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Así fueron los últimos (y enternecedores) meses de Oliver Sacks, según su novio

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The Guardian publica un adelanto de las memorias de Bill Hayes sobre su relación con Oliver Sacks

Xaime Martínez

27 Marzo 2017 12:54

A principios de 2015, la orina del neurólogo y escritor Oliver Sacks empezó a ser de un preocupante color negro.

"Como la Coca-Cola", diría Bill Hayes, fotógrafo y pareja de Sacks durante los últimos años de su vida.

A partir de entonces dio comienzo ese laberinto que todos tememos y adivinamos a partes iguales: escáners, biopsias, diagnósticos, equipos de oncología y finalmente, un pronóstico.

De 6 meses a un año.

Fue en ese momento cuando Oliver Sacks, según cuenta Bill Hayes en sus memorias Insomniac City: New York, Oliver, and Me, dijo que no estaba interesado "en prolongar la vida solo por prolongarla" y que no quería dedicar sus últimos días a un dolor terrible, sino ser capaz de "leer, escribir, pensar, nadar, estar con Billy, ver a sus amigos e incluso trabajar, si fuese posible".

La forma tierna y divertida en que Sacks afrontó la muerte es muy conocida: sus columnas en el New York Times y su autobiografía On the move constituyen un documento apasionante al respecto.

Sus palabras en el artículo en que anuncia al mundo que se está muriendo pasarán ya a la historia de los finales: "No fingiré que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado [...]. He sido un ser sensible, un animal pensante, en este hermoso planeta, y eso por sí mismo ya ha sido un enorme privilegio y una aventura".

Quizás por ello, entender sus últimos meses desde una perspectiva muy distinta puede resultar muy revelador y darnos acceso a otros muchos campos de interés.

En su libro, Bill Hayes narra algunos de los puntos más característicos de la relación: su primer encuentro con Sacks, cómo descubrió que el neurólogo era homosexual, el momento en que decidieron empezar una relación romántica a pesar de la diferencia de edad, la admiración intelectual que siempre sintió por el escritor, la forma en que Sacks lo ayudó a relacionarse con Nueva York, y cómo juntos afrontaron la llegada del "emperador de todos los males".

"Lo mejor que podemos hacer es escribir —inteligente, creativa, crítica, evocativamente— sobre cómo fue vivir en este mundo", le diría Sacks a Hayes pocos meses antes del final.

Y parece que el hombre que tanto lo quiso ha resuelto seguir su consejo.

(Vía The Guardian)


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