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Se suicidó el día de su cumpleaños: poesía, vida y muerte de Danielle Collobert

La poesía inquietante de la francesa Danielle Collobert se publica en España

“No puedo decirte mucho de Danielle Collobert porque no hay demasiado que contar de su vida”.

Lola Nieto, una de las editoras de Kokoro, me dice esto mientras nos comemos una ensalada de brotes.

Sobre la mesa de madera, el libro de Danielle Collobert —portada negra, letras blancas, muerte entre los versos— nos desafía con el título Decir vivo a quién.

“Se suicidó joven, tuvo una vida sencilla”, asegura Nieto, y la editora sigue masticando, como sugiriéndome que me deje de preguntas y que sea yo, la lectora, la periodista, quien averigüe lo que pueda sobre la poeta que ocupa nuestra conversación.

Así lo hago en las horas siguientes : busco en Internet y encuentro una serie de biografías de editoriales francesas que me remiten a los pocos títulos que la poeta publicó y que ahora Kokoro (colección autónoma de Kriller71) selecciona en este libro negro.

De entre los pocos textos y reseñas que abordan la vida y obra de Danielle Collobert, hay algunos datos que sin duda sorprenden. En primer lugar, el profundo activismo de la escritora, que le llevó a formar parte del Frente de Liberación de Algeria. En segundo lugar, su espíritu viajero, gracias al cual conoció muchos rincones del mundo, y por el que hasta llegó a vender su casa con tal de tener dinero para conocer nuevos países. Por último, su obsesión con la muerte, que no sólo quedó reflejada en su obra poética, sino también en su vida —¿o en su huida?—, y es que Collobert terminaría suicidándose sola, en un hotel, el día de su 38 cumpleaños.

Quizá sea cierto, después de todo, lo que Nieto me advirtió de que es muy difícil hablar de la vida de Danielle Collobert . Y quizá también sea cierto que lo verdaderamente interesante es hablar de su muerte. No sólo de la física, esa que terminaría para siempre con su latido , sino más bien de la poética, que desde su primer libro y su primer verso determinaría el estilo y la respiración de su obra.

“Tengo la impresión de vivir una muerte”, escribió la poeta en Asesinato.

“Aguardo. Aguardo el fin. El sobre salto”, dijo en el mismo libro.

“cuerpo mudo – no hay signo”, desvela en Decir II.

“acaso el cuerpo aglomerándose”, aguarda en Supervivencia.

“luz de venas que adviene”, añade.

“con vistas a lo definitivo”, se despide la poeta para siempre.

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