Cultura

Terry Gilliam vence la maldición y termina su adaptación de ‘Don Quijote’ 17 años después

Por fin, el proyecto maldito del ex-Monty Python está terminado

culto.latercera.com

Cuando hablamos de películas malditas, normalmente esas películas existen. Las puedes ver, criticar, ignorarlas; pero existen. A menos, claro, que estemos hablando de The man who killed Don Quixote, la adaptación cervantina que Terry Gilliam lleva intentando levantar desde el año 2000. El rodaje, iniciado y detenido en varias ocasiones, que ha cambiado de reparto y equipo técnico, por fin, diecisiete años después, ha terminado.

Aunque parezca inaudito, Terry Gilliam ha terminado The man who killed Don Quixote.

Si ya de por sí se dice de Don Quijote que es una novela inadaptable, los quebraderos de cabeza que Gilliam ha tenido levantando esta película no tienen nada que ver con el trabajo intelectual que supone adaptar una obra de un medio a otro. No. Sus problemas, todos los que ha tenido la película, tenían que ver con lo material; eran problemas de producción. Muchos problemas de producción. Eran tantos, que dieron incluso para un documental, Lost in La Mancha, donde se cifraba el horror en el que se convirtió la grabación de la película.

Cuando el rodaje de ésta arrancó en el año 2000, con el equipo de Gilliam trasladándose a España, los problemas empezaron desde el minuto uno. El primer día de rodaje, Jean Rochefort (Don Quijote) descubrió que tenía una infección de orina y, por si fuera poco, Gilliam y los suyos se dieron cuenta que habían instalado su set demasiado cerca de una base militar: casi de forma ininterrumpida, los aviones sobrevolaban los decorados , haciendo imposible que el rodaje avanzara. 

Día 2: Una inundación arruina los decorados. Día 6: Rochefort, agonizante, tiene que ser trasladado al hospital, en el que le acaban interviniendo de una doble hernia. Johnny Depp, que en la película interpreta a un ejecutivo que viaja al pasado y es confundido con Sancho Panza, le dice a Gilliam que no piensa a esperar a que Rochefort se recupere. La producción se detiene, así como la financiación del filme, y una empresa alemana termina adquiriendo los derechos del guión.

Gilliam empaqueta todo y, destrozado, vuelve a casa.

La película, aun así, seguía viva. No solo por la fama que adquirió tras el estreno de Lost in La Mancha, sino porque, de tanto en tanto, aparecían noticias en las que quedaba patente la intención de Gilliam de rodar The man who killed Don Quixote costara lo que costara. Se barajaron nuevos nombres para interpretar los papeles principales: Ewan McGregor, John Hurt, Robert Duvall o incluso Jack O'Connell.

La quijotesca empresa del ex-Monty Python, finalmente, fue apadrinada por Amazon. Los papeles de Rochefort y Depp los retomaron, respectivamente, Jonathan Pryce y Adam Driver. La película, que ahora entra en su fase de postproducción, parece que ha dejado de estar tan maldita como lo estaba diecisiete años atrás. En un año, dos máximo, podremos verla, criticarla o ignorarla.

El problema, claro, es que 17 años han hecho mella en Gilliam. El director que nos fascinase con Brazil, Doce Monos o Miedo y Asco en Las Vegas, desde que The man who killed Don Quixote detuviera su rodaje por primera vez, no ha hecho otra cosa que decepcionar a sus fans con cada nuevo estreno. El último, The Zero Theorem, dejó claro que el director está cansado, y que ha perdido el pulso para hacer películas que diviertan a su público.

Quién sabe: quizás, incluso terminada, The man who killed Don Quixote siga maldita.

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