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“Hemos montado una sociedad de contrato: excluimos a los que no nos pueden dar nada”

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Hablamos con la catedrática de Ética y Filosofía Política Adela Cortina, sobre la fobia a los pobres, la xenofobia usada por los partidos y la discriminación de todo aquel que no encaja en una sociedad construida sobre el culto al éxito

alba losada

09 Mayo 2017 17:54

                                                                                                                                                                      Getty Images

Se celebra la llegada de turistas que pasan las vacaciones derrochando dinero, pero se rechaza la de inmigrantes con escasos recursos económicos. Se lamentan los atentados perpetrados en Europa, pero se dice poco sobre las muertes que atormentan a diario a países en vías de desarrollo como Afganistán. Se valora a las personas profesionalmente exitosas, pero se menosprecia a los indigentes.

Son distintas muestras de desigualdad que se traducen en un mismo concepto: aporofobia, el rechazo al pobre que presuntamente no aporta nada a la sociedad. Una fobia que según la catedrática de Ética y Filosofía de la Universidad de Valencia, Adela Cortina, en estos momentos se encuentra en las entrañas de los movimientos xenófobos que han surgido en Europa y en Estados Unidos promoviendo el odio a los inmigrantes, la mayor parte de los cuales se incluyen en el grupo de personas con un bajo nivel económico.

Se trata de un desafío para la democracia que Cortina ha desarollado a partir de referencias filosóficas en el libro Aporofobia, el rechazo al pobre, cuyas conclusiones ha compartido con PlayGround en una entrevista.

                                                                                                                                                                      Getty Images

Con la llegada de la precariedad económica y la crisis de los refugiados, los inmigrantes se han convertido en el blanco de los discursos de odio de los partidos de ultraderecha al utilizarlos como una estrategia política con la que, según Cortina, solo pretenden conseguir votos. "Se les tiene que desenmascarar. Porque no es verdad que los inmigrantes o los refugiados vengan a quitar nada a nadie", denuncia.

Ella lo sabe bien. En 1995 publicó una columna titulada Aporofobia en el diario ABC cuando el término apenas sonaba. Pero ahora Cortina ha visto como los crímenes hacia el pobre han amuentado y los inmigrantes han sido usados como cabezas de turco, protagonistas de mensajes denigrantes. Algunos han sido víctimas mortales de crímenes promovidos por el odio como el ocurrido en Alemania, donde miembros de una de las bandas xenófobas de "vigilantes" de solicitantes de asilo mataron a golpes a un inmigrante de Kazajistán el pasado setiembre. Para Cortina, el crimen es "un ejemplo de la aversión que se tiene al pobre porque la agresión no se perpetró contra un aglosajón que pasaba por allí. Sino que fue contra alguien que procede de un país en vías de desarrollo".

"Los mensajes populistas solo pretenden conseguir votos y se tienen que desenmascarar. Porque no es verdad que ni los inmigrantes, ni los refugiados vienen a quitarle nada a nadie"

Las instituciones lejos de dar ejemplo también caen en las tendencias discriminatorias que luego los ciudadanos reproducen a una menor escala. El ejemplo más flagrante es el de la Unión Europea (UE), que a pesar de haberse comprometido en 2015 a acoger refugiados, frenó su llegada a Europa con el pacto migratorio entre los Veintiocho y Turquía en marzo de 2016. "Vivimos inmersos en una incoherencia y en una esquizofrenia generalizada que propicia la existencia de un abismo entre lo que se dice y lo que después se hace. Se dicen palabras que quedan bien y más tarde se le dice al otro que se vaya porque molesta", sostiene la autora.

Pero los inmigrantes no son lo únicos en sufrir la discriminación. La aporofobia también ocurre entre personas de la misma nacionalidad. En los últimos años varios casos de palizas y asesinatos a indigentes han aparecido en los medios españoles y cruzando el charco, la llegada de Trump a la arena pública provocó que latinoamericanos que llevaban años residiendo en EEUU le votaran apoyando la construcción del muro. Para que otros no pudieran emigrar como ellos hicieron un día. "Después de décadas estando bien posicionados en EEUU, no se sentían identificados con los suyos", señala Cortina.

                                                                                                                                                                      Getty Images

Aunque actualmente sea un tema candente, esta fobia ha acompañado a la humanidad a lo largo de los años. "Vivimos en la sociedad del contrato: yo te doy algo y tu me das algo, y en la que se valora a las personas que tienen éxito profesional", dice Cortina. Dos aspectos que discriminan a aquella parte de la sociedad que no puede aportar ningún incentivo económico y a la que nunca le han ofrecido la oportunidad de aspirar a una formación superior. Así que una de las calves que ofrece la autora del libro para aproximarse a un horizonte en el que todas las personas gocen de los mismos derechos es transmitiendo la igualdad desde la educación y creando instituciones igualitarias.

Cortina insiste en que "la aporofobia está inconscientemente dentro de todos nosotros, porque somos egoístas por naturaleza y porque somos seres que necesitamos y buscamos ayuda en los demás". Pero es posible cambiar. El hecho de que el cerebro humano sea plástico ofrece la posibilidad de modificar las tendencias que no agradan para desarrollar otras. Un objetivo que se puede lograr estableciendo contacto con una persona que se encuentre en una situación desfavorable para "darnos cuenta de que, a diferencia de lo que muchos proclaman, todos tenemos algo que aportar".

En nuestra sociedad siempre habrá excluidos porque hay personas que parece que no pueden ofrecer nada. Y eso no es puro egoísmo, es aporofobia



A pesar de que los partidos de ultraderecha hunden cada vez más sus raíces en Europa, el domingo Emmanuel Macron les ganó un pulso al hacerse con la presidencia de Francia y demostrando que ni la xenofobia, ni la islamobobia, ni la aporofobia, ni ninguna de las fobias que ensalzan la desigualdad, predominan en Europa.

Un resultado que Cortina aplaude al considerarlo una nueva oportunidad política y social para el continente: "Me alegro de que haya ganado Macron. Que nos sirva para decir: ¡oye, hasta aquí hemos llegado! Europa tiene que volver a hacer lo que predica, tiene que volver a comprometerse con lo que promete".


 

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