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No es tan fiero el escritor como lo pintan las series

Desde 'Californication' hasta '13 Reasons Why', en las series de televisión se representa al escritor como alguien torturado e hipersensible pero... ¿qué hay de verdad en esto?

Todo el mundo quiere ser escritor.

Es un lugar común decir que son muchos los que quieren ser escritores, pero pocos quienes escriben . Nada más lejos de la realidad, como demuestran las abarratodas mesas de novedades de las librerías y las erupciones líricas que invaden súbitamente los cuerpos de diputados del PP, blogueras familiares o cantautores trasnochados.

A no ser que se demuestre lo contrario, todo el mundo anhela una parte del bohemio pastel de sensibilidad que garantiza la Escritura. Esta querencia —muchas veces fundada en el desconocimiento tanto de las técnicas literarias como de las circunstancias extrañas de quien escribe—, está muy relacionada con la representación del "Escritor" que se hace desde el mismo mundo artístico.

Por su capacidad para llegar a un público masivo, así como por la increíble frecuencia de escritores que presentan, destacan las series de televisión, que nos arrojan una y otra vez el estereotipo de autores inocentes, torturados e hipersensibles.

Desde que en la última temporada de Fargo apareció un personaje que escribe novelas de ciencia ficción hemos querido pararnos un momento y examinar estas famosas series y a sus poetas, guionistas, y novelistas de uno en uno .  

1. "Lo principal es que en la poesía tienes que decir la verdad"

Ya hemos hablado muchas veces de la serie de Netflix 13 razones, que ha constituido todo un referente para adultos y adolescentes a la hora de tratar temas como la violencia machista, el bullying o el suicidio en el ambiente escolar.

En uno de los capítulos, sin embargo, se narra lo que le pasa a Hannah cuando comienza a visitar un taller de poesía. Allí se encuentra con Ryan, que acaba publicando un poema anónimo de la protagonista en la revista escolar sin su consentimiento, y atenta así contra la "privacidad" de la adolescente.

En ese capítulo es posible oír frases como "la poesía tiene que decir la verdad", que no solo ignora uno de los principios de la literatura (aquel que habla de la distancia que separa a la representación de lo representado) sino que perpetúa una imagen naïf y peligrosa del poeta como alguien "herido", incapaz e inútil para la vida exterior.

Aunque a veces lleguemos a dudarlo —la mala lectura de algunos escritores románticos puede tener este efecto— no lo olvidemos: los poetas son humanos. Los hay hijosdeputa, fascistas, normcore, morrofino, estúpidos y... sí, también sensibles.

2. "Hacer una serie sobre un escritor atractivo para las mujeres y poderoso en el mundo es cumplir el deseo de cualquier escritor"

Esta frase la pronunció David Duchovny, el actor que hacía del decadente novelista Hank Moody en Californication, durante una entrevista en la reveló cómo su personaje era una fantasía del showrunner de la serie (y escritor), Tom Kapinos.

Hank Moody es, como delata su propio apellido ("moody" significa "de humor cambiante") un hombre difícil: alcohólico, extremadamente atractivo, millonario, misógino y enamoradizo.

Basado en el poeta y novelista Charles Bukowski —que no fue precisamente un tipo simpático—, Hank Moody es un buen personaje para guiar la multitud de tramas que pueblan Californication, pero su construcción también revela muchos de los vicios que tiene los escritores al pensarse a sí mismos.

La mayoría de los autores ficticios son hombres creados por hombres, que subliman en ellos sus deseos de dominación, de riqueza y de muerte.

En el caso de Californication, el estereotipo que nos propone Kapinos es problemático por dos aspectos: en primer lugar, porque hay muy muy pocos escritores que se hagan millonarios y famosos.

Y en segundo lugar, porque el malditismo de figuras como la de Hank Moody propaga una idea genial (una vez más, romántica o posrromántica) del "artista-como-conocedor-de-lo-sublime" que, sencillamente, acaba por exigir de quienes se someten a su fuerza un sacrificio mayor que la vida.

Marilyn Manson, que actuó en uno de los capítulos de Californication, afirmó que el showrunner de la serie le había confesado que al escribir el personaje de Hank Moody "estaba escribiendo sobre sí mismo, así que quería fusionar la imagen del escritor con la de la estrella de rock".

Suponiendo que Kapinos no es, además de guionista, una estrella del rock —aunque sí hace sus pinitos con la guitarra— podemos afirmar que, como temía Cernuda, la realidad y el deseo se superponen.

3. El novelista como conocedor del alma humana

PlayGround ha hablado con Daniel Monedero, en calidad de agente doble (ha trabajado como guionista en muchas series, entre ellas Siete vidas, y ha publicado un libro de relatos llamado Manual de jardinería), quien apunta que "no hay nada menos cinematográfico que un escritor".

