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Cuando el simple hecho de salir a comprar ropa se convierte en una pesadilla

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Por culpa de una mirada, Susana ya no quiso salir jamás de ese probador

Diego Álvarez Miguel

17 Mayo 2017 16:57

—David, escucha, lo acabo de pasar fatal.

—Qué ocurre, a ver, no me asustes.

—Pero fatal.

—Tranquila, cuéntamelo.

—Pues que he venido a comprar ropa...

—¿Ropa de la tuya?

—Sí, ropa de la mía.

—¡Anda, qué bien! Me alegro de que por fin hayas dado el paso de  ir a los probadores femeninos.

—Ya… Bueno…

—¿Y qué es lo que ha pasado?

—Pues nada, que estoy encerrada en el probador y no quiero salir.

—Pero qué dices.

—Que ya sabía que me iban a mirar raro, eso lo sabía, pero no había pensado en la chica de los probadores. No me quería dejar entrar.

—¿Cómo que no te quería dejar entrar?

—Pues al principio se quedó pillada, ¿sabes? Me vio así… tan grande… tan masculina… se quedó parada y me dijo que no con la cabeza.

—¿Que no con la cabeza?

—Sí, y después rectificó, pero ya era tarde, ¡qué mal me hizo sentir! ¡Fatal!

—Pero bueno, no seas tonta, que tú ya estás muy por encima de todo eso.

—Ha sido mucho peor de lo que me esperaba, David. Ahora creo que no puedo salir de aquí, en serio, no puedo.

—No digas tonterías, ¿eh? ¡Susana!

—Que no puedo, que no sé qué cara poner, creo que no soportaría cruzarme con esa chica otra vez, ¿no lo entiendes? ¿No te ha pasado?

—Claro que te entiendo, mujer, pero tienes que salir de ahí, porque si no…  si no… no te invito a cenar esta noche.

—Ya, ¿y qué hago? Me gusta este vestido. Luego te mando una foto. Pero no me puedo ir a la caja y que me vuelva a pasar lo mismo. Estoy agotada. Ni siquiera harta, agotada. Quiero morirme aquí dentro.

—Mira, escúchame bien. Vas a hacer una cosa: te vas a comprar ese vestido y vas a estrenarlo esta tarde, conmigo. Así que ahora mismo vas a salir de ahí, vas a ir al mostrador, vas a pagarlo, y nos vemos en tu portal.

—Vale… está bien. Te hago caso. Voy. Luego te llamo. Chao, chao.

—¡Ánimo!

Susana corrió la cortina del probador y, con la cabeza bien alta, caminó decidida hacia el mostrador de la tienda. Sin embargo, antes de llegar, dejó el vestido sobre un montón de abrigos y pasó de largo, cruzando rápidamente el umbral de la puerta, sin volver siquiera la vista atrás.

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