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Debate: ¿'Lolita' es un libro sobre la seducción o sobre la violación?

Probablemente, y atendiendo a lo que dijo sobre su propia novela Vladimir Nabokov, 'Lolita' tenga un poco de las dos cosas

En los últimos días ha vuelto a circular por redes sociales una entrevista de 1975 a Vladimir Nabokov en el célebre programa de televisión francés Apostrophes.

Preguntado a propósito de Lolita, Vladimir Nabokov consigue desmontar el discurso de Bernard Pivot. El presentador de Apostrophes, que por algunas de sus preguntas parece empeñado en categorizar Lolita como una historia de amor y seducción, acaba convencido de todo lo contrario cuando el escritor ruso confiesa que para él la niña Dolores Haze no es otra cosa que una víctima de un hombre repulsivo.

Y aunque las respuestas de Nabokov ya estuvieran pactadas previamente con el programa, tal y como desvelaría más tarde Le Monde en un especial sobre Apostrophes, lo cierto es que la cara de Bernard Pivot al escuchar lo que el novelista tenía que decir sobre la relación de sus propios Humbert y Lolita era un poema.

“Lolita no es una niña perversa”, dijo Nabokov. “Lolita es una pobre niña que corrompen y cuyos sentidos nunca llegan a despertar bajo las caricias del inmundo señor Humbert”.

Y añade:

“En realidad Lolita es una niña de 12 años, mientras que Mr. Humbert es un hombre maduro, y el abismo entre su edad y la de la niña produce el vacío entre ellos: entre ese vacío, ese vértigo, está la seducción, atracción de un peligro mortal (…) Fuera de la mirada maníaca de Mr. Humbert no hay nínfula. Lolita, la nínfula, sólo existe a través de la obsesión que destruye a Humbert”.

Que las contundentes palabras de Vladimir Nabokov se hayan agitado otra vez en algunos foros de Internet ha abierto una discusión que aunque ya es vieja, nunca termina de calmarse.

Un debate no ya sobre de qué va Lolita, sino también sobre cómo la figura de la nínfula se ha desvirtuado por culpa de las malas lecturas de la obra. Como llega a decir Nabokov en la entrevista, Lolita se ha malinterpretado continuamente.

De entre todas sus lecturas, siempre parece que puedan extraerse dos bandos. Por un lado, los que piensan que la novela es un texto sobre la violación. Por el otro, los que defienden que se trata de una obra sobre la seducción.

Para los primeros, las malinterpretaciones de Lolita se basan en que muchos lectores hemos dotado de demasiada magia a la figura de la menor corrompida. Para los segundos, la pasión, el erotismo y la posibilidad de un amor intenso prevalecen sobre el abuso.

Sin embargo lo cierto es que ambas visiones se complementan. Tomando las declaraciones de Nabokov como ejemplo, caemos en la cuenta de que él mismo oscila entre los dos conceptos, el de la condena y el de la belleza, que finalmente se juntan en uno solo: el del peligro.

Lolita es sinónimo de peligro y Vladimir Nabokov es consciente de que en esa tensión reside uno de sus mayores logros como novelista. Su narración es capaz de representar con gran belleza una de las acciones más repudiables del ser humano, esto es, la violación. Y al mismo tiempo es capaz de condenarla con contundencia.

El escritor ruso tiene la capacidad casi divina de manejar los hilos de nuestros sentimientos. De convertirnos en Humbert cuando tenemos que ser Humbert y de ponernos entre la espada y la pared de nuestra moralidad.

De modo que sí, Lolita es sinónimo de peligro. Lolita es una novela "amorosa" porque consigue encender una chispa en nuestro interior, incluso si lo que narra es terrible. Lolita es una novela de denuncia porque consigue provocarnos nauseas cuando entendemos que la chispa de nuestro interior es demencial, inmunda, horrorosa.  

En definitiva, Lolita es un texto peligroso, que recupera la tradición de las nínfulas que tanto obsesionó a Nabokov —no hay que olvidar que este no fue su único texto al respecto, ahí están El hechicero, Ada o el ardor y El original de Laura y la pone en tela de juicio a través de su propia encrucijada.

Porque, ¿no es precisamente así la condición humana? ¿Contradictoria y oscura? ¿Y no debería ser también de esa manera la literatura que nos retrata? ¿Extrema? ¿Ardorosa? ¿Un golpe de fuego para nuestras entrañas?

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