienen un rolex' ”, cuenta.

“Y la mayoría de veces no es verdad, crean una especie de submundo que ayuda a que la gente que no logra eso –todo el mundo – se hunda”. Por ello, Flavia empezó a postear fotos de su vida cotidiana. “A veces puedo decir con voz pequeñita que soy feliz aunque no tenga palmeras y Rolex. ¿Queréis seguir este modelo? Se hace así, con una cerveza en la barriga”, se ríe.

“Si yo lo que quiero es que la gente sea feliz, tonta de mí”.



¿Y qué pasará el día en el que Flavita crea en el amor?

Si algún día me enamoro mogollón, muy ñoñamente-caricias-en-el-sofá-sábado-por-la-tarde-pijama-moño-bizcocho, dos días después ya no estaré ahí. No podré. Creo en el amor a medida. Y el único tipo de relación que puedo mantener es una cambiante, sin pérdida de identidad. Un amor que no convierta 2 en una unidad. El día que esté 100% enamorada será en un formato que no luche contra las viñetas, que pueda coexistir y que no me vuelva ciega. Las viñetas se me ocurren viendo a gente en los bares. No quiero ponerme las gafas de corazones y dejar de ver eso”.

“Y si eso pasa, pues se acaba. Adiós. Me pongo ñoña y me voy a vivir al campo sin Internet. Hasta aquí fue, no compartáis sin mencionar pero me voy”, bromea.

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