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Berta García Faet: "La poesía latinoamericana ha ido muy por delante de la española"

La poeta Berta García Faet acaba de publicar 'Los salmos fosforitos' (La Bella Varsovia), un libro donde tradición española, vanguardia lationamericana y mucha hiperconsciencia se dan la mano

En los manuales de historia se dice que en el año 333 a.C. Alejandro Magno cruzó el estrecho de los Dardanelos y conquistó Frigia.

Una leyenda de los frigios contaba que solo la persona capaz de deshacer el nudo que hizo Gordias, fundador de la ciudad de Gordio, sería capaz de dominar Asia.

Viendo que el nudo no podía deshacerse, Alejandro Magno lo cortó con su espada y dio comienzo a su tournée asiática.

La poesía española es un campo en el que pastan con predilección los nudos gordianos —desde el último tercio del siglo XX, el panorama ha estado organizada en dos bandos falsamente enfrentados —  aunque también hayan han surgido voces que disientan de la disensión.

Entre estas voces que quieren cortar el nudo y replantear los términos del debate, saliéndose de la (ofuscada) oposición entre tradición / innovación, verso libre / verso medido, figuración / abstracción, emoción / inteligencia... destaca la de Berta García Faet.

Con su anteriores poemarios y, sobre todo, con Los salmos fosforitos —que acaba de publicar La Bella Varsovia— García Faet ha tratado de remover los cimientos de la poesía española mirando a la nueva literatura anglosajona y muy especialmente a la latinoamericana.

El planteamiento de Berta García Faet (casi ucrónico) podría pasar por comprobar cómo sería ahora nuestra literatura de no haber visto su desarrollo estético truncado por el trauma de la Guerra Civil. Y para ello, por supuesto, Los salmos fosforitos emplea con mucha inteligencia el material de la tradición poética en lengua castellana que no se ha visto interrumpida desde las vanguardias, es decir, la que se hace en América.

De hecho, el libro es, según ha dicho a PlayGround la propia Berta García Faet, una "escritura acompañada" de Trilce, el famoso poemario del escritor peruano César Vallejo.

A partir y a través de Trilce, García Faet ha escrito un largo volumen para el que ha tomado los 77 poemas de libro de Vallejo y ha ido "verso a verso y palabra a palabra (a veces silaba a silaba, letra a letra) escribiéndole algo 'al lado'". En algunos casos, dice la poeta, ha utilizado el tema y en otros el campo semántico o una metáfora, para acabar extrayendo "muchas bromas y muchas verdades".

Los salmos fosforitos tiene el tono que viene caracterizando a la obra de Berta García Faet, entre el lenguaje técnico-neurótico de Foster Wallace, la salmodia bíblica y la dicción irónicamente (o no) melodramática, a los que ahora se añaden repeticiones y neologismos muy vallejianos.

Y sin embargo, aquí la emoción que se traslucía en otros poemarios como La edad de merecer no está tan presente. Quizá porque este es su libro más técnico, Los salmos fosforitos constituye un fluido frío en el que los objetos no son demasiado reconocibles .

El poemario está armado de forma musical, a partir de repeticiones, variaciones y cambios de timbre, voz y tono , pero la clave posiblemente nos la dé una vez más la poesía de Hispanoamérica.

Según afirma García Faet, el proceso de corrección del libro estuvo marcado por su lectura de los poetas neobarrocos latinoamericanos (quizá Haroldo de Campos, Néstor Perlongher, Rodolfo Hinostroza, Lezama Lima u Osvaldo Lamborghini), que en la segunda mitad del siglo XX desarrollaron una estética que empleaba el lenguaje de manera muy plástica y que reutilizaba fragmentos y estructuras de otros textos, así como por la lectura del poeta español Julio Fuertes Tarín y la del chileno Gonzalo Rojas.

Esta fijación con la literatura hispanoamericana podría provenir de su propio periplo vital, que llevó a García Faet al ambiente universitario de EEUU y que la ha hecho habitar un mundo dividido entre distintos idiomas y tradiciones literarias: la norteamericana (la de la Alt Lit, de la que a García Faet le interesa su discurso "sin tropos", no metafórico, pero cuya homogeneidad le llega a resultar "aburrida" en algunos casos) y la hispana.

En EEUU la poeta prepara actualmente su tesis doctoral, y es allí donde descubrió a muchos escritores latinos que en los años 60, 70 y 80 fueron "muy por delante de lo que pasaba en España, en cuanto a experimentación gramatical y en cuanto a valentía y ahondamiento" y que colaboraron a que a ella misma se le ensancharan "el cerebro y todos los órganos de la ternura, sean cuales sean".

"Este libro, dice García Faet, fue escrito en un momento de encrucijada, cuando yo —una española europea privilegiada pero que a la vez no puede quedarse en su país; me pseudo-echan— me exilio. Está entonces la tensión Europa / EEUU, pero a la vez entré en contacto con Latinoamérica muy intensamente por aquella fecha, tanto a nivel literario como de amistades".

El libro, entonces, presenta todo un juego de oposiciones entre la mala conciencia europea, el colonialismo yanqui y español, la honestidad política y ética, la dolorosa ironía de los millenials...

Con su red de reiteraciones, Berta García Faet organiza un canto doliente pero esperanzado con un montón de referentes, desde las jarchas tradicionales a la canción popular española, pasando por los boleros y Antonio Machado. A la manera de los neobarrocos, la poeta reelabora todo ese material para hablar de lo que le importa.

Y es que Los salmos fosforitos parte de una creencia casi religiosa, como denota el título, en que la literatura quizás sea capaz de reunir todos estos mundos separados. Expresa su divergencia pero también sus posibilidades de redención, porque Los salmos son según García Faet

"cánticos a diversas divinidades y divinizaciones que no son necesariamente las tradicionales, además de que también le canto a los vacíos. La fe sí juega un papel importante en este libro, en el sentido de que hay una reflexion sobre la performatividad del lenguaje a un nivel religioso, y también una creencia, no sé si débil o fuerte, en que los deseos empujan a la realidad o al menos algo la rozan".

La luz que emite su poemario es fosforita ("impura, rara, no blanca") pero nos permite reconocernos en la oscuridad que cae tras cortar el nudo.

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