Cultura

Cuando Corea del Norte intentó hacer una peli de propaganda y el resultado les explotó en la cara

El documental Under the Sun ofrece una visión aparentemente edulcorada de la vida de una niña de 8 años en Corea del Norte. En realidad, el filme esconde mucho más de lo que pensamos

De los 510 millones de kilómetros cuadrados que componen el planeta Tierra, hay 20.540 kilómetros a los que no se puede acceder. Una pequeña porción del mundo que se encuentra apagada de la vida moderna, que vive aislada de lo que acontece en el planeta y cuyos habitantes son víctimas de la más férrea de las censuras.

El país se llama Corea del Norte ¿Te suena? Apostamos que sí. Todos hemos visto los documentales, los reportajes, los proyectos fotográficos y los artículos que denuncian la vida bajo el régimen totalitario de Kim Jong Un.

Sin embargo, cuando ves el tráiler del documental Under The Sun, del director ruso Vitaly Mansky, algo en la imagen que tienes de este país totalitario da un giro de 360 grados.

El documental sigue a Zin-mi, una niña norcoreana de 8 años, durante su preparación para ingresar en la Unión de Niños de Corea, una asociación juvenil que pertenece al Partido Comunista.

La niña vive con su familia en Pyongyang, donde su madre trabaja en una fábrica de leche de soja y su padre es ingeniero. Juntos viven en una casa en la que no falta un plato de comida en la mesa y realizan las actividades que se esperaría de una familia convencional, como la tuya o como la mía.

Sería muy bonito si no fuera porque todo lo que aparece en el documental es falso. Una gigantesca obra de propaganda. Un teatro del absurdo en el que todo un país representa el papel designado por sus mandatarios, en una trama que parece no tener sentido. Un fraude de proporciones descomunales.  

Todo, absolutamente todo, está preparado en Under the Sun. El guión, las localizaciones, los actores, la música, e incluso la vida de sus protagonistas.

Y pese a ello, este documental revela mucho más de Corea del Norte que cualquier otro documento previo. Porque Under the Sun también muestra “el making off” de la película: cómo los oficiales del gobierno guían a los “actores”, les dicen lo que pueden hacer, lo que pueden decir y cómo deben actuar en esta coreografía prefabricada sobre la vida en “el mejor país del mundo”.

El documental sigue a Zin-mi, una niña norcoreana de 8 años, durante su preparación para ingresar en la Unión de Niños de Corea, una asociación juvenil que pertenece al Partido Comunista

Esta locura comenzaba en 2012, cuando el director del documental conoció a una delegación norcoreana en el festival de cine de Vladivostok. Fascinado, Mansky pasó los siguientes dos años negociando con el gobierno norcoreano los permisos para rodar un documental allí. “Under the Sun es mi intento de entender mi propio pasado, mi propio país y cómo los humanos viven con este tipo de libertad limitada”, detallaba el cineasta en declaraciones a L.A. Times.

Mansky se crió en la URSS por lo que pensaba encontrar en Corea del Norte rasgos del pasado soviético que vivió siendo un niño. Pero el gobierno norcoreano no se lo iba a poner tan fácil a Mansky.

El contrato final que le ofrecían especificaba que el guión, los actores y todo lo referente a la película iban a ser supervisados y ofrecidos por el propio gobierno. Además, los censores podían vetar el material filmado cada día y tenían potestad pra decidir sobre la versión final de la cinta.

Por supuesto, Mansky no podría hablar con los actores de la película ni grabar escenas no autorizadas previamente.

A pesar de las limitaciones, Mansky aceptó.

“Vi como mis ilusiones se disolvían en la nada", explicó el director a The New York Times. "Pero incluso entonces creía que podía hacer la película que quería hacer. He tenido mucha experiencia de trabajo en espacios confinados, filmando al ejército, en una prisión o en el interior del Kremlin. Y de un modo u otro, siempre me las he arreglado para revelar la verdadera esencia de la situación”.

Con este pensamiento en la cabeza, Mansky se trasladó a Corea del Norte, donde pasó 2 meses grabando, divididos en 3 viajes. Allí, agudizó el ingenio para burlar la censura en un país donde el gobierno lo controla todo y se aprovechó de la falta de conocimiento técnico de los norcoreanos para grabar aquello que no estaba permitido, todo lo que sucedía entre los planos que sí estaban autorizados.

El contrato final que le ofrecían a Mansky desde Corea del Norte especificaba que el guión, los actores y todo lo referente a la película iban a ser supervisados y ofrecidos por el propio gobierno norcoreano

“No sabían como funcionaba una cámara por lo que no sabían que podían insertarse dos tarjetas de memoria. Además, pensaban que si la luz no estaba encendida la cámara no grababa”, explicaba el director en una entrevista para Another Magazine.

Por lo tanto, el director pudo grabar todo lo que acontecía fuera del plano oficial. Cómo los responsables del rodaje pedían más entusiasmo, más volumen, más sonrisas, más bailes, más alegría. Cómo supervisaban cada pequeño gesto, cada diálogo, para que todo estuviera al gusto de los censores norcoreanos.

Otro de los problemas a los que se enfrentó el equipo era la privacidad. Porque en Corea del Norte, eso no existe. Sus habitaciones estaban vigiladas, sus pasos supervisados e incluso tenían que comunicarse mediante un código. Además, no podían ocultar las tarjetas de memoria con el metraje en ninguna parte por no existir ningún lugar seguro, por lo que caminaban con los ordenadores y los discos duros escondidos en la mochila durante las 24 horas. Rezando para que ningún oficial decidiera comprobar el contenido de las mochilas. Incluso tenían una compañera experta en Coreano a la que entrenaron para encargarse del equipo de sonido. Esta compañera actuaba como espía y les ayudó a conocer cuáles eran los próximos planes que los norcoreanos les reservaban.

Tras los dos meses de grabación, Mansky volvió a casa donde acabó de producir el documental.

Un documental que recuerda a un Triunfo de la voluntad en versión moderna y sin nazis. Un documental que destapa el lazo de la ficción y en el que el espectador se debate entre si lo que está viendo es una obra maestra de la propaganda o un asombroso documental de denuncia.

“Pensé que, por un lado, esto satisfaría el régimen norcoreano y por el otro, ofrecería al mundo una visión de la verdadera Corea del Norte", ha explicado el director.

Una visión en colores saturados, con canciones y sonrisas radiantes que, paradójicamente, no difiere tanto del típico documental crudo sobre Corea del Norte... al que ya estamos más que acostumbrados. 

 

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar