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Escribir rápido, morir joven y dejar un bonito libro

7 escritores que murieron antes de los 27 pero cuyas obras son infinitas

Morir es un arte, dijo Sylvia Plath. Eres un buen momento para morirme, dejó escrito con 19 años Félix Francisco Casanova, el poeta guanche que, por estética, podría haber protagonizado una película de Eloy de la Iglesia.

La intensidad con la que vivió Casanova no tiene precedentes en la literatura castellana. Escribe rápido y muere joven. Empieza a escribir con 14 años y deja de escribir con 19. Asegura que “a veces eres como un entierro interminable” y funda una banda de música llamada OVNO (mierda en checo). Exprime la vida.

Aún mencey en su tierra, Casanova no ha caído en el olvido. El orgullo en Niveria se expresa a cada mención a nivel nacional. Y ahora su nombre suena con más fuerza no sólo en los medios insulares. La editorial Demipage publica un volumen con su obra completa: su única novela, El don de Vorace —escrita en 40 días—; todos sus poemarios; collages; fotografías de su álbum familiar; entrevistas; y textos inéditos.

La obra, sin embargo, no ofrece respuesta a los interrogantes que abrió con su muerte. Sólo él supo si mientras se duchaba e inhalaba gas metano pensaba en aquello que dejó escrito en su último verso (“Eres un buen momento para morirme”) o si, por el contrario, fue del revés y mientras lo escribía pensaba en la escena que tendría lugar tiempo después.

Sólo él supo si su muerte fue un suicidio o una tragedia involuntaria.

No ocurre así con Andrés Caicedo, de quien sí sabemos que se dio muerte a sí mismo.

A pesar de que el chileno Alberto Fuguet dejó escrito que “fue asesinado por García Márquez y la cultura imperante en esos tiempos” —entiéndase el sentido figurado de sus palabras—, el autor de ¡Que viva la música! dijo que vivir más de 25 años era absurdo.

Y fue esclavo de sus palabras hace poco más de 40 años.

No sin antes dejar como legado un puñado de escritos, una novela, el fomento del cine de ficción en Colombia, la creación de un grupo literario y la invención de una revista cinematográfica.

Escribe rápido y muere joven.

El paradigma absoluto de este mantra es Thomas Chatterton. Poeta prerromántico que fue dos personas al mismo tiempo: él mismo y Thomas Rowley, un poeta antiguo al que dio forma a través de toda una biografía apócrifa.

Chatterton, como cualquier rapero que sale de Compton, escribía por sacar a su madre y a su hermana de la pobreza. Huérfano de padre y expulsado del colegio con siete años por parecer imbécil, Chatterton se dedicó a la lectura con vehemencia y empezó a escribir versos con once años.

Vegetariano, con un extraño gusto para vestir y con amenazas de convertirse en mahometano. Así llegó a Londres con 16 años. Ya en la capital británica, Chatterton desechó la idea de seguir escribiendo sobre Rowley y se dedicó a la sátira en verso con el mismo éxito: las publicaciones en los periódicos de la época le estaban permitiendo mantener a su familia.

Hasta el 24 de agosto de 1770, cuando su cuerpo fue encontrado sin vida sobre el piso del altillo que alquilaba. Aún en 2017 hay un aura de misterio que rodea las causas de su muerte: en un primer momento se dijo que fue un suicidio, a día de hoy se cree que se debió a una sobredosis.

No existe ese debate con Mariano José de Larra, dandy en el Madrid más romántico, el posterior a la Guerra de Independencia.

Hace más de doscientos años una multitud se reunía en el cementerio madrileño del Norte —a pesar de que los suicidas eran enterrados fuera del recinto cristiano— y el pucelano Zorrilla leía una elegía que activaba los conductos lagrimales de los presentes.

larra

Estudiado en las facultades de periodismo de España, Larra se quitó la vida de un disparo en la sien (por un desengaño amoroso y por lo que le dolía España) siendo miembro del club de los 27, asi como uno de los articulistas más celebrados de la historia de España. Su condición de articulista célebre viene dada de la sátira en la crítica de la situación social y política del momento.

En el cómo de su muerte coinciden Larra y el mexicano Gerardo Arana.

Su cuerpo sin vida fue encontrado en abril de 2012 en su casa de Querétaro tras una sobredosis de medicamentos.

El poeta, novelista e ilustrador mexicano estaba empezando a ser reconocido por la crítica. Juan Villoro, Cristina Rivera Garza y Guadalupe Nettel le consideraban como uno de los mejores autores mexicanos menores de 40 años.

Arana deja una enorme y renovadora obra tras sus 25 años de paso por la Tierra. Siendo Meth Z, la segunda parte de una trilogía inacabada, uno de los libros más celebrados.

Arana vivió y murió por la literatura en el mismo año que moría Marina Keegan.

Con 22 años y después de un accidente de tráfico. Con 22 años.

De ella dijimos que “podría haber sido un personaje de Girls” como uno de esos “personajes secundarios con los que Lena Dunham podría haber compartido talleres de escritura durante su estancia en Iowa”.

No fue en Iowa, sino en Yale donde, tras graduarse, dijo: “Viviré para el amor, y lo demás vendrá rodado”.

Todo ese amor quedó plasmado en Lo opuesto de la soledad, una selección de 18 ensayos de ficción y no ficción que le había servido para ser elevada a la categoría de una-de-las-escritoras-con-más-futuro.

Una de las escritoras con más futuro —en España— también era Gata Cattana, la rapera cuya muerte sobrecogió por igual al mundo de la poesía y al del hip hop.

Incredulidad fue la palabra que vino a la mente de todos aquellos que la leyeron —y la leen— o la escucharon —y la escuchan—. Incredulidad por no querer asumir que una complicación cardiaca se puede llevar por delante a una persona a los 26 años. Con 'Banzai', el disco que estaba preparando, en la rampa de salida.

“Rapeadora de noche, poetisa de día y politóloga a ratos”, Cattana nos ha dejado unas canciones que le valieron el apelativo de salvadora del rap feminista, un poemario llamado La escala de Mohs y una sensación de vacío que tardará años —si es que llega— en llenarse.

“Vine de la tierra y a la tierra voy” es el tema de Juancho Marqués, El Hombreviento y Gata Cattana.

Venimos de la tierra y a la tierra vamos, sólo somos polvo en el viento, el tic tac dicta y tarde o temprano a todos nos llega la hora.

Pero a los shinigamis o quien coño sea que se encargue de llevarse ahí arriba a quien queremos un mínimo, que nos dejen un ratito más, que 27 años es muy poco tiempo.

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