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Emma Ríos: "La metanarrativa es porno para mí"

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La dibujante Emma Ríos publica, junto a Kelly Sue DeConnick, el cómic ‘Bella Muerte II’

víctor parkas

30 Diciembre 2016 06:00

“Una gata acababa de dar a luz en la urbanización donde vivían mis padres”, recuerda Emma, “y esos chavales cogieron a una de las crías, se pusieron a jugar con ella y, vamos, la rompieron. La llevamos al veterinario, le hicieron las curas que pudieron, y nos la dieron para que la cuidásemos en casa. Al poco, el gato se nos murió entre espasmos. Sí: supongo que ésa fue mi primera experiencia con la muerte”.

En el primer número de Bella Muerte, ya en la segunda página, una niña pequeña le revienta la cabeza de un disparo a un conejo blanco. Ese conejo, se convertirá en el narrador de la serie. La niña, hija directa de la muerte, en una de sus protagonistas.

Al hacerlo, Emma Ríos, la dibujante del conjunto, quizás consiguió exorcizar fantasmas del pasado.

Y, de paso, vender 60.000 ejemplares de su tebeo.



“Se creó un montón de hype cuando salió el primer número de Bella Muerte y, aunque lo publicó una editorial independiente, terminamos vendiendo lo mismo que Spider-Man”, me cuenta Emma, todavía sorprendida. “En esa época, yo me había ido de Marvel —en la que hacía trabajos de encargo— para probar a dibujar cosas de creación propia. Pensaba que, en cuestión de meses, y tras mi aventura indie, tendría que volver a Marvel”. 

Pero no. Lo que logró fue otra cosa. 60.000 ejemplares y cuatro nominaciones a los Premios Eisner, los Oscar del mundo del cómic.

“Que me nominasen como ‘mejor portadista’ fue delirante. ¡Si en Marvel no me dejaban hacer ninguna portada! Después de la nominación, claro, me lo ofrecían todo”, asegura. “Pero, para entonces, Bella Muerte me había dado una estabilidad económica con la que ya no era necesario trabajar por encargo. Estoy en un punto en el que puedo publicar cualquier mierda que se me ocurra”.


Se creó un montón de hype cuando salió el primer número de Bella Muerte y, aunque lo publicó una editorial independiente, terminamos vendiendo lo mismo que Spider-Man


De este feedback eufórico, y tras un reposo de dos años, llega Bella Muerte II, la continuación de Bella Muerte con la que Emma Ríos (dibujo), Kelly Sue DeConnick (guión) y Jordie Bellaire (color) recuperan los evocadores y fascinantes personajes que creasen en el primer arco de la serie: niñas vestidas de buitre que son dueñas de los dominios de la muerte; mujeres en cuyo interior solo hay mariposas; samurais ciegos a los que -previsiblemente- todo les sale mal.

Sí, la serie ya ha sido aclamada como el nuevo Sandman.



“Lo mejor de trabajar con personajes propios es que puedes hacer lo que quieras, incluso matarlos”, afirma Emma. “En una franquicia como Spider-Man, aunque es súper divertido dibujarlo, los cambios que puedes realizar sobre el personaje son anecdóticos, y su continuidad sabes que será infinita”, añade. “Eso me fastidia un poco. Las cosas tienen que terminar”.

Además de tener un fin, las cosas en Bella Muerte también están obligadas a mutar. Si el primer arco era un spaghetti-western al estilo Sergio Leone, para este segundo volumen de la serie, Ríos y sus compañeras decidieron trasladar la acción hasta la I Guerra Mundial.

“Me preocupaba muchísimo que cayésemos en el tópico militar del heroísmo”, dice, en este sentido. “Yo soy profundamente antimilitarista, y todo ese rollo del valor y el sacrificio asociados a la guerra me da bastante grima”, continúa. “Así que lo que hizo Kelly Sue DeConnick, la guionista, fue tratar la historia bélica no desde las bondades del valor, sino desde las bondades del miedo. Ese enfoque me pareció flipante. Aunque, en realidad, Kelly y yo nos estamos flipando la una a otra todo el tiempo”, añade.