Según Monedero, "un bailarín o un pintor tienen algo plástico, pero un escritor escribiendo es muy poco visual", y sería esto lo que llevaría en muchos casos a crear escritores artificiales, que ante el problema de la página en blanco "se van a vivir cosas por ahí para que los inspiren, que es algo que pasa poco en la realidad. Lo habitual es que la creación salga de dentro hacia fuera, por mucho que se nutra de las experiencias".

Al final, como afirma el cuentista vallisoletano, un escritor es una persona que se pasa muchas horas solo, reflexionando, por lo que muchas veces los guionistas acaban por crear autores poco verosímiles pero cinematográficos. Esto se puede comprobar en series como Bones o Castle, donde vemos a novelistas —y no de cualquier cosa, sino de best-sellers— metidos a detectives de homicidios.

Su relación con la literatura no aporta demasiado a la trama (de por sí exigua), excepto algunas notas de color, pero su condición de escritores les otorga una aura especial, un toque de elegancia que no se puede conseguir en vestuario ni en maquillaje.

¿Para qué caracterizar a un personaje si puedes utilizar el cliché del escritor?

En cierta medida, pareciera que escribir novelas les concede además ciertos poderes: tanto la antropóloga forense Temperance Brennan como Richard Castle poseen una capacidad para penetrar el alma humana y conocer sus designios muy superior a la de aquellos que no han sido rozados por el sobaco de la musa.

No es imposible que superstars de la literatura colaboren de forma asidua con las fuerzas de la ley: el caso de Graham Green, que fue detective de la agencia Pinkerton, o de Kathy Reichs, la novelista real que inspiró Bones, lo demuestra.

Pero representar al escritor de forma tan esquemática y gruesa, rasgo que estas series comparten con otras como Gossip Girl, comienza a resultar cargante.

4. Todos los escritores son buenos y escriben muy bien. Espera... ¿todos?

En las series de televisión, los escritores pueden tener sus defectillos, como Hank Moody, pero siempre resultan simpaticones. Para algo son las proyecciones de los guionistas, faltaría más.

No solo eso, sino que la inmesa mayoría de ellos son genios. Ya comprendidos, famosos y echados a perder; ya jóvenes a punto de triunfar en el excitante mundillo literario, todos ellos escriben obras maestras.

Espera... ¿todos?

Pues no, porque —aunque el ejemplo de autores acartonados y rígidos es muy común— hay algunas series que han decidido romper con estos personajes fáciles y problematizar las características, condiciones y actos del "escritor".

Se podrían mencionar muchas, y nos dejamos por el camino algunas como Akward, Jane the Virgin, Bored To Death o Los Soprano —Daniel Monedero hablaba, por ejemplo, del personaje de Ken Cosgrove en Mad Men, o del de Thomas Pynchon en Los Simpson—, pero hay tres cuyo ejemplo resulta especialmente significativo.

En primer lugar, Girls. Y más en concreto, el capítulo de su última temporada llamado "American Bitch", en el cual el personaje de Lena Dunham visita a un escritor de prestigio que ha sido acusado de abusar de su poder para tener relaciones sexuales con jóvenes universitarias.

(Spoiler: tienen una conversación muy entretenida, muy inteligente y muy compleja que dura casi todo el capítulo y durante la cual casi llegas a creerte que el novelista es un pobre hombre (¿lo es?). Después acaricia a Dunham con su pene tumescente).

En segundo lugar, Chewing Gum, en cuyas dos temporadas aparece de forma recurrente el personaje de Connor, novio de la protagonista, nini y poeta fallido.

Aunque todo el mundo le dice que debería dejar de escribir porque es malo, él sigue a lo suyo, que es escandir versos. Lo mejor de él es que no es un genio mortificado, sino un hombre normal que escribe poemas sobre las cosas que le importan. ¡Viva la dorada mediocridad!

Por último, cabe destacar la serie de animación Bojack Horseman, que retrata con gracia y lucidez el mundo hollywoodiense.

Entre sus locos personajes se encuentra Diane Nguyen, una escritora fantasma de origen vietnamita a la que le encargan escribir la biografía del protagonista, la estrella de la televisión Bojack Horseman.

Su carácter feminista, sus fallos, su autoconsciencia a menudo apabullante y su ternura hacen de Diane una escritora entrañable, real y reveladora. Su libro sobre Bojack tiene mucho éxito, pero no sabemos nada de su vida posterior, ni en ningún momento se sugiere que ha cambiado el paradigma de la no-ficción estadounidense.

Estas series nos dejan con la esperanza de que, poco a poco, los escritores de escritores serán capaces de realizar o controlar sus fantasías húmedas.  

O de que, al menos, sabrán de reírse de ellas.

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