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Cela empujando a una periodista a una piscina

Así se comportaban los escritores españoles en la edad de oro de la televisión

Los viejos escritores patrios dejaron momentos para la historia en la televisión de España. Cuando no había tanto pudor y el machismo caminaba a sus anchas (todavía más), los escritores pisaron los platós de televisión como ahora lo hacen las celebrities de los cotilleos en lo que fue la edad dorada de la entrevista en televisión —hablamos básicamente de los 80—.

Sánchez Dragó —esto es más reciente— presentaba un programa en Telemadrid con su gato Soseki, Umbral se enfadaba por no poder hablar de su libro, Fernando Arrabal, visiblemente borracho, auguraba que llegaría el mineralismo y Camilo José Cela conversaba con Mercedes Milá y afirmaba poder tragar litro y medio de agua por el ano.

Demasiada gloria junta, como véis.

Pero fue precisamente Cela quien protagonizó uno de los momentos más memorables y difíciles de comprender por aquello de no saber qué cojones le está pasando por la cabeza a la otra persona.

Nos referimos a cuando, en una entrevista de TVE con Pilar Trenas, el autor de La colmena empujó a la periodista a la piscina después de que le preguntara: "¿Qué actitud tomaría Camilo José Cela si de repente una señora muy imponente le dijera como a Sandokán que quería un hijo suyo?"

Pues bueno, una pregunta de mierda que merece una respuesta de mierda, pensaría Cela, autor también de célebres frases como: “Mis animales preferidos son el perro, la mujer y el caballo, por este orden”.

La acción se convirtió, seguramente, en un augurio y es posible que años más tarde Cela pensase tener un deja vu. Nos referimos a otro momento momento en que el Nobel propinó un puñetazo al periodista Jesús Mariñas e intentó arrojarle a una piscina.

Digresiones a un lado, la acción de Cela está totalmente fuera de lugar —y quizás por ello resulta inevitable que cause risa floja— y se suma a un vasto catálogo de anécdotas protagonizadas por un tipo que era tan buen escritor como personaje pintoresco y "repulsivo".

Así que no haremos un juicio moral de acciones como esta y le otorgaremos ya no el beneficio de la duda, sino el de la ambigüedad.

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