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Culture

Hablamos con Nacho Vigalondo de 'Colossal'... y de sus propios monstruos internos

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El director estrena ‘Colossal’, una película de cine fantástico donde se proyectan las sombras del ciberacoso y de la violencia de género

víctor parkas

30 Junio 2017 06:00

En Maquetas, un corto de Carlos Vemut, el twist final resignificaba lo que acabábamos de ver: los testimonios, que podían parecer los de las víctimas de un ataque terrorista, lo eran, en realidad, de un monstruo al estilo Godzilla. Si esta pieza se situaba en los límites del género, para explorar implicaciones de las que el material que la inspiró se despreocupaba –¿Qué pasa con toda esa gente aplastada por Mothra?– , Colossal, la nueva película de Nacho Vigalondo visita unos límites parecidos; toma impulso al llegar a ellos, dobla las rodillas, y salta.

Porque todavía quedan límites por explorar.

En Colossal Anne Hathaway se da cuenta de que, en circunstancias muy concretas, sus movimientos, cada brazo alzado, cada pie pisando firme el suelo, tienen réplica en los de un monstruo gigante que acaba de aparecer en Seúl. A partir de esa premisa, el director cántabro trepa las escamas de su propia criatura, en exuberante CGI, para revestirla de cosas mucho más terroríficas: el alcohol en bares con la persiana bajada; la crueldad maquillada con avatares; la mezquindad que hay en aplastar y linchar en diferido.

La violencia de género también, sí.

Colossal hace honor a su título: solo se la puede mirar desde abajo, con admiración y boca abierta. Es la película que confirma algo que Cronocrímenes, Extraterrestre y Open Windows sugerían: a Nacho Vigalondo, como al interés amoroso en una primera cita, los rascacielos le llegan por las rodillas.

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Ya llevas unas cuantas entrevistas, Nacho. ¿De qué no quieres que hablemos?

La pregunta que más se repite, la peor, es: “¿Cómo se te ocurrió esta idea?”. La respuesta a eso siempre va a ser frustrante, porque no hay un proceso anecdotizable sobre el origen de una idea. Las decisiones que tomamos rara vez tienen detrás un momento epifánico; rara vez las tomas al caérsete una manzana en la cabeza. Entiendo de dónde viene la pregunta, pero es muy difícil contestarla de una manera satisfactoria.

A mí me gusta pensar que, no sé si el origen, pero sí uno de los demonios que expías con ‘Colossal’ es, quizás, aquella polémica que viviste en 2011, cuando te viste envuelto en una escándalo por hacer una broma sobre el holocausto. Lo pienso porque Anne Hathaway se convierte en un monstruo cuando bebe, y aquel tuit, que también generó monstruos, empezaba con un “Ahora que llevo cuatro vinos en el cuerpo….”.

Es fácil ir ahí, claro. Aunque llevo explicando desde entonces que lo de “cuatro vinos en el cuerpo” era parte del chiste: yo no estaba borracho cuando lo escribí. La gracia era… La gracia era hacer de mi cuenta la de un neonazi que solo se ve capaz de confesar cuando está borracho. Me parece una idea muy graciosa, la de un negacionista que no se atreva a serlo sin beber antes. Dicho esto, es evidente que Colossal es una película inspirada por ciertos sentimientos y ciertas actitudes que nacen con internet.

¿Cuáles?

Los villanos de hoy están en internet, que es un herramienta que les permite operar a distancia. De repente, alguien escribe en Twitter un mensaje burlándose de “las gordas”, con la esperanza de que alguna chica que se considere a sí mismo gorda lo lea. Y sufra. Eso es un acto de sociopatía. No hay otra forma de definirlo. Es un tipo de maldad al que nos hemos acostumbrado. Por eso persiste.

¿Cuestiona eso de algún modo la noción clásica de “villano”?

Contradice su identidad, desde luego. El malo de James Bond siempre ha necesitado mirar a James Bond a los ojos, mientras le cuenta su plan maléfico. Había una necesidad de establecer contacto visual antes de cortarlo en dos con un rayo láser. Los villanos de los que habla Colossal, en cambio, preferirían morir antes que mirar a los ojos a sus víctimas.

Es preferible morir a hacerse un ovillo, supongo.

Claro, cuando ese villano mira a su víctima a la cara, reacciona con un: “No, ese no soy yo, es un personaje que me he creado”. La película explora ese tipo de actitudes. El villano de Colossal es un personaje ordinario, mediocre, pero que en un momento dado incurre en un genocidio. ¿Por qué alguien se convertiría en un genocida? Porque no mira a la cara a sus víctimas.

‘Colossal’ es tu primera película con protagonista femenino. Es una gran noticia, porque me da la sensación que en tus anteriores trabajos los roles femeninos siempre orbitaban alrededor de los masculinos: Bárbara Goenaga en ‘Cronocrímenes’, Sasha Grey en ‘Open Windows’…

La mujer como dispositivo, ¿no? La verdad es que yo no plasmo de forma consciente ningún discurso en mis películas, pero el otro día un amigo me hizo ver que llevo hablando de los mismo desde que hacía cortos. Desde 7:35 de la mañana, estoy dando una visión de la masculinidad desde el cuestionamiento, señalando toxicidades, orgullos y egoísmos; pero, aunque eso sea noble, en 7:35 de la mañana hay una tía a la que no le doy ni una línea de diálogo. No le permito ni que abra la boca. Me he dado cuenta de que ésa ha sido una constante en mis trabajos: ser crítico con la perspectiva masculina, pero dejando de lado el punto de vista femenino. Son lacras e inercias a vencer. Deudas de ese tipo tengo muchas, y estoy intentando solventarlas.

¿Hay en eso un miedo a no ser capaz de crear un personaje femenino con suficiente entidad? Por ser guionista varón, me refiero.

El gran problema de los guionistas hombres es que pensamos que escribir un personaje femenino es como cruzar una gran frontera o intentar hablar en otro idioma, como si hombres y mujeres fuésemos razas de Pokemon distintas. La Gloria de Colossal, en este caso, es un alter-ego mío en más de un sentido. La escribo en un momento depresivo, y la película termina hablando de mis propios problemas y de mi incapacidad para enfrentarme a ellos. Así, Anne Hathaway sería una proyección de mí mismo, pero también de mucha otra gente que he conocido a lo largo de mi vida.

Si te consideras feminista siendo tío, más que dedicarte a señalar a los demás, es mejor señalarse a uno mismo y dialogar con esas voces que bullen dentro ti y que, en un momento dado, pueden ser incómodas

Recuperando lo que decías antes, de la villanía en internet, creo que el hecho de poner a una mujer enfrentándose a eso le da unas implicaciones a la historia que jamás tendría si el protagonista fuese un tío.

Sí, claro. Originalmente, el protagonista era un hombre. “A ver, tenemos aquí a un tío, y aquí éste otro tío. ¿Por qué podrían pegarse? Por una mujer”. Tenía ese tipo de estructura que viene ya dada, y reconozco que era tremendamente aburrido escribir algo así. Cuando me planteé la posibilidad de hacer que una mujer fuese la protagonista, poner a una mujer a pelear con un hombre, la apuesta de la historia creció de repente. Solo con esa decisión, la historia se dispara. Cambia de escala por completo.

¿Eso, para ti, en qué se traduce?

Cuando define por qué se pegan un personaje femenino y uno masculino, te das cuenta de que en la película van a proyectarse sombras muy delicadas: la violencia de género, el abuso, el acoso… Ahí es cuando la película se adentra en un territorio que no le corresponde, porque tiene chistes, robots gigantes y monstruos, pero a la vez está hablando de realidades escalofriantes. Eso es muy atractivo a la hora de trabajar en un guión.

Me comentabas que en USA la habían comparado con ‘Get Out’, ¿no?

Estoy muy orgulloso de eso, y de que se esté empezando a plantear la posibilidad de tratