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Christine Angot: “El amor humaniza las relaciones, la esclavitud las deshonora”

Una conversación entre Christine Angot y Patricia de Souza sobre literatura, relaciones amorosas complicadas y feminismo

Brutal podría ser una palabra para definir su obra. Complicada, también. Pero lo cierto es que ambos adjetivos deberían ir siempre unidos a la descripción de la personalidad de esta escritora. Christine Angot es una de las narradoras más polémicas del panorama francés. Hace unos meses publicó en España su libro Un amor imposible (Anagrama), novela que la crítica Patricia de Souza leyó y analizó después de tratar de comunicarse incansablemente con su escurridiza —otro adjetivo válido y necesario en el universo Angot— autora. Pero al final, como caídas del cielo, las palabras de Angot llegaron y entonces Patricia de Souza transcribió su sencilla pero brutal, y complicada, y escurridiza conversación para PlayGround:

PS: Dices, “hay que terminar con el reino del padre”, terminar con esa dominación y hablas de tu madre, a quien quieres dedicarle un libro, ¿es un desafío, un deseo, o un libro en curso?

CA: No digo “que hay” sino que ese reino se terminó, es así. No es un comentario, es algo que observo. He querido hacer un libro sobre el amor que tenemos por una madre, y para eso, para ir más lejos que una frase escrita rápidamente o un sentimiento expresado a toda velocidad, he debido buscar y confrontarme con el amor que yo  misma siento por mi propia madre desde el comienzo, el inicio verdadero, y cómo ha ido evolucionando o lo que observaba sobre ese sentimiento sentido de otras manera por  personas a mi alrededor. Encontrar puntos de contacto para diseñar algo que es verdad para todo el  mundo.

Todo en ti tiene que ver con la  escritura, así dices que escribes de lo que “eres” y no de lo que “piensas”. Es una sensación extraña, como si hicieras “paratextos” (mensajes dentro del texto), meta-literatura al mismo tiempo que literatura, ¿te has dado cuenta?

Es el mismo proceso literario el que funciona así, para poder expresar la verdad de los sentimientos, la verdad de la vida, en realidad. Hay que desechar lo que pertenece al orden del comentario personal, ya que la mayor parte de las veces está impregnado del discurso del momento.

Lo “real”, parece escurridizo, de ahí que tú no seas tus personajes aunque estés en ellos, es muy laberíntico como proceso. ¿Hasta qué punto podemos escribir sin perdernos en el mismo proceso?

Sí, la particularidad de los “real” es que es escurridizo y por eso muy difícil de describir. Describirlo tal y como es. Tú hablas de laberinto, yo hablo de niebla, aunque en el fondo sean la misma cosa. En ambos casos es difícil ubicarse, y es la razón por la cual es un trabajo tan difícil escribir. 

Como una de las escritoras más relevantes de tu generación, la más mediática de alguna forma, la crítica se divide en dos rangos: los que adoran a CA y los que la detestan y la agreden. ¿Cómo digieres ese ambiente misógino, parisino, has llegado a ignorar las críticas negativas?

No he querido analizarlo. He seguido haciendo lo que sé hacer.

En tu libro “Una semana de vacaciones”, recuperas el tema de tu primer libro, el incesto, un tema que tratas de iluminar a partir de una mirada que prescinde de la moral, ¿crees que ese tema podría volver a aparecer?

Un ser humano puede estar confrontado a un ataque de su status como humano. En todos mis libros, ese el tema. Ese ataque puede venir del incesto, de la esclavitud, o del encuentro con alguien que ejerce su poder sobre ti. En cada caso la situación es concreta, los personajes singulares, únicos, los eventos precisos, pero la lógica es siempre la misma. Y existe un conflicto violento entre el amor, que humaniza las relaciones, y la esclavitud que las deshonora. En “Una semana de vacaciones”, un hombre ejerce su poder sobre una joven, parece que se trata de su hija, ya que le pide que lo llame “papá”. El lector está en la cabeza de la joven mujer. En el interior de sus sistema sensible. La moral existe y la conocemos. No es útil en el libro, lo que hay que mostrar es lo sentido por el personaje, de manera única.

El uso del idioma es también un tema que te distingue de otras escritoras y escritores franceses. La historia está ligada a la musicalidad, a la prosodia, ¿tienes conciencia de eso, cómo crees que se transforma la novela  que se vive a través de un sujeto inmerso en redes, dispositivos, etc?

Hay que estar atenta a la musicalidad, no hay que “hacer frases” musicales. Lo que cuenta es el contacto entre el personaje y el lector.  Ese contacto se hace a través del conocimiento que el lector tiene de la realidad y el reconocimiento que hace a través del lenguaje del libro. Se trata de poner en relación la musicalidad natural de las frases y el desorden de la realidad. 

Varias veces has dicho que la “autoficción no es tu tema”, que se trata de escritura, en  sentido durasiano del término.  ¿Qué uso le atribuyes a la primera persona del singular, justamente, qué subjetividad te sirve para escribir?

Si quieres, puedo decir que se trata de autoficción. Poco me importa en el fondo.

Existen varias autoras que escriben en primera persona, Annie Ernaux, entre otras, ¿encuentras puntos en común con ella, la sociología de los personajes, por ejemplo. Pienso en “Le marché des amants”, o en “Un amor imposible”, que se acaba de publicar en España?. En el primero hablas de una relación amorosa entre un cantante negro de rapp y una mujer blanca que escribe, en el segundo el vínculo social y afectivo  de una mujer abandonada con su hija, un amor imposible. Son fracturas sociales, afectivas, conflicto de identidades.

De un autor a otro, son las diferencias las que interesan. Cada uno escribe según su ángulo de visión y obtiene una descripción de la realidad distinta de quien está en otro perspectiva. En Annie Ernaux los aspectos sociológicos y la determinación social, parecen regir la sensibilidad de los personajes. En mí, lo social solo regula los comportamientos, no afecta la sensibilidad de mis personajes, lo íntimo. Diría más bien que hay un conflicto entre los dos.

¿Cómo ves el momento literario en Francia, es cierto que se “americaniza” como dicen algunos críticos?

No lo sé, no lo creo. No.

¿Qué piensas de la frase de Madame de Stael: “las mujeres son las parias de la literatura? ¿Tiene sentido en la actualidad o no existe tal marginalidad?

Claro que las mujeres son un poco parias, sí, no se les pide su opinión en nada. Pero es desde ahí justamente que se puede construir una gran libertad. No te piden tu opinión y otorgarte ese derecho es formidable. Sin moldearse a imagen del poder, sin imitarlo.

¿Crees que la literatura es una forma de hacer política?

Puede serlo sí. Aunque hay que deshacerse de la opinión, del comentario, del discurso, y encontrar un lenguaje más verdadero que esos.

Como madre de una joven, ¿la maternidad y la escritura siempre te han sido compatibles?

Claro que sí, ¿por qué no? Son dos cosas tan distintas. Los libros no son personas.

Dar nacimiento a un libro, dar nacimiento a una persona no tienen nada en común. Soy enteramente responsable de mis libros, pero no soy responsable de la persona, ella es libre, ella es ella. Una persona no es un personaje.

Para terminar, en una conferencia dada en NY, dices que debes dedicar un libro a  tu madre, que tiene más de 80 años,  ¿por qué?

Dije justamente que debía escribir no “sobre”, como si fuese un objeto sobre le cual yo tuviera una dominación , como su estuviese por encima de él y que lo mirase como a un objeto. Por encima, no es la posición que busco cuando escribo. No busco únicamente la observación sino el vínculo, la relación que permite la identificación y la proyección del lector en el interior del libro.

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