Cultura

The Weeknd se sincera sobre su convulsa relación con las drogas

“En mi primer disco divagaba completamente colocado”

A los hits absolutos que son Can’t feel my face, The Hills o Earned It, The Weeknd les sumaba hace un mes Starboy, una colaboración con Daft Punk que sería el primer single de su nuevo álbum de estudio tras el multipremiado Beauty Behind The Madness.

Starboy, que también da nombre a este último disco, demuestra que los narcóticos, aunque sea en menor medida, siguen muy presentes en las canciones de The Weeknd.

“Las drogas han llegado a ser una muleta para mí”, confiesa a The Guardian. “En mi primer disco había temas de siete minutos, donde divagaba completamente colocado”, continúa. “No me veo haciendo algo así ahora mismo”.

Aunque ahora ha moderado su consumo, admite que sigue usando las drogas para inspirarse. “Incluso para este último disco, cuando tenía bloqueo creativo, me era imposible trabajar estando sobrio”, dice de Starboy. “Aunque ahora mismo, siento que lo tengo bajo control”, añade, “pero no puedo saber qué va a ocurrir en el futuro”.

En la entrevista, The Weeknd también hace balance sobre el pasado. Hijo de inmigrantes somalíes afincados en la canadiense Scarborough, Abel Testafaye fue abandonado por su padre en 1990, el mismo año en que vino al mundo. “Mi madre trabajaba en cuatro sitios a la vez; trabajos de madre soltera”, relata. “Era como lo ves en las películas”.

Reconoce que la película de los noventa que más le ha influenciado como escritor —por su estructura— es Sospechosos Habituales.

A los 17, tras escaparse de casa con un amigo, comenzó a tontear con los estupefacientes: ketamina, cocaína, MDMA, setas… Lo que le sobraba, lo gastaba en alcohol. “A esa edad, después de llevarte una hostia así, sueles tener una segunda oportunidad”, dice. “Y el siguiente movimiento que hagas después de tocar fondo, es el que determinará tu vida entera”.

Entre las distintas vías a escoger, reconoce que muchas podían haberle llevado “a la cárcel o a la tumba”.

Su siguiente movimiento fue, por fortuna, conseguir un empleo; en este caso, doblando ropa en American Apparel. Fue por aquel entonces cuando comenzó a escribir pensando en venderle su música a otros cantantes. “Era muy inseguro por lo que respecta a mi voz”, desvela.

Animado por sus amigos, finalmente se lanzó a cantar. Entonces, las drogas dejaron de ser algo recreativo para convertirse en una herramienta de trabajo; la única que le permitía pasar cinco noches sin dormir puliendo éste o aquél tema.

Sus tres brillantes mixtapes de 2011 hicieron de The Weeknd un valor emergente que no paraba de crecer: de héroe local del underground canadiense, a fichaje estrella de Republic Records; de niño mimado de la crítica musical, a ídolo mainstream.

“He trabajado toda mi vida en estas canciones. Así es como lo siento: incluso cuando no estaba trabajando en ellas, también lo estaba”.

Ahora, ya en la cima, Abel tiene su propio sello discográfico (XO), será la nueva cara de H&M tras David Beckham, y ha heredado guardaespaldas de Britney Spears (Big Rob).

Y aunque las drogas sigan estando presentes en su vida, parece que la misoginia, que mostraba en algunas de sus primeras composiciones, ha pasado a mejor vida. “Algunas de esas letras me parecen ásperas vistas ahora”, reconoce. “La mente de un crío de 19 años no es la misma que la de uno de 26”, se excusa. “Creces, te involucras en relaciones más sanas, conoces a más gente; gente mejor que con la que solías juntarte”, reflexiona. “Pero, cuando estás en un agujero negro, eso afecta negativamente a tu escritura”.

“No creo que tenga que pedir disculpas por ninguna canción que haya hecho, ni aún en el caso de que no esté especialmente orgulloso de su contenido”, termina. “¿Que si me preocupa la opinión que pudiese tener mi madre de una letra misógina? Claro”, reconoce.

“Pero, al mismo tiempo, creo que está feliz de que no haya acabado en la cárcel o muerto”.

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