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Culture

El director de 'Oldboy' ha adaptado una novela lésbica, y no le salido nada bien

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The Handmaiden: lo nuevo (y decepcionante) de Park Chan-wook

víctor parkas

05 Diciembre 2016 11:36

Desde que Oldboy nos descubriese a Park Chan-wook, el cineasta ha conseguido convertirse en el director coreano con más proyección fuera de sus fronteras —es decir, con más aceptación entre el público occidental.

La fama del surcoreano, paradójicamente, aumentaba según peor se volvía su cine. Exceptuando la cinta posterior a OldboyLady Vengeance, con la que cerró su notable trilogía sobre la venganza—, los últimos trabajos del surcoreano han ido de lo decepcionante —I’m a Cyborg— a lo directamente irrelevante —Stoker.

¿Es Chan-wook el autor coreano al que más se le perdona la vida? Es otra forma de decirlo.

El indulto del que disfruta Park Chan-wook hace que cada nueva película que estrena se convierta en un pequeño acontecimiento. En ese contexto, The Handmaiden llega hoy a los cines tras convencer en Cannes y llevarse el premio del público en certámenes como el de Sitges.

Ambientada en la ocupación nipona de Corea, The Handmaiden cuenta la historia de una criada coreana que se enamora de la japonesa adinerada a la que debe servir. Esta sinopsis, trasladada al universo Park Chan-wook, está, por supuesto, salpicada de suicidios, bondage y tentáculos.

Aún y situándose en la Corea de principios de siglo XX, lo primero que cabe señalar es que The Handmaiden es una adaptación libre de Falsa Identidad, novela de ambiente victoriano firmada por Sarah Waters.

Para los no familiarizados con la autora, Sarah Waters es una escritora galesa cuya literatura tiene como constante las relaciones lésbicas, tema presente en títulos como El lustre de la perla, Afinidad, Ronda nocturna o el propio Falsa Identidad.

¿Era la mejor idea dejar el material de Waters, adalid del romance lésbico británico, en manos de un surcoreano heterosexual?

Las insoportables dos horas de The Handmaiden dicen —a gritos— que no.

Aunque formalmente la película será reconocible para los fans de Chan-wook —el sello de contar los mismos acontecimientos desde distintos puntos de vista sigue vigente—, la mirada que arroja hacia la relación entre Hideko y Sook-Hee, las dos protagonistas de la película, es eminentemente masculina.

Así, las escenas sexuales de The Handmaiden sonrojan, pero por las razones equivocadas.

Dirigida también por un hombre, pero con un resultado distinto a la que nos ocupa, parece que La vida de Adele ha legitimado al cineasta varón para enfrentar historias con contenido lésbico de alto octanaje —con el beneplácito incluso de la crítica más reaccionaria.

Además de Hideko y Sook-Hee, el personaje más interesante para analizar The Handmaiden es Kouzuki, el tío coreano de Hideko. Coleccionista de libros e ilustraciones de contenido pornográfico, el anciano Kouzuki organiza performances sexuales —con su sobrina— para divertir a japoneses acaudalados.

¿Un coreano de avanzada edad obligando a chicas jóvenes a representar escenas de contenido erótico para su propia diversión y la de otros hombres?

Con The Handmaiden, desde luego, no hará falta ver el making off.

Claro lapsus freudiano del director, el personaje de Kouzuki sirve a Chan-wook para aglutinar todos los elementos bizarros y violentos de la película: además de pervertido sexual, el anciano también aparece cortando falanges a un prisionero, mientras un enorme pulpo que tiene de mascota se revuelve en su minúscula pecera.

Es evidente que Park Chan-wook intenta construir una fábula sobre el dominio: el de Japón sobre Corea; el de Kouzuki sobre su sobrina. Por desgracia, las intenciones del director se ven lastradas por una puesta en escena que, de opulenta, es incapaz de retratar correctamente la intimidad que necesitaba la historia de Sook-Hee e Hideko.

Que la película abra otros frentes —un triángulo amoroso entre Sook-Hee, Hideko y el hombre que aspira a conquistar a la japonesa­— tampoco ayuda a que Park Chan-wook se centre en una sola trama y la explote hasta sus últimas consecuencias.

Es decir, que haga aquello por lo que el público se puso a sus pies: urdir películas cuyo argumento quepa en una servilleta. A saber, “un tipo al que encerraron durante 15 años quiere vengarse”.

The Handmaiden, aunque laureada, viene dividiendo al público allá donde se proyecta: el espectador más joven la recibe con rechazo, mientras que los veteranos; aquellos que, en su día, dijeron que Oldboy parecía el trabajo final de carrera de un estudiante de cine, se deshacen ahora en elogios.

Además de recibir ovaciones, con The Handmaiden Chan-wook también ha sido acusado de machista. Aunque residuales, estas críticas demuestran, cuanto menos, la incapacidad de directores no hace tanto deslumbrantes por conectar con nuevas sensibilidades.

Probablemente, la mojigata The Handmaiden ganaría enteros —y fans— si Park Chan-wook hubiese apostado por el género de nuevo. Títulos de culto reciente, como The Duke of Burgundy, demuestran que un director varón sólo puede salir airoso al representar un romance lésbico si, por el camino, es capaz de volarlo todo por los aires.

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