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Erri de Luca: «No recomiendo veinte años de vida obrera para luego ser poeta»

Poeta, novelista, mecánico, montañero, albañil, traductor de varios libros de la Biblia y experto en lengua hebrea... una entrevista con el polifacético Erri de Luca

En la literatura occidental, los símbolos funcionan de manera ascendente.

Me explico: una agujero en la tierra y un palo representan la fertilidad; un triángulo amarillo representa a Dios; dos palos de madera cruzados representan el sacrificio absoluto...

Es decir, los símbolos (inferiores) son dotados de valor por las ideas (superiores) representadas, y así una forma geométrica o un trozo de madera adquieren propiedades divinas.

Sin embargo, en la literatura del escritor napolitano Erri de Luca sucede al revés: sus retratos de las personas más oprimidas, débiles y marginadas de la sociedad nos hablan de nosotros mismos, de nuestras propias vivencias, pero no es nuestra vida la que otorga valor a sus relatos, sino al contrario.

Cuando Erri de Luca describe la odisea de un refugiado que llega a la costa de Sicilia a bordo de una patera, nos está diciendo "tu también puedes ser, como él, decisivo y valiente".

Se acaba de publicar en España Solo ida (Seix Barral), la poesía completa del autor italiano, y ya desde el título se plantea esta cuestión : el viaje con billete "solo de ida" que hacen los refugiados a través del Mediterráneo representa (y dota de significación) el viaje de nuestras vidas.

Sus poemas, moldeados a menudo según mitos bíblicos y clásicos, nunca temen dirigirse a las cuestiones verdaderamente espinosas: una mujer que se abre el vientre con un cuchillo para abortar a su hijo ("La desnaturalizada"), prisioneros de la Guerra de los Balcanes, donde él sirvió como conductor de un camión militar ("Para Ante Zemljar"); o "Relato de uno", donde se mete en el papel de un refugiado que acaba siendo recluido en un centro de internamiento de extranjeros en una isla italiana.

En la poesía de Erri de Luca política y estética se unen con toda naturalidad. De hecho, en su propia vida ambas actividades han sido un continuo inseparable. Con 18 o 19 años entró en el movimiento de izquierda radical Lotta Continua ('Lucha continua'), y a la vez comenzó a escribir sus textos (que no publicaría hasta veinte años después).

Hace unos meses, la vinculación de Erri de Luca a las reivindicaciones del Valle de Susa —donde la gente de la región reclamaba que no se hiciera pasar un Tren de Alta Velocidad por allí porque las obras extraerían el amianto del subsuelo haciendo la zona inhabitable y contaminando de forma irreversible el medio ambiente— le ganó un proceso judicial por incitar al sabotaje.

En la estela de intelectuales italianos como Pier Paolo Pasolini o Giacomo Feltrinelli, Erri de Luca ha construido una obra divertida, emocionante, útil y eficaz que le ha valido el reconocimiento como "El único escritor verdadero que ha dado el siglo XXI" según Corriere della Sera (y también un Bad Sex Award).

Lo que sigue es una conversación de PlayGround con el autor tras su paso por Barcelona:

Decía Gil de Biedma que la poesía requiere sensualidad, y que por eso es mayoritariamente escrita por adolescentes. Sin embargo, tú publicaste tu primer libro de poemas con 52 años y aun así tu obra tiene una clara carga erótica. ¿Se equivocaba Gil de Biedma?

Yo no creo que los viejos pierdan sensualidad. Pero la parte de inconscienca y de ignorancia que tiene la juventud ayuda a escribir poesía.

La poesía  de Sólo ida guarda una estrecha relación con la mitología bíblica, no solo porque tu conocimiento del hebreo te haya permitido traducir varios fragmentos de la Biblia, sino porque en poemas como “Para la niña” o “Variaciones sobre el Salmo 137” se emplean recursos y motivos del lenguaje biblíco. ¿Cuál es la función de este componente en tu literatura?

Mi escritura no tiene nada que ver con mi lectura. Cuando leo solo soy un feliz lector, no un aprendiz de escritor. Después, cuando escribo, no consigo reconocerme en ninguna influencia concreta de aquello que leo.

Pero cuando uno lee está frente a una fuente luminosa. Pero a veces la cara coge un poco de color. Y aquel que se acaba de poner moreno, no siempre se da cuenta de que lo está.

Igualmente, editaste tu primer libro —el volumen de cuentos Aquí no, ahora no— con 39 años, que es una edad relativamente avanzada para un escritor joven. ¿Cuál es la razón de esa incorporación tardía a la literatura?

Bueno, para empezar no me siento incorporado. Escribir libros no me inscribe en un club. De hecho, la primera publicación vino por casualidad. Yo no había enviado mis cuentos a ningún sello editorial. Fue por casualidad que me ofrecieron publicar mi primer libro y como vi que me pedían más páginas, yo seguí.

Muchos escritores vienen hoy del mundo de la universidad y de la escritura creativa. Sin embargo, tú trabajaste durante 20 años como albañil. ¿Deberían trabajar más los poetas? ¿Es necesario conocer trabajos de tipo manual para escribir buena poesía?

No puedo recomendar veinte años de vida obrera para luego convertirse en poeta. Yo lo he vivido, y te aseguro que no son unas buenas prácticas.

El año pasado, cuando surgió el caso del tren de alta velocidad del Valle de Susa, dijiste en una entrevista que Italia es el país más corrupto de Europa y su prensa, la menos libre. ¿Afecta esto también a la literatura italiana en general y a tu literatura en concreto?

No es mi opinión, sino un hecho comprobado que se debe a estudios internacionales. Lo que yo hacía era constatar esto. Lo que sucede hoy en Italia es que la prensa ya no es un órgano de información, sino la voz del consejo de administración del propietario del periódico.

El periodista no está al servicio del público: no debe su fidelidad a la noticia, sino al propietario de periódico. No es libre, como no es libre el operario que en la fábrica debe cumplir un volumen de producción.

Entonces, a través de esta pérdida de independencia de la prensa y de las redes sociales, ¿está surgiendo una nueva censura?

La censura en Italia consiste en esto: las voces no se escuchan, no ocupan un lugar. Esta es la censura.

Una lucha como la del Valle de Susa fue difamada constantemente, declarada una lucha de montañeses retrógrados que rechazaban el progreso. Lo único positivo de proceso fue, en mi opinión, que la voz de la región fue escuchada, y por aquello que son.

Es un ejemplo de cómo se rompe el muro de la difamación y de silencio. Se puede romper a través de pequeñas brechas, pero no es un muro que se derrumbe de pronto.

En esta ruptura, ¿tiene valor la palabra poética?

La palabra, poética o no. La palabra que implica responsabilidad en aquello que dice. La palabra no publicitaria, que no sirve para vender el producto de momento. La palabra que une lo que se dice y lo que se hace.

En eso consiste mi libertad: ser coherente con lo que digo y lo que hago. Desde este punto de vista, si me hubiesen condenado a prisión, eso no me habría negado la libertad sino que la habría subrayado.

Recientemente, parece que la poesía política o social es vista como algo del pasado. Sin embargo, tu obra está profundamente vinculada a lo político. ¿Puede surgir (o ya ha surgido) una nueva poesía preocupada por lo social?

La poesía durante el siglo XX fue muy política y dio voz a grandes cambios. Los poetas fueron encarcelados y asesinados por ello. Los poetas entonces estuvieron a la altura de su época.

Hoy no es un tiempo para poetas.

Casos como el de Giacomo Feltrinelli —el famoso editor, guerrillero y artillero amateur que en 1972 murió mientras ponía una bomba—, el novelista Rodolfo Walsh o el tuyo propio —con tu militancia durante los años 70 en Lotta Continua, el grupo de izquierda radical— son ahora muy infrecuentes.

El hecho de que fueras procesado el año pasado por incitar al boicot del Tren de Alta Velocidad es prueba de que la acción verdaderamente política entre los intelectuales está mal vista. ¿Se ha desactivado la izquierda cultural en las últimas décadas?

Lo que se ha desactivado completamente es la palabra revolución. Hoy es una palabra fuera de lugar.

Además, en nuestras democracias la izquierda ha abandonado el papel de defender al oprimido para defender el statu quo, para conservar lo existente. Por ello, no es una fuerza de progreso.

¿Tanto para la literatura como para la política?

Sí.

Una última pregunta: recientemente un fragmento de tu novela El día anterior a la felicidad fue galardonado con el Bad Sex Award, un premio que se concede a la escena sexual más bochornosa publicada este año. ¿Qué te parece el dictamen? ¿Se ha malinterpretado tu descripción?

Yo creo que es un premio divertido que esconde una cierta vergüenza que tienen los ingleses. Este premio solo se podría haber inventado en Inglaterra, donde les resulta embarazoso tocar temas sexuales.

A mí esa página, personalmente, me sigue gustando. Está escrita desde el punto de vista de un joven que viene trastornado por la energía amorosa femenina.

Yo más que Bad Sex diría Comic Sex: la escena pretendía ser cómica.

En cualquier caso, para mí el Bad Sex Award es sencillamente publicidad, así que les doy las gracias por eso.

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