Cultura

Para las personas con diversidad funcional, una 'paja' puede ser un gesto político

La película 'Vivir y otras ficciones' arroja una mirada íntima a los deseos y pulsiones de las personas con diversidad funcional

Asistencia sexual para las personas con diversidad funcional. Rima, pero no es un tema nuevo: en PlayGround, Alba Losada le dedicaba un minucioso reportaje a esta realidad, todavía ahora, tabú. De entre todas sus fuentes, destacaba la voz de Antonio Centeno, un activista pro-asistencia sexual que quedó tetrapléjico a la edad de 13 años.

Ahora, con 45, protagoniza su primera película: Vivir y otras ficciones.

“La pregunta que debería hacerse el espectador al salir del cine no es cuánto de realidad hay en ésta, sino cuánto de realidad hay en nuestras propias vidas”, me dice Antonio. Y me lo dice porque Vivir y otras ficciones, como otras de las películas de su director Jo Sol, pivota en esa fina línea que separa lo real de lo ficticio. Antonio, en la película, interpreta a un personaje llamado Antonio, “en el que hay mucho del Antonio de hace cinco años y del de hace veinte”.

Del de ahora, también. “El discurso político de mi personaje es aquél que yo defiendo”.

Y es que Vivir y otras ficciones es, en esencia, pura política. En el filme, como en la realidad, Antonio trabaja en una plataforma para promover encuentros entre personas con diversidad funcional y trabajadores sexuales. El conflicto estallará cuando sus asistentes personales descubran que Antonio está utilizando su casa para llevar a cabo dichos encuentros; de que ha convertido su casa “en un puticlub”.

La política, en Vivir y otras ficciones, es explicarles a ellos —a nosotros— por qué están equivocados. Por qué una paja, en algunos casos, puede ser también un gesto político.

Asistencia sexual para las personas con diversidad funcional. Continúa rimando, sí, pero Vivir y otras ficciones no es la primera pieza audiovisual que ha visibilizado este concreto. En el reportaje de Losada, se ponía atención también sobre Jo també vull sexe, de TV3, o el documental (co-dirigido por Centeno) Yes, we fuck!

Si en algo innova la película de Jo Sol con respecto a estos dos acercamientos, es en arrojar una mirada tan íntima que, por momentos, resulta hasta invasiva: aquí no hay talking heads contando su experiencia a cámara, sino discusiones que estallan mientras se alisan las sábanas de una cama; no hay testimonios, sino desenfoques de cámara en las escenas sexuales.

“Es importante dar a lo íntimo una difusión pública”, dice Antonio, “porque, si no visibilizas algo públicamente, ese algo jamás tendrá una dimensión política. Cuando esa visibilización la haces, además, hablando en primera persona, evitas que los demás te conviertan en un objeto exótico”.

“En los 60 se decía que lo personal es político”, añade. “Eso todavía tiene vigencia”.

Esta idea se instala en Vivir y otras ficciones desde su mismo arranque: en un televisor, las primeras detenciones tras los disturbios en una okupa de Sants, Barcelona; en el mismo cuarto, la asistenta de Antonio le quita la cuña, antes de darle un baño. “Cuando grabábamos esa escena, en las noticias estaban dando lo de Can Vies”, explica Centeno. “No es ningún montaje”.

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Anomalías recalcitrantes from Vivir y otras ficciones on Vimeo.

En otro instante del filme, avistamos un póster de El taxista ful, la segunda película del director Jo Sol; en el mismo plano encontramos a Pepe Rovira, protagonista de aquélla y, a su vez, coprotagonista de esta nueva cinta. Muy meta, sí. Pero, es que, además, donde El taxista ful dibujó en 2005 un paisaje precrisis, con Rovira robando un taxi distinto cada noche para poder trabajar, Vivir y otras ficciones, en 2017, supone una reacción contra la precariedad postcrisis en la que estamos sumidos.

“¿Acabarás pidiéndole al estado que te la meneé, con la que está cayendo?”, le pregunta Pepe a Antonio en una de las escenas más reveladoras de Vivir y otras ficciones. “Cuando pides ayuda para obtener placer; para lo inútil; para sentirte como una persona, estás cuestionando las bases de todo el sistema”, señala Centeno durante nuestra charla. “El sistema es utilitarista: solo digiere tus actitudes cuando éstas tienen por objetivo producir”.

¿Formas de hackear ese sistema? Ser feliz es una. “Sobre todo, si esa felicidad no está construida de la manera en la que te han dicho que debes construirla”, apunta el activista. “Ser feliz de una manera distinta a la que te han vendido tiene una carga muy subversiva”. Más aún, cuando la única figura con diversidad funcional que obtuvo notoriedad en España fue alguien con un caso como el de Ramón Sampedro.

“Cuando me ingresaron en el hospital con trece años, Ramón salía por televisión a todas horas, defendiendo su derecho a suicidarse”, recuerda Antonio, sobre el tetrapléjico que inspirase la película Mar Adentro. “Mi madre, cuando lo veía, se enervaba mucho. Consideraba que era una mala influencia para mí”.

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"VIVIR Y OTRAS FICCIONES" TEASER/ TRÁILER from Vivir y otras ficciones on Vimeo.

Vivir y otras ficciones quizás no sea tan ambiciosa como Mar Adentro. De hecho, que no lo sea es lo que la convierte en una película tan notable. “La cultura solo nos ha presentado la diversidad funcional desde los estereotipos, nunca desde la cotidianidad”, hace hincapié Antonio. “Cuando no tienes relación con lo cotidiano de una realidad, la construyes con lo que te cuenta sobre ella la cultura; con Ramón Sampedro; con Stephen Hawking”, continúa.

“Entre el drama absoluto sin matices y su opuesto, la gran heroicidad, no hay casi nada”.

La película de Jo Sol, de algún modo, viene a ocupar ese espacio no-épico que necesitaba la diversidad funcional en lo que a referentes se refiere. “En cualquier lucha”, terminará Centeno, “es tan importante lo material como lo simbólico”. Vivir y otras ficciones no solo entra en la segunda categoría, sino que lo hace por la puerta grande y —qué remedio— subida a hombros.

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