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Culture

Las inevitables contradicciones de ser una chica feminista fan de Joaquín Sabina

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"¿Por qué se supone que, siendo feministas, tendríamos que dejar de escuchar a Joaquín Sabina?”

víctor parkas

27 Marzo 2017 12:31

“Sabina es como si fuese parte de mi familia”, me dice Belén. A lo largo de esta semana, caigo en la cuenta: para sus fans, hablar de Joaquín Sabina sin hablar de genealogía es misión imposible. Andrea me habla de la guantera del Seat de sus padres, donde Sabina compartía espacio con Luz Casal y La Década Prodigiosa, y de cómo, cuando viajaba con ellos, “cantaba flojito las canciones de temática sexual”.

Marta recuerda El hombre del traje gris, álbum de 1988, como disco iniciático. “Mi padre me ponía ese K7 de Sabina todos los días, porque me encantaba”, recuerda. “Yo tendría entonces, ¿cinco? ¿Seis años?”. Belén, dice haber visto más conciertos del cantautor con su madre que con sus amigos —el último, el año pasado.

Las tres —Marta, Andrea, Belén— tienen entre 25 y 35 años, se declaran abiertamente feministas, y han sido, son y serán fans de Joaquín Sabina.

En la primera escucha de Lo Niego Todo, el nuevo trabajo de Joaquín Sabina, ya se localizan las líneas maestras del álbum. El cantautor, tras los depresivos Alivio de Luto y Vinagre y Rosas, firma un disco en el que, como meciéndose en un porche del sur de Estados Unidos, acepta y celebra su condición de “superviviente” —así se define él mismo en Lágrimas de mármol.

Lo Niego Todo es un muy buen disco de Sabina, con todo lo que eso implica. Canción de Primavera y Leningrado pueden tanto acompañar de por vida a sus fans, como resultar abominables para los detractores del cantante. “Si se te olvidan las bragas en mis últimos jardines, te regalo una biznaga de jazmines”. Frases así tienen el mismo potencial para producir alborozo, a paletadas, que para invitar a la quema de containers.

Otras expresiones del disco, como “acabaré como una puta vieja” o “mulatas de culo obsceno”, sirven también para recordarnos la polémica originada el mes pasado, cuando la periodista Lorena G. Maldonado entrevistó a Laura Viñuela, una musicóloga que, habiendo analizado las letras de Sabina, lo definió como “el típico cantautor progre que no reconoce su machismo”.

“Sin desmerecer ese análisis, pues todo lo que decía Laura tiene sentido”, me dirá Belén Remacha cuando le pregunte por la controversia, “decir que Sabina es un progre con letras machunas es como decir que el agua moja”.

Me las encontraba en sobremesas, festivales de música; me las presentaban amigos en común. Eran chicas que leían a Rebecca Solnit, pero reconocían Pastillas para no soñar como canción de la infancia. Te pasaban por el chat del MSN Adivina, Adivinanza, para más tarde hablarte del patriarcado y de las ‘gafas violetas’. Firmaban piezas en las que citaban a Gloria Steinem y, si les preguntabas por canciones favoritas, elegían Medias Negras y Peces de Ciudad.

Eran chicas que leían a Rebecca Solnit, pero reconocían ‘Pastillas para no soñar’ como canción de la infancia. Te pasaban por el chat del MSN ‘Adivina, Adivinanza’, para más tarde hablarte del patriarcado y de las ‘gafas violetas’.

“¿Es contradictorio que yo escucha a Sabina? Probablemente”, declara Marta, mientras que Andrea dice “estar harta de tener que significarme todo el rato”. En lo que respecta a Belén, defiende que “el patriarcado ya nos dice bastante lo que tenemos que hacer, como para que además nos autocensuremos. ¿Por qué se supone que, siendo feministas, tendríamos que dejar de escuchar a Joaquín Sabina?”.

Como no tengo respuesta a eso último, invité a las tres a escuchar Lo Niego Todo para conocer sus impresiones sobre el álbum, sobre la polémica y sobre cómo compaginar una perspectiva feminista con un cancionero que incluye Contigo o Ya eyaculé“vístete de putita, corazón”.

“Pues, tío, me ha gustado mucho”, me dice Marta de Lo Niego Todo. “Me lo puse tres veces, y el single (Lo niego todo) me parece muy bonito”. Días antes, cuando la llamo para proponerle participar el artículo, decía imaginarse el disco como una especie de Blackstar de Bowie; un disco de alguien que sabe que se va a morir. “Al final, me ha parecido un álbum bastante positivo”.

Andrea, por el contrario, dice haber experimentado “una sensación agridulce”, con un disco que no le apetecería volver a escuchar, pero que “a la Andrea de diez años le habría flipado”. A Belén no le gustó el single homónimo al disco, pero “Leningrado la verdad que es muy chula”.

“Si es cierto”, añade Marta, “que con Quien más quien menos, cuando dice lo de ‘mulatas de culo obsceno’, fue en plan: ‘Hostias, ¿esto qué es?’. Un recurso así en un disco de Sabina, hace diez años me habría parecido hasta bonito, pero ahora hace que me salte la alarma”, explica. “Pero eso siempre ha estado ahí; esos recursos. Sabina no ha cambiado”.

“La que ha cambiado he sido yo”.

Andrea, en cambio, sí que atisba diferencias entre el Sabina que ella admiraba y el de Lo Niego Todo. “Me perturba un poco darme cuenta que Sabina ha pasado de ser un trovador carajillero a un viejo verde con gatos que habla de ictus en sus canciones”.

Para lo bueno y para lo malo, Lo Niego Todo es puro Joaquín Sabina. Eso hace que acabemos ampliando el espectro, analizando su discografía, y la sensibilidad que hay en ella, como un todo. Dentro de esa sensibilidad, ¿localizan ellas el machismo del que habló Viñuela en su entrevista? “Lo que dijo la musicóloga de Contigo es verdad”, dice Marta, “pero, al mismo tiempo, la canto de memoria cuando me salta en reproducción automática de Spotify”.

“A nada que tengas una mínima conciencia feminista”, añade Belén, “es evidente que la cultura que representa Sabina es, si no machista, sí muy masculina. Los que se molestaron tanto con el análisis de Laura Viñuela es porque creen que, a no ser que algo sea explícitamente machista, va a ser feminista per se. Y es justo al revés: en nuestra cultura, todo lo que está dentro del sistema será patriarcal”.

Andrea hace un análisis parecido. “Más que machista, yo creo que el tío no es feminista. Y que, sobre todo, pertenece a otra época: una en la que palabras como ‘machismo’ las decíamos con la boca pequeña”, defiende, poniendo sobre la mesa algo que también señalan Marta, Belén y Brighton 64 en La Casa de la Bomba: el problema, seguramente, sea la edad.

“Sabina es un machirulo”, dice Belén, “pero no es lo mismo un machirulo de 70 años que uno de 25. No lo estoy justificando, pero mucho menos justificaría a los que vienen detrás de él”, añade, remarcando así la importancia del contexto. “Contigo está escrita hace 20 años; la escuchas ahora, y chirría, claro”, nos recuerda Marta. “Y que chirríe es bueno, porque significa que nuestra sociedad ha cambiado, así como la concepción que se tiene de la mujer”.

Para ellas, en ese nuevo paradigma, ¿tiene sentido seguir escuchando 19 Días y 500 Noches?

“Joaquín Sabina habla de cosas que han dejado de apelarme”, asegura Andrea, “aunque eso no hará que deje de cantar La del pirata cojo con mi hermano pequeño”. Marta, aunque también dice no comulgar con Sabina desde hace tiempo, asegura que, cuando vuelve a escuchar sus canciones, éstas le siguen gustando. “Y me vuelvo a poner todos los temazos, por nostalgia”.

Belén quizás sea la única que, sin que ni yo ni su nostalgia se lo pidamos, sigue escuchando a Joaquín Sabina. “No creo que deje de escucharlo nunca”, me dirá “porque tiene canciones que forman parte de mi vida”, añade, sabiendo que declararse feminista y fan de Sabina parecerá contradictorio a ojos de mucha gente. “Una cosa inherente al feminismo tiene que ser la autocrítica, y en un sistema patriarcal, una persona feminista va a caer en contradicciones”.

“Escuchar a Sabina puede ser una de ellas”.

Una cosa inherente al feminismo tiene que ser la autocrítica, y en un sistema patriarcal, una persona feminista va a caer en contradicciones. Escuchar a Sabina puede ser una de ellas

“A mí, ponerme un disco de Sabina hace que me dé cuenta de lo que he cambiado en estos años”, añadirá Marta, “y me congratula que, cosas que años atrás no veía, ahora me incomoden”. Belén, por el contrario, dice que analizar un producto cultural desde una perspectiva de género “hace que no lo disfrutes como antes”.

“Localizar cosas chungas en una canción es una mierda”, continúa Belén. “Pero eso no te amarga; al contrario: hace que te conozcas más a ti misma. Que yo vea en Sabina ciertos comportamientos machistas o letras patriarcales no me convierte en una persona cerrada de mente: ser cerrado de mente es no ser capaz de verlo, abstraerte de ello y disfrutarlo en la medida que puedas”, termina.

“Ser feminista es eso: disfrutar las cosas de otra manera”.

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