Cultura

El desgarrador caso de la hija que mató a su madre porque la hacía pasar por enferma

Una desgarradora historia que ahora explica 'Mommy Dead and Dearest', el nuevo documental de HBO

Una de las enfermedades mentales menos conocidas y que más miedo suscitan es el Síndrome de Munchausen. Pero no asusta por el daño que pueda hacer a quien lo sufre, sino porque siempre afecta a un tercer implicado: un niño que suele ser el hijo o hija de esa persona.

El trastorno afecta generalmente a madres que, pese a que tienen unos hijos sanos, los cuidan como si estuvieran gravemente enfermos. Lo que llegan a hacer con ellos es horrible. Añaden sangre a la orina o las heces del crío; no les dan de comer para que no engorden; o les dan fármacos para infectarles y provocarles vómitos.

HBO acaba de producir Mommy Dead and Dearest, un documental que pone de relieve uno de los casos más horribles que se han vivido por culpa de este síndrome: el de Dee Dee Blancharde y su hija Gypsy.

“¡Esa puta está muerta!”, con estas palabras, se anunciaba en una publicación de Facebook el mayor y único delito de Gypsy en toda su vida: el asesinato de su madre.

El 14 de junio de 2015, la niña (de ahora 23 años) que siempre había ido en silla de ruedas, que se alimentaba a través de tubos, que estaba extremadamente delgada y que supuestamente tenía siete años de edad mental, mató a su progenitora.

Así acababa con una vida condenada desde su nacimiento. Dee Dee estaba embarazada cuando se separó de su marido, Rod Blanchard. Para entonces, ella tenía 24 años y él solo 17. “Me desperté en mi 18º cumpleaños y me di cuenta de que no quería estar allí”, explicó Rod en un artículo de BuzzFeed.

De este modo, cuando tuvo a su hija, Dee Dee se obsesionó tanto con el vínculo entre ambas que elaboró un complejo sistema para mantenerla siempre a su lado: fingir que estaba enferma. “Si preguntabas sobre el diagnóstico de su hija, Dee Dee te daría una larga lista de síntomas: cromosomas  defectuosos, distrofia muscular, epilepsia, asma severo, apnea, problemas en la vista…”, explican en el reportaje.

Todo vendría derivado de una apnea y posterior leucemia que sufrió desde bebé, algo que supuestamente acabó con su capacidad para andar y la postró, para siempre, en una silla de ruedas.

Vía EW

Mientras Gipsy sufría, para quienes conocían a la familia era una niña desgraciada que tenía la suerte de haber encontrado a una madre soltera tan fuerte como la suya. Dee Dee no trabajaba, ya que todo el tiempo lo dedicaba a su hija “enferma”. Y Gipsy no iba al colegio, ya que necesitaba una educación especial que le impartía su madre.

El sufrimiento que Dee Dee le hacía pasar a su hija tenía otro objetivo: conseguir dinero. Al igual que ha ocurrido recientemente con la polémica del falso enfermo Paco Sanz, todo lo que tenía lo recaudaba por la situación de su hija. Hasta la casa en la que vivían fue construida por Hábitat para la Humanidad.

En definitiva, para el resto del mundo aquella familia de dos personas era un hito ejemplar. Así que, cuando Facebook avisó de la tragedia, todo el vecindario se reunió en su casa para ver lo que ocurría. Allí encontraron a Dee Dee apuñalada. Pero Gypsy había desaparecido.

De nuevo, el post de Facebook se actualizaba con un comentario de la cuenta de ambas (sí, la compartían): “REBANÉ A ESA CERDA GORDA Y VIOLÉ A SU DULCE E INOCENTE HIJA… GRITÓ TAN FUERTE JAJAJA”.

Vía KCTV5

Por lo que parecía, Gypsy no había sido la ejecutora del asesinato. Al menos, no ella sola. Como se supo después, tenía una doble vida en internet en la que huía de su madre contactand  o con solteros de una red cristiana. Allí conoció a Nicholas Godejohn, un hombre seis años mayor al que pronto confesó todos los problemas que tenía con su madre.

Ambos planearon la muerte de Dee Dee desde hacía meses, y además mostraron síntomas psicopáticos durante el juicio. Gypsy le pasaba fotos, por ejemplo, disfrazada de Harley Quinn y con un cuchillo en la mano. Parecían confundir constantemente la realidad con la ficción.

Finalmente, fue él quien mató a Dee Dee, pero Gypsy se mantuvo en la habitación de al lado, escuchándolo todo y riéndose, según sus declaraciones posteriores, porque por fin la habían liberado de su mayor lastre.

Después de descubrir el entramado detrás de toda la polémica, a Gypsy solo le cayeron 10 años de prisión, la pena mínima para un asesinato en segundo grado. Pero a la historia todavía le quedan muchos cabos sueltos por saldar, y Mommy Dead and Dearest promete resolverlos.

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