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Emily Berry: "La muerte es como el mar, no se puede ver el fondo"

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Una entrevista con la poeta británica Emily Berry, que acaba de publicar 'Stranger, baby', un libro en el que explora las profundidades de la muerte

Xaime Martínez

02 Febrero 2017 23:33

Cuando alguien se muere, su cuerpo empieza a separarse de nosotros.

Porque los muertos toman un camino que, como decía Bash?, nadie puede recorrer salvo el crepúsculo.

Sin embargo, el arte insiste una y otra vez en intentar traerlos de vuelta. A pesar de que es imposible, a pesar de que el propio arte sabe que es imposible, y quizás en ello resida lo hermoso del intento.

En los últimos años, una nueva generación de poetas británicos ha comenzado a preocuparse por estas cuestiones. Tal vez porque están en el momento vital apropiado para ello o porque hay un interés genuino del público por la muerte, el luto y el duelo.

El impacto, por ejemplo, de El duelo es esa cosa con alas  —el primer libro de Max Porter, que se tambalea entre la novela y el poema y del que ya hablamos aquí y la reciente publicación de Stranger, baby (Faber & Faber) de la escritora londinense Emily Berry pueden dar cuenta de este fenómeno.

Emily Berry publicó su primer poemario, Dear Boy, en 2013. Desde entonces, ha ganado varios premios y es considerada una de las poetas más interesantes de su generación, en la que se encuentran otros escritores como Sam Riviere, Sophie Collins o Jack Underwood.

En Dear Boy Berry demostraba una gran maestría técnica que le permitía pasar de un humor negro surrealizante a un discurso amoroso sin perder el tono.

Poniéndose la máscara de distintos personajes más o menos extravagantes, Berry construía un libro a un tiempo divertido, amenazante y plural, muy plural.

Ahora Emily Berry acaba de publicar su segundo libro, Stranger, baby, en el que parece haber renunciado a la exhuberancia de voces y discursos que encontrábamos en su poesía anterior para abrazar una estética más cercana (en sus propósitos) a la de poetas estadounidenses como Sharon Olds. 

Centrándose en una experiencia traumática —la muerte de la madre cuando la voz poética entra en la adolescencia— en Stranger, baby encontramos una serie de poemas mucho más conectados entre sí.

En ellos es recurrente la imagen del mar: una masa incontrolable y desconocida, que puede dar a los pescadores el sustento pero también la muerte.

Y es que el nuevo poemario de Emily Berry es una exploración de las profundidades de la muerte. Cómo esta nos cambia, cómo podemos hablar con los muertos y cómo pueden los muertos comunicarse con nosotros.

Desde PlayGround hemos querido charlar de todas estas cuestiones y de algunas más con la poeta, junto quien hemos buceado para tratar de rescatar (aunque sea imposible) algunos de los restos que descansan en el fondo marino.

Dado que Stranger, baby es un libro sobre el duelo, y el anterior estaba dedicado en buena medida a la distancia, a la separación, ¿dirías que el dolor es necesario para escribir (buena) poesía?

Para mí probablemente sea así. La mayoría de mi trabajo surge de experiencias emocionalmente difíciles. Para mí es como intentar traer una sustancia o un objeto del pasado, pero no es el caso de todo el mundo. Hay gente que tiene una relación más intelectual con la poesía, pero en mi trabajo habitualmente existe un impulso emocional (que puede proceder también de una emoción positiva). En cualquier caso, lo más que común es que esta experiencia sea dolorosa.

¿Tienes miedo de que el público reciba el libro [que se publica esta semana en Reino Unido] como una especie de autobiografía-confesional-herida en lugar de como pura poesía?

Desde luego. Creo que “autobiografía” es un nombre tramposo en lo que se refiere a poesía. Y quizá en todos los sentidos. Porque en cuanto algo cae dentro del lenguaje artístico se convierte en otra cosa. Fueron emociones verdaderas y cosas que me pasaron las que liberaron estos poemas, pero no sé si el lector debería seguir el camino de vuelta hasta mí. Parece que eso vence al poema, y el poema tiene que ser para el lector la respuesta para algo más grande que el yo, algo que ellos pueden reconocer en mí.

Pero sí, me resulta incómoda la naturaleza personal del libro, y eso está sin resolver.

¿Es la poesía una manera de hablar con los muertos? ¿O es más bien una manera de hablar con nosotros mismos?

Mientras escribía el libro sí que empecé a tener la sensación de que había algo de “hablar con los muertos” en el proceso. Y eso es muy interesate, es algo en lo que yo ya había pensado con anterioridad, porque cuando estaba escribiendo Stranger, baby también estaba leyendo otra poesía, textos críticos y psicológicos sobre el duelo, crítica literaria sobre la elegía…

Hay algo en la forma en la que pensamos la muerte y el luto que tiene que ver con esta idea de hablar con los muertos. Muchos escritores parecen usar la poesía sobre el duelo para comunicarse de alguna manera con la persona muerta, pero en realidad todos los poemas están repletos de mensajes a otras personas vivas o muertas. Y de hecho, quizás no sea necesario ni que los poemas estén destinados a una persona en concreto, pueden ser comunicación, en general.

El libro tiene algunos puntos en común con el debut de Max Porter, El duelo es esa cosa con alas: la muerte temprana de un padre, el característico uso de símbolos (como el cuervo o el mar), etc. ¿Es una casualidad o es una característica generacional?

Creo que leí el libro de Max una vez que el mío ya estaba escrito, o cuando estaba finalizándolo. Y aunque me encantó, pienso que son libros bastante diferentes.

De cualquier forma, sí que son parte claramente de un momento cultural en que las historias acerca del duelo y la muerte son muy populares. No sé si es que se escriben más o que sencillamente las que se escriben adquieren más relevancia. Parece que la gente está ansiosa por leer cosas sobre el tema, lo cual es raro teniendo en cuenta que suelen ser libros muy tristes. Pero esto quizá revele alguna necesidad.

No sé lo que esto dice de la sociedad actual. Estamos en una situación social en la que la muerte es un tabú y por ello establecer relaciones con la gente que está pasando por un duelo es difícil. No todo el mundo se siente comodo con ello, y quizás aquí tengamos la razón: hay una necesidad de relacionarte con otra gente que ha vivido lo mismo que tú.

Y claro, todo el mundo ha estado afligido en algún punto de sus vidas o lo va a estar, así que es una cosa universal.

¿Por qué decidiste utilizar el mar como símbolo para hablar de la muerte y el duelo?

No fue una elección consciente. Creo recordar que el primer poema que escribí para el libro, “Picnic”, lo comenzé a redactar mientras viajaba a Margate. Allí hay una galería de arte. Como no había comprobado los horarios con anterioridad, cuando llegué allí el sitio estaba cerrado.

Pero la cafetería no, así que me senté y pasé varias horas solamente mirando al mar. Era un día bastante gris. Y desde entonces el mar empezó a aparecer en mis poemas, como una cosa elemental, tan grande, tan cambiante, me parecía una gran metáfora para esas emociones que no puedes manejar.

Además, prácticamente no tiene fondo, nunca puedes llegar al fondo del mar. Bueno, los buceadores pueden pero tú no, así que ¿qué hay ahí abajo? Hay algo en la muerte que es muy similar, nunca puedes llegar hasta el fondo. La gente muere y de pronto desaparecen, ¿dónde están?

En un texto de tu primer libro, “Bad New Gobernment”, te refieres al propio poema como tu primer poema político. ¿También era el último?

Pues no paro de darle vueltas y probablemente lo sea. Es divertido que ese poema ha tenido una vida más larga de lo que esperaba, porque lo escribí cuando la coalición [el primer gobierno de Cameron] llegó al poder en 2010, pero esa era una situación muy suave comparada con la que estamos viviendo ahora, tanto aquí como en el resto del mundo.

Así que en cierta medida, cuando tuvimos nuestras útlimas elecciones y luego con todo el asunto de Trump, el poema tuvo algo de éxito y fue muy retuiteado, lo que es gratificante, pero también me preocupa. El poema es muy suave, no contiene suficiente ira teniendo en cuenta lo que está pasando.

Yo no lo pensé como un poema político y no tengo previsto escribir ningún otro próximamente, pero es impredecible. De hecho, me parece bastante improbable escribir ningún poema por mucho tiempo.

¿Y crees que esta situación política está afectando (o debería afectar) a la poesía?

Sea lo que sea de lo que está escribiendo la gente, estará insertado en una cultura concreta, en un momento histórico, y eso se acaba filtrando en lo que escribe. Creo que todos mis poemas tienen un contenido político subyacente, incluso si tratan sobre cosas personales. La gente no “debería” escribir sobre ciertas cosas, porque no hay obligaciones en la literatura. Pero en todo caso este momento político se acabará filtrando.

¿De qué manera?

Posiblemente en la forma de indignación. Hay mucha indignación en el mundo que va a alcanzar lo que se está escribiendo ahora (por temas tocantes a libertades, identidad, género, raza…). Mucha gente escribirá poemas políticos por ello.

Tú eres muy activa en redes sociales como Twitter. ¿Ha cambiado esto a tu poesía?

Sí. En dos sentidos: por un lado, Twitter me ha ayudado mucho a conocer nuevos poetas y poemas, a saber qué esta pasando tanto local como internacionalmente. De hecho, supongo que no estaríamos teniendo esta conversación si no fuera por las redes sociales. En ese sentido, ha sido inestimable.

Por otro lado, también ha afectado a mi manera de escribir, porque algo de la concisión de los tuits entrena tu mente, y ese tipo de concisión es necesaria cuando escribes un poema. Y realmente, me gustan esas restricciones cuando escribes algo. Pero ahora no uso Twitter tanto como lo hice en un momento. Lo encuentro muy deprimente, es todo política y gente diciéndose cosas tristes los unos a los otros.

¿Y han afectado las redes a la poesía en general? Estoy pensando en fenómenos como el de Rupi Kaur en Canadá o los poetas de Twitter en España.

Sí, definitivamente creo que ha afectado a la popularidad de la poesía. Ahora se puede propagar con mucha mayor facilidad y alguna gente joven, que no habría llegado a la poesía de otra manera, ha encontrado un espacio para ellos en ese mundo.

En Reino Unido hay bastante distancia entre una generación mayor, de poetas más tradicionales y ligeramente conservadores, y una generación menor que tiene un punto de vista más flexible. También es verdad que los más jovenes tienen cierta tendencia a enviar rápido las cosas, y eso hace que todo sea más efímero. No siempre, pero aún así…

¿Y en qué generación de esas dos encajarías tú?

En algún lugar entre ellas. Más cerca de los jóvenes. Pero cuando yo estaba empezando a escribir poesía las redes sociales no eran los cimientos de todo, es decir, Facebook empezó a hacerse muy conocido cuando yo tenía como 26 años. Así que todo sucedió cuando yo ya me encontraba a medio camino. Si has estado en las redes desde el principio sí que debe de haber una diferencia, si tu manera de entender la poesía pasa por compartir tu trabajo cuando todavía es un borrador (que es algo que yo no he hecho, pero que mucha gente sí hace).

Además, hay una respuesta instantánea a las cosas. Al minuto de subir algo ya puedes ver si a la gente le gusta, cuando en el viejo sistema escribías un poema y no saldría en una revista hasta seis meses o un año después, y luego, tras pasar tal vez otro año, podrías oír algún comentario de las pocas personas que leyeron la revista.

Así que las cosas son bastante diferentes y no sé si eso es bueno siempre. Tener la respuesta instatánea evidentemente cambia las cosas. Algunas veces piensas que algo no es bueno porque no recibe la respuesta adecuada, pero puede haber otras razones para ello. Igualmente, algo puede parecerte que está muy bien solo por tocar algunas teclas…

Y una última pregunta, ¿qué poetas jóvenes recomendarías a PlayGround?

De mis compañeros de generación, bueno, hay muchos de ellos que son mis amigos, pero recomendaría a Jack Underwood, Sophie Collins, Sam Riviere, Malaika Booker, Warsan Shire, Kate Kilalea, Heather Phillipson… Seguro que me dejo a muchos.

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