“Colaborar con ella hace que me explote la cabeza”, dice Emma sobre DeConnick, que también fue nominada al Eisner por Bella Muerte. “Kelly nunca me manda guiones al uso, y cada página acaba surgiendo de un diálogo constante entre las dos. Cuando trabajas tan estrechamente con alguien, da igual que dibujes, que escribas, o que te estés mandando mails para preparar cada número: lo único que quieres es sorprender a la otra persona”.

“Es como mandar cartas de amor; una relación súper-intensa”.



Esta absoluta simbiosis traspasa las páginas del cómic. En Bella Muerte II no hay gesticulaciones exageradas ni voces en off. Aún así, los sentimientos de cada personaje son, en todo momento, completamente diáfanos. “Para mí es muy importante crear atmósfera y que, más allá de leerte rápido los diálogos, puedas hacer una doble lectura con mis dibujos”.

“Me encanta cambiar el sistema de viñetas o meter una triple acción en la misma página; descomprimirla por completo”, afirma Emma sobre los aspectos formales de su trabajo. “La metanarrativa es porno para mí. En el tercer volumen, cuando llevemos la historia a los inicios de Hollywood, habrá mucho de eso”.

Y aunque en el futuro Bella Muerte se traslade a la meca del cine comercial americano, sus autoras no parecen dispuestas a dejar de lado la esencia chambara de la serie, su aroma a cine de samurais.

“Me encanta Akira Kurosawa y el cine japonés”, reconoce Emma. “De hecho, Bella Muerte surge de una conversación que tuve con Kelly sobre Meiko Kaji, la actriz de los setenta que protagonizó Lady Snowblood. La hija de la muerte en nuestro cómic está directamente inspirada en ella”, admite. “Aunque la gente quiera compararla con Sandman o Predicador, nuestra serie tiene más que ver con Lone Wolf and Cub de Goseki Kojima que con cualquier cómic americano”.



Emma me habla de lo mucho que le ha influenciado el manga de los 80, de su pasión por los duelos de espadas y por la esgrima, de lo harta que estaba cuando, dos años atrás, en las entrevistas únicamente le preguntaban por su género. “Siete de cada diez preguntas eran del tipo: ¿Cómo es dibujar cómics de superhéroes siendo mujer? Acabas muy quemada”.

“Una pregunta puntual de ese tipo puede ayudarte a dar tu perspectiva, pero hay que ir con cuidado, porque otras veces lo único que se pretende es convertir la entrevista —o la mesa redonda, o la convención— es un zoo antropológico súper demencial”, lamenta. “A Bella Muerte se le puso la etiqueta de 'feminista'. Pero, joder, es que el cómic lo hemos hecho Kelly, Jordie y yo. Es normal que lo sea”.


A Bella Muerte se le puso la etiqueta de 'feminista'. Pero, joder, es que el cómic lo hemos hecho Kelly, Jordie y yo. Es normal que lo sea


Aunque Bella Muerte II no tenga, insiste Ríos, “una agenda política”, sí que podemos encontrar trabajos abiertamente comprometidos entre su producción reciente. “Ya que la serie trataba los cambios de cuerpo, en I.D. introduje un personaje transexual”, recuerda. “Aunque yo soy cis, estoy cansada de utilizar siempre personajes con las mismas identidades sexuales”.

“Estaba muy nerviosa cuando salió I.D. por lo político que era, temía haber metido la pata. Pero una de las cosas más importantes para mí fue verlo reseñado en páginas LGTB y que, tras su publicación, me escribiesen lectores trans dándome las gracias por haberme acercado a la transexualidad de forma tan natural”, dice. “Eso me conmovió mucho”.



Con un pasado así, el futuro no puede ser otra cosa que brillante. Emma, al terminar nuestra llamada, seguirá trabajando en Mirror, un cómic del que firma el guión, mientras la artista malaya Hwei Lim se ocupa de los lápices. Probablemente más tarde también mande un mail a Brandom Graham para coordinar el próximo número de la revista Island. Y mientras seguirá pensando en maneras de hacerle explotar la cabeza a Kelly Sue DeConnick.

“Lo estoy pasando muy bien. Estoy trabajando en los cómics de mis sueños”, asegura.

Bella Muerte II, por su valor onírico, quizás incluso pase a formar parte de los nuestros.

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