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La misteriosa desaparición de Agatha Christie nunca llegará a resolverse

Todo el mundo pensó que Agatha Christie había sido asesinada: cuando la encontraron 11 días más tarde en un balneario, la novelista más famosa de su época no recordaba nada

En 1926 se encontró el coche de Agatha Christie en una cuneta cercana a su casa. En su interior, un abrigo de piel y el carnet de conducir de la escritora de novelas policiacas más famosa de Inglaterra.

La novelista había desaparecido y, aunque nadie se atrevía a decirlo en voz muy alta , todos sospechaban que el culpable era su marido, el coronel Archibald Christie. El coronel —un ex-aviador con quien Agatha Christie se había casado 12 años antes— le había anunciado recientemente a su mujer que había comenzado una relación con otra mujer más joven que ella, Nancy Neele.

Si te parece que la historia, con sus coroneles, su adulterio, su campiña inglesa y sus motivaciones ocultas comienza a parecerse a la del Cluedo, espera a oír cómo acabó la búsqueda.

Porque 11 días después de su desaparición, tras múltiples batidas con sabuesos, avionetas y 15.000 voluntarios; tras interrogatorios, especulaciones amarillistas y diversas reuniones con adivinos —una de ellas, la más acertada, auspiciada por Arthur Conan Doyle—, Agatha Christie apareció en un balneario a 400 km de su casa.

Se había registrado en recepción con el nombre de la amante de su marido, decía provenir de Sudáfrica y, cuando la policía la encontró alertada por el personal del balneario, no recordaba nada en absoluto.

En su momento, esto dio lugar a multitud de locas hipótesis en la prensa, como recordó el pasado domingo Andrew Wilson, experto en la autora de Asesinato en el Orient Express, en un artículo del periódico Daily Mail.

¿La misteriosa desaparición de Agatha Christie fue un acto desesperado para recuperar la atención de su marido, una planificada humillación del infiel, una maniobra propagandística o algo que nunca podremos conocer? La versión oficial siempre fue que la escritora había sufrido un extraño caso de amnesia, que le había impedido regresar a su hogar e incluso reconocer a su marido y a su hija.

No obstante, fueron muchos quienes dudaron de esta posibilidad.

Andrew Wilson —que está a punto de publicar una novela sobre Christie llamada A Talent For Murder, en la que ficción y no-ficción se unen— avanzaba en su artículo una teoría sobre esos 11 días. A partir de ciertas entrevistas de la época y del personaje de una novela semi-autobiográfica publicada en 1934 por la creadora del detective Poirot, Wilson aventuraba que Agatha Christie intentó suicidarse, se sintió culpable por ello a causa de su religiosidad cristina, y decidió esconderse lejos de su casa.

Ahora Wilson ha escrito un nuevo artículo para The Guardian, insistiendo en el carácter hipotético de su teoría sobre Christie. ¿Por qué? Porque en la útima semana, medios de todo el mundo asumieron sus ideas como ciertas, dando por hecho que se había "desvelado" la verdad sobre la desaparición y describiendo a Wilson como el "biógrafo" de la autora.

En su nuevo texto, Andrew Wilson establece un paralelismo entre las fake news que crearon los medios de la época y los que se han creado tras la publicación de su artículo, pero lo cierto es que el primer artículo de Wilson no es tan claramente hipotético ni fiticio como él dice en su último artículo.

Al igual que Pérez Reverte con la historia de Christina Hendricks, parece que Wilson ha intentado que todo el mundo se crea una broma demasiado verosímil, para luego criticar a quienes se la tragaron.

En todo caso, quizás sea mejor que los 11 días de Agatha Christie permanezcan como un ángulo muerto en la historia de su vida.

Si la mejor criminóloga literaria del siglo XX no quiso resolver su propia desaparición, ¿por qué deberíamos hacerlo nosotros?

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