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Culture

"Nando Dixcontrol vive como si fuera un superhéroe, duerme 15 horas semanales"

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Hablamos con el director de 'Baila o Muere', una oda al excesivo DJ Nando Dixcontrol

víctor parkas

14 Noviembre 2017 06:00

"Baila o muere". La primera vez que escuché –leí– el amenazante lema fue en Fanhunter, un cómic de Cels Piñol. Lo pronunciaba un personaje llamado Nando Dixcontrol, un DJ que, tras un golpe de estado de orden censor, se veía obligado a organizar fiestas en clandestinidad. A la vez, se pluriempleaba como miembro de la resistencia, un grupo organizado –y armado– que luchaba contra la recién impuesta tiranía. Era, además de DJ, un action hero. “Nando vive como si fuera un superhéroe”, me dice Álex. “Duerme 15 horas semanales, 20 como mucho”.

La aguja del tocadiscos cae sobre Addicts To Vinyl. Son las 10:30 de la mañana.

Estoy en casa de Álex Salgado, co-director junto a Jorge Rodríguez de Ciudadano Fernando Gallego: Baila o Muere. Sin dobles lecturas, sinteticemos: Álex y Jorge han dedicado una película a Nando Dixcontrol. El DJ más icónico y excesivo de la ¿mal? llamada música mákina es diseccionado en una pieza audiovisual tan caótica, estridente y emotiva como su protagonista. Nando. El de verdad, pese a que “él”, dice Salgado, “piensa que es un personaje de cómic”.

“Para Nando todo es una misión. Siempre es: 'El objetivo es éste, tenemos que conseguir tal, tú tienes que hacer esto y tú tienes que hacer esto otro; yo me ocuparé de lo demás'. Su forma de proceder es marcial. Es una persona estrictamente ordenada, en su forma de colocar las discos, pero también cuando tiende la colada. Si sale de casa, siempre lleva consigo una mochila llena de cables; un pequeño kit con un ordenador, por si acaba yendo a casa de alguien, poner música”, me explica Álex, que lleva siguiendo a Dixcontrol desde 2008.

“Yo entro en casa de Nando pensando en escribir una biografía, porque intuyo que, música a parte, su historia es la de alguien que ha vivido bastante al límite”, recuerda Salgado. “Con lo que me acabo encontrando, es algo que no me podía imaginar ni por asomo”. Imagina: un hombre-bisagra entre la Ruta del Bakalao, el auge del makineo catalán y su posterior caída; una verborrea nostálgica a 188 pulsaciones por minuto; un superviviente de una Barcelona desaparecida y, a la vez, en lucha por negar esa desaparición. Y tralla. La hostia de tralla.

“Cuando entramos con cámaras en su casa, lo pillamos en muy mal momento”, recuerda Salgado sobre la incorporación de Jorge al proyecto. “Su segunda mujer le acaba de abandonar y es una época de muy poco trabajo para él. El tío estaba en la nada; en la mierda más absoluta. Pese a ello, dónde otro nos habría mandando a tomar por culo, él tuvo una generosidad increíble y se nos abrió como no lo ha hecho con nadie”, continúa el co-director. “Eso explica la honestidad y la carga emotiva del documental”.

Nando siempre se ha sentido la resistencia de Barcelona.

Álex Salgado

Porque Baila o Muere emociona: te hace moquear como una película de sobremesa o como pelarte las rodillas con siete años. Ver a Dixcontrol llorar con Soft Cell de fondo no ayuda. “A Nando le colgaron el sambenito de DJ makinero, pero el tío tiene las 15 primeras referencias de Underground Resistance. Coleccionaba y compraba mucha música, aunque luego no la utilizase en las sesiones: italodisco, spaghetti, acid house, tecnopop. Sus pinchadas en el Psicodromo, la discoteca en la que acabó viviendo, eran de un eclecticismo acojonante: no era lo mismo lo que sonaba a primera hora de la noche, que a última hora, que a primera hora de after”, puntúa el realizador.

“Cuando había afters, claro; eso daría para un documental por sí mismo”.

A parte de cifrar la intimidad de Dixcontrol, Baila o Muere sirve como necrológica de los afters barceloneses, del éxodo de la mákina al demonizante extrarradio, y de cómo la alcaldía socialista de Pascual Maragall dejó tocada de muerte la cultura club condal. “Las Olimpiadas han venido”, masculla el DJ en Baila o Muere, “y nadie sabe cómo ha sido”. La atracción que ejerce el largo es musical; su poderío, es político. “Lo de prohibir los afters mákina en 1994 fue...”, se detiene. “No sé si me atrevería a hablar directamente de persecución política, pero es cierto que los cambios sufridos por Barcelona tras los Juegos Olímpicos afectaron directamente a la carrera de DJs como Nando”. A la vez, la frenada pilló al pincha con el sueño alterado, ya para siempre. “Como te decía, no duerme más de 20 horas a la semana”.

“Nando le ha ganado el tiempo al tiempo: sin serlo aún, ha vivido tantas horas como ha vivido un anciano. Se acostumbró a trabajar de jueves a lunes, encadenando sesiones sin parar, trabajando en un horario continuo de 96 horas”, cuenta Salgado. “Digamos que tiene los biorritmos hechos fosfatina, destrozados. Eso también le provoca desordenes alimenticios: puede pasar dos días sin comer, y el tercero darse un atracón”, añade. Baila o Muere lo obvia en gran medida pero, ¿qué papel ha tenido y tiene la droga en ese todo? “Aunque no lo señalemos explícitamente, yo creo que salta la vista”, responde el co-director, que dice haber desechado un montaje anterior donde los estupefacientes tenían mayor presencia. “Pese a que la droga forma parte íntima del desempeño de su trabajo, decidimos no hacer prensa rosa de ello”, defiende.

Anna Gabriel de la CUP coincidió con él en un festival y se quedó flipada al verlo hablar. “Tú tendrías que ser político”, le dijo.

Álex Salgado

Más descartes de montaje: la vez que terminó en las baleares grabando, presentando y editando Ibiza 24 Horas para una televisión local de la isla. “Nando se instaló en la casa de un camello muy conocido, recorría Ibiza en Mobilette, y dormía entre toma y toma”, apunta Álex. “También quedó fuera de la película la vez que evitó la mili”, añade. “No fue insumiso: le llaman a filas, y el va. Se presentó allí con una cresta de tres palmos y la idea de escaparse en cuanto pudiera. Cuando los tenían ya a todos rapados y formando, el tío se come una pastilla de vitamina B12; lo que le dan a la gente que tiene un coma etílico, para reanimarla. Se come eso a pleno sol y se queda plegao, con unas convulsiones horrorosas y vomitando. De ahí lo llevan al hospital militar, dónde consigue que lo acaben internando en el ala de psiquiatría. Es justo lo que él quería: hacerse pasar por loco”.

“Aunque al principio parece que lo calan, termina burlando tanto a los médicos como los resultados de distintos tests: le diagnostican psiconeuropatía grave y lo envían de vuelta a casa”.

Para entender el por qué muchas de estas postales han quedado fuera de Baila o Muere, basta con cronometrarla: con un metraje de casi dos horas, el documental certifica que, a Nando, no hay quién se lo acabe. “Tuvimos que decidir dónde poner el freno”, dice Salgado, “por eso la película termina en su fiesta despedida, pese a que ahora Nando haya vuelto a pinchar”. Lo que ocurrió entre el final del rodaje de Baila o Muere y su estreno en el In-Edit, daría para otro peliculón. “Cuando se retira en 2013, hizo un esfuerzo enorme por convertirse en una persona normal: consiguió un trabajo en la inmobiliaria de su chica, puso en orden el tema informático de la empresa, e incluso, con su capacidad de persuasión, logró sacarles de encima algún local y algún piso maldito que no vendían ni a tiros”. ¿Problema? “Se aburría soberanamente”.

La cabra tira al monte. Nando, a cabina. Ya sabes: Baila o Muere. “Para Nando, el documental supone un colofón. En la presentación dijo que tenía que matar al personaje; que ésa sería su última aparición como Nando Dixcontrol. Yo es algo que ya he oído unas cuantas veces y luego no ha sucedido. Por su bien, y por el de todos, creo que esta vez debería cumplir su palabra; veremos”, termina Salgado. “Solo él es capaz de darle la vuelta; quizás la solución pase por crear otro personaje. O que ese otro personaje sea él mismo: Fernando Gallego”.

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