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Las cartas inéditas de Roberto Bolaño revelan su sempiterna pasión por la literatura

Soledad Bianchi, crítica literaria chilena, fue la receptora de las cartas

Como siempre y como todos, Roberto Bolaño murió demasiado pronto.

A pesar de que el consuelo al que nos ha relegado su muerte es al de saber que dejó obras sin publicar, siempre quedará la duda del qué-podría-haber-sido y de si se hubiera podido llevar el Nobel.

Por otro lado, Bolaño e inédito, inacabado, póstumo o reedición son palabras que maridan muy bien en editoriales y en prensa nacional e internacional. Y precisamente inédita era hasta este mes la correspondencia entre el escritor y la crítica literaria chilena Soledad Bianchi.

Gracias a que ésta vendiera sus misivas a la Universidad Diego Portales de Chile y la universidad haya decidido exponerla en la Biblioteca Nicanor Parra, podemos disfrutar de las cartas que Bolaño le hizo llegar a Bianchi entre 1979 y 1997.

Cartas que revelan una relación de amistad a distancia de dos décadas y la voluntad de Bolaño de ser escritor, ya desde los 26 años. “Él quiere ser escritor y sabe que lo será, aunque deba dejarse el pellejo” o “Lo que nunca quedó en duda, de carta en carta, es su porfía y pasión por la literatura”, dijo Soledad Bianchi en la presentación de los documentos.

La relación empezó en 1979, cuando ella, exiliada en Francia, se puso en contacto con Roberto Bolaño para pedirle colaboraciones en forma de poemas para la revista cultural Araucaria de Chile. De ahí en adelante las conversaciones dieron consistencia al lazo que los unió.

Una unión que casi sólo tuvo forma mediante papel. El casi viene dado de que dos veces hablaron por teléfono y una vez en persona, fue en 1998, cuando acabó la dictadura de Pinochet.

A lo largo de las cartas se descubre toda una evolución en el estilo del escritor, que no solo le hacía llegar asuntos ligados a sus tribulaciones, sino que también le enviaba poemas y borradores de lo que posteriormente serían novelas. Entre ellas se encuentran El espíritu de la ciencia ficción y un esbozo argumental de lo que después sería La senda de los elefantes.

También habló de su vida en Girona. “Un pueblo miserable pero con bonitas ruinas medievales”, dijo el escritor sobre Blanes. Y de sus penurias: “Desde 1993, vivo únicamente de la literatura, es decir: vivo pobremente (ahora que lo pienso, como siempre)”.

(Vía El Universal)

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