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Bailar en un cementerio te puede cambiar la vida

Marlee Grace se propuso grabarse bailando cada día durante los últimos dos años y colgarlo en Instagram. Ahora ha convertido este proyecto en un libro

Todo empezó el otoño de 2015, cuando Marlee Grace colgó un vídeo grabado en el cementario de Lancaster, donde se la veía contornearse entre lápidas. Las imágenes están refinadas con un filtro en blanco y negro que contrasta duramente el color. El viento azota las ramas y la despeina mientras, con movimientos lentos pero firmes, ella va desplazando sus pies descalzos por el césped, construyendo con cada movimiento una suerte de ritual íntimo que retiene nuestra mirada y nos obliga a seguir mirando.

El vídeo dura apenas veinte segundos y cuando Grace lo colgó no tenía ni idea de las dimensiones del proyecto con el que esta publicación la comprometería.

En el momento que colgó el vídeo estaba siguiendo un curso —organizado por The Architects— en el que se abordaba la improvisación como una forma de performance. Grace se había graduado en la Univeristy of Michigan School of Music, y desde que terminó la carrera estaba bailando menos de lo que quería. A todo ello, se le sumó un componente personal: estaba luchando con la adicción y tenía problemas con el compromiso.

Por ello, decidió que grabarse bailando podía convertirse en un pequeño ritual que se obligaría a realizar cada día, tuviera ganas o no.

"No estaba tratando de hacer otra cosa que no fuera bailar, y esto fue lo que pasó. El resto es solo la magia de mostrarte como eres".

Y lo hizo.

Lo hizo diariamente durante más de dos años. Se grabó bailando cualquier música en cualquier lugar. Lo importante era la improvisación, el abandonarse a la espontaneidad del baile, ya fuera en el salón de su casa, en playa, en un parque nacional, en una tienda, en un aeropuerto o frente a un espejo. Llamó a este proyecto " Personal practice".

"Aprendí que no necesitaba mucho espacio. La única herramienta que necesito es mi cuerpo."

Al poco tiempo, los seguidores de su cuenta de Instagram se habían disparado. Ahora cuenta casi con 28.000 seguidores y acaba de publicar un libro, A sacred shift: a book about personal practice, en el que documenta su proyecto de baile, detallando los sentimientos, canciones, personas y lugares que la acompañaron a lo largo de estos años.

Marlee Grace se dio cuenta de que lo que hacía era importante para los demás.

"No tengo miedo de mostrarme a mí misma, y pienso que, al verme, la gente siente que tiene permiso para hacer lo mismo, en plan: aquí está esta chica que, sí, es una profesional del baile, pero simplemente está haciendo el tonto en la salita".

Pero no simplemente para los demás.

Si ha titulado su libro como 'the sacred shift' es porque este compromiso con la danza también la cambió. Porque del mismo modo que desde Marco Aurelio los filósofos hablan de la escritura como una forma de ejercicio espiritual destinado al cuidado y a la transformación de sí, que tiene tanto de discursivo como de corporal, también la danza puede considerarse una práctica o actividad destinada al desarrollo de nuestra subjetividad.

Entender la danza como una práctica personal, como una tecnología del yo, es lo que empezó a hacer Marlee Grace una tarde de otoño en el cementerio de Lancaster. Y el proyecto al que dio lugar no ha terminado con la publicación del libro: Grace sigue bailando y colgándolo en su Instagram.

(Vía The New York Times)

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