Cultura

La noche de verano en la que un accidente nuclear estuvo a punto de arrasar Arkansas

El documental Command and Control disecciona todo lo que ocurrió una tarde de septiembre en el Complejo de Lanzamiento 374-7 de Damascus

El 18 de septiembre de 1980 debía haber sido un día completamente normal. Un día de final de verano, con su calor pegajoso y sus tardes cada vez más cortas. Greta Garbo cumplía 75 años en la intimidad, el mundo observaba las tensiones entre Irán e Irak –que 4 días más tarde terminarían en guerra– y la Guerra Fría se descongelaba poco —muy poco— a poco.

Sin embargo, ese 18 de septiembre de 1980 un estado entero de EEUU estuvo a punto de ser arrasado, víctima de una explosión nuclear 600 veces más potente que las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Y nadie fue consciente de ello.

El documental Command and Control, dirigido por Robert Kenner y basado en el libro homónimo de Eric Schlosser, recupera lo que aconteció aquella tarde de verano en la que Arkansas casi desapareció del mapa.

Esa tarde de hace casi 37 años, el mecánico de 21 años Dave Powell se encontraba trabajando en uno de los silos de misiles Titan II situado en el Complejo de Lanzamiento 374-7 de Damascus, Arkansas. Alrededor de las 6 y media, Powell tiene un pequeño descuido y deja caer una llave desde una altura de 24 metros. El instrumento cae, golpea y perfora la cobertura de un tanque de combustible del cohete Titan, lo que ocasiona una fuga de carburante licuado (el líquido que sirve para impulsar el misil). 

A partir de ahí, 9 horas de trabajo contrarreloj con un solo objetivo: evitar una catástrofe nuclear de consecuencias imprevisibles.

Se evacuó al casi millar de personas que habitaban en un radio de 22 kilómetros alrededor del silo atómico y los operarios se afanaron sin descanso en evitar el desastre. La fuga de combustible provocó un incendio que terminó ocho horas después, cuando una terrible explosión pintó de rojo el cielo de Arkansas. 

Eran las 3 de la mañana del 19 de septiembre de 1980 y una cabeza nuclear W53 del misil Titan aterrizaba a unos 30 metros de la puerta de entrada del complejo de lanzamiento, dejando tras de sí 22 personas heridas y un aviador de la fuerza aérea muerto. “La tierra tembló, el cielo se iluminó de repente como si fuera de día y después una nube de humo, primero naranja y después de color champiñón, se extendió por toda la zona”, decía uno de los testigos presenciales.

Afortunadamente, las medidas de seguridad funcionaron correctamente y el material radioactivo nunca salió del misil. Tras el accidente, el Complejo de Lanzamiento 374-7 se inutilizó para siempre. “ No hay rastros de radioactividad. La situación está controlada”, declaraba a las pocas horas del accidente el presidente Carter.

Las fuentes oficiales destacaron que habría sido completamente imposible que hubiera podido estallar la bomba de hidrógeno que contenía el misil. “Una posibilidad entre un millón”, decía el informe oficial del Pentágono.

El temido apocalipsis nuclear quedó reducido ante la población al tamaño de un pequeño accidente que, casualmente, fue uno de los primeros que cubrió una nueva cadena de noticias, la CNN. Y como todas las “pequeñas cosas” desapareció de las noticias a los dos días. Unas elecciones presidenciales –Carter contra Reagan–, unos rehenes norteamericanos secuestrados en Irán y el trajín de un mundo en constante cambio relegaron lo que pudo ser el Hiroshima occidental a un simple breve en la prensa de la época.

37 años más tarde, este documental trata de recuperar la historia del conocido como Accidente de Damasco. El director recurre a informes oficiales, a la hemeroteca y a entrevistas con testigos, con el mecánico que arrojó la llave, con los operarios de la planta o con Harold Brown, Secretario de Defensa por aquella época.

Precisamente de Brown es una de las citas que Kenner destacaba como más importante en una entrevista en The Verge: "Para mí, la declaración más terrorífica de toda la película es la Harold Brown diciendo que los accidentes no son inusuales en el departamento de defensa, que suceden todos los días".

"Hay un sinfín de estos accidentes. Para mí, la cosa más terrible es que el Accidente de Damascus fue tan solo uno de muchos. Pero este tuvo héroes reales y pudimos ver cómo ayudaron a mantenernos a salvo, arriesgando sus vidas para hacerlo”.

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