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Emmanuel Macron: ¿presidente filósofo o intelectual de barra de bar?

No sabemos NADA de Emmanuel Macron, y menos de su dudosa formación filosófica

Que Emmanuel Macron posee un gran poder de seducción resulta, a día de hoy, algo innegable.

Solamente su incontrolable charme puede explicar que una persona tan joven lograse acceder como un relámpago al ministerio de Economía de Hollande —aunque que, según el libro Les Macron, él mismo admitió que no acabó de entender muy bien el funcionamiento de la banca— y que ahora intelectuales de todo el mundo se vean fascinados, a su pesar, por su retórica fulgurante y por su arriesgada falta de riesgo.

Parte de este éxito proviene, sí, de una capacidad para jugar sucio si la situación lo requiere, como demuesta el caso de la adquisición del diario Le Monde, así como del acceso a unos recursos que le permiten multiplicar el alcance de sus seductores tentáculos (los famosos 120.000€ de cenas privadas), pero también de una muy inteligente construcción de su propio personaje.

Técnico y romántico, banquero y poeta, Macron se ha vendido a sí mismo como una especie de Steve Jobs de la política francesa, poniendo una y otra vez el foco en su esforzada formación filosófica: según se lee en muchos perfiles del futuro presidente, Macron se licenció en Filosofía, fue asistente del existencialista Paul Ricoeur, su tesis sobre Maquiavelo y Hegel la dirigió el pensador marxista Etienne Balibar, forma parte del comité de redacción de la revista filosófica Esprit y un largo etcétera.

Pero escuchando sus discursos, que suelen ser vagos y poco comprometedores, y observando su programa ideológico es razonable preguntarse qué hay bajo esta capa de encanto filosófico: ¿es Macron un gobernante-filósofo como los que deseaba Platón para su República, o un Hollande 2.0 que sabe tocar las teclas de la sociedad que pronto comenzará a liderar?

Los libros que lee Emmanuel Macron, revelados por el periódico Actualitté, no nos dicen demasiado de su trasfondo filosófico: tiene libros de grandes sellos editoriales (Gallimard, le Seuil o Fayard), entre los que se cuentan novelas con mucho éxito en su época — Ce qui reste de nos vies, de Zeruya Shalev—, ensayos sobre historia política (Alain Frerejean) y libros de economía neoliberal.

Por el lado más puramente universitario, han surgido algunos críticos que descreen de las conexiones filosóficas de Macron. Según pensadores como Michel Onfray o Myriam Revault d'Allonnes, miembra del Fonds Ricoeur, se ha exagerado mucho la relación del presidente electo con Ricoeur: no fue su "asistente" —eso habría implicado que habría dado clases junto a él— sino únicamente su "asistente bibliográfico" para el último libro del filósofo, es decir, la persona que se ocupaba de buscarle las citas, comprobar las fuentes y demás.

Por otra parte, muchos dudan de la existencia de esa tesis sobre Maquiavelo y Hegel, como señala también Michel Onfray : "Dijo que hizo una tesis con Etienne Balibar, pero parece que Balibar no se acuerda de nada". Según cuenta Enric González en El Mundo, esa tesis directamente "nunca existió".

Es cierto que no todo el mundo en el ambiente cultural reniega de Macron: sus compañeros de redacción en Esprit, y especialmente su ex-director, Olivier Mongin —este sí, alumno de Ricoeur—, han alabado su "incontestable solidez filosófica".

En todo caso, hasta que Macron escriba un texto que podamos considerar —sus 6 artículos en Esprit no son de acceso libre, pero Enric González los ha calificado de "abundantes en tópicos"—, su relación con el mundo del pensamiento permanecerá en la oscuridad.

Son tantas las cosas que desconocemos de Emmanuel Macron que es posible compararlo como un agujero negro: no es posible ver qué hay al otro lado, pero su gravedad resulta irresistible. ¿Después de atravesarlo encontraremos la desintegración o la utopía platónica?

Pronto lo sabremos.

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