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Amarás a Superman sobre todas las cosas

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Un libro analiza la influencia de religión y mitología en el cómic de superhéroes

víctor parkas

03 Enero 2017 07:10

“¿Energía? Y una mierda ‘energía’, Duane. No empieces con esas gilipolleces de jipi de mierda.

Te estoy hablando de los dioses. ¡Dioses! De los putos creadores del universo”

(Perdita Durango, Alex de la Iglesia, 1997)


Tú, cuándo te das cuenta de que se acerca la Navidad. ¿Empiezas a ser consciente de ello cuando bajan las temperaturas? ¿O cuándo colocan luces de colores en tu calle? ¿Son los adornos en los escaparates, quizás?

En serio. ¿Cuándo exactamente caes en la cuenta de que, hace más de dos mil años, nació el hijo de Dios?

Yo lo hago cuando empiezo a ver listas en mi timeline. Y, creedme, ahí fuera no hay nadie mejor que Manu González haciendo listas.

En lo que va de año, este periodista cultural ha publicado, por un lado, Dance Electronic Music, una guía de artistas imprescindibles de la música electrónica, y por el otro, Dioses, Héroes y Superhéroes, referencia en la que disecciona a decenas de tipos con mallas –de Batman a Aquaman- cuyos orígenes se remontan a antiquísimos relatos religioso-mitológicos.

Quizás por eso —por lo de los relatos religioso-mitológicos— cuándo me encuentro con Manu en una cafetería y le saludo con un protocolario "¿Cómo te van las fiestas?", él me contesta con un "Las estoy pasando viendo documentales bíblicos en Netflix".



En Dioses, Héroes y Superhéroes, Manu ahonda en aquellos personajes cuyo origen mitológico conocemos de sobras: el Thor de Los Vengadores apela de forma diáfana a la imaginería de los vikingos nórdicos, así como el Lucifer de The Sandman a la cristiana. Aunque son las elecciones menos obvias las que más disfrutará el lector de cómic ocasional.

¿Qué influencia han tenido las deidades egipcias y africanas en un personaje como Spider-Man? ¿Cuánto le debe Linterna Verde a la ópera de inspiración germánica El Anillo de los Nibelungos?


¿Qué influencia han tenido las deidades egipcias y africanas en un personaje como Spider-Man? ¿Cuánto le debe Linterna Verde a la ópera de inspiración germánica El Anillo de los Nibelungos?


“He intentado dejar fuera las comparaciones fáciles”, me cuenta Manu. Por eso, Catwoman y su relación superficial con la diosa egipcia Bastet se han quedado fuera. “Lo mismo ha pasado con Flash, por mucho que las alas en su casco apelen al Hermes, el dios olímpico de la mitología griega. Sólo he incluido aquellos superhéroes cuyos orígenes e historias tienen fundamentos mitológicos o religiosos”, advierte el autor.

Aunque sólo haya puesto el foco en los héroes de las editoriales Marvel y DC Comics –con la honrosa excepción de Hellboy, de la indie Dark Horse-, a la hora de entroncar la tradición tebeística con la fe, este selector se ha atrevido casi con todo. “En el libro, relaciono estos personajes con la religión judeocristiana y la mitología clásica, pero también con los evangelios apócrifos, la tradición azteca, los mitos artúricos, el chamanismo, e incluso la mitología celta”.

Como suena: en Dioses, Héroes y Superhéroes hay sitio incluso para la mitología vasca y asturiana.



Dioses, Héroes y Superhéroes es un trabajo detallista, obsesivo, enfermizamente freak. Manu González, sin embargo, no ha sido el primero en señalar la conexión religión-superhéroes: cinco años atrás, Grant Morrison y su Supergods fueron los primeros en levantar el dedo acusador. Es por ello que el ensayo de Morrison se cita en varios pasajes de Dioses, Héroes y Superhéroes.

“Hay una idea de Morrison muy potente y con la que estoy muy de acuerdo, y es su teoría de que Superman no sólo es un dios, sino que es una deidad de clase obrera”, confiesa Manu.

“En sus primeras aventuras, Superman no se enfrentaba a supervillanos, ni a entidades cósmicas; Superman luchaba contra explotadores y extorsionadores; contra los enemigos, en definitiva, del pueblo. Esa voluntad de ayudar a los pobres era exactamente la misma que tenía Jesucristo”.  

Aunque las amenazas a las que planta cara Superman han mutado con los años, su status de ídolo religioso se ha mantenido con el paso del tiempo: en Batman v Superman, la humanidad se dividía entre los que le dedicaban ofrendas y los que le negaban llamándole “falso dios”.

“Para mí, el Superman cinematográfico que realmente me hizo ver a un dios en pantalla fue el de Cristopher Reeve”, asegura Manu. “¿Recuerdas la escena en la que da vueltas alrededor de la Tierra y consigue cambiar la línea temporal? Eso es un poder que jamás se había visto en ningún cómic. Esa primera película muestra a un Superman todopoderoso”.


Esta floración de superhéroes con anclaje en antiguas deidades, dice Manu, empieza con la fiebre desatada por, de nuevo, Superman. “Cuando apareció, fue un éxito instantáneo y todas las editoriales querían sus propios superhéroes. Y cuándo quieres superhéroes, ¿dónde los encuentras? En los mitos clásicos que te enseñan en la escuela, claro”.

Además, para Manu, todo este sustrato mitológico-religioso que podemos encontrar en los cómics de superhéroes no es, en ningún caso, fortuito. “Jack Kirby, el dibujante que inventó a Thor, a Hulk, o a los Cuatro Fantásticos, al aliarse con el guionista Stan Lee, creó de forma consciente un panteón moderno”, sostiene el periodista.


Superman luchaba contra explotadores y extorsionadores; contra los enemigos, en definitiva, del pueblo. Esa voluntad de ayudar a los pobres era exactamente la misma que tenía Jesúcristo


“Para Jack Kirby, los superhéroes eran los nuevos dioses. De hecho, una de sus creaciones para DC se llama justo así: Nuevos Dioses”, continúa. “Kirby se adelantó a su tiempo, creando cosmogonías enteras y personajes como Darkseid”. Dakseid, un villano inspirado en el dios egipcio Seth, protagoniza uno de los capítulos de Dioses, Héroes y Superhéroes.

“Y lo mejor de todo es que Kirby era ateo. Si utilizaba imaginería religiosa en sus cómics, en ningún caso esto respondía a que tuviese fidelidad a unas creencias concretas”, puntualiza Manu. “No era como Alan Moore, un autor de cómics que, excepto en Dios, cree en todo lo demás”.

“A mí me pasa lo mismo: soy ateo pero creo en todo”, se posiciona. “A mí me tienen que demostrar que los fantasmas no existen. Porque yo, en mi fuero interno, sé que existen. Y me dan miedo”.

La mejor manera de corroborar las tesis de Manu González y su Dioses, Héroes y Superhéroes es fijarse no tanto en las raíces de Wonder Woman, Daredevil o Doctor Strange, sino en la devoción que les profesa nuestra cultura (pop): las salas de cine son las improvisadas iglesias donde se nos cuentan sus hazañas; nuestra sesión de Netflix, la parroquia local en la que prender velas en su honor.

Constantine, Elektra o Hawkman han trascendido su condición inicial de personajes para entretener al lector juvenil. Son ídolos y a los ídolos no se les lee: se les adora. Por eso, quizás, en la Comic Con de San Diego ya ni siquiera hay cómics: sólo merchandising, representaciones de plástico y resina de estos nuevos dioses, para que nosotros, seres terrenales, podamos demostrarles nuestro amor y nuestra fe.

“Yo prefiero creer en Thor antes que creer en Jesús”, termina Manu. “Es mucho más divertido creer en un tío que lanza rayos que en el hijo de un carpintero”.







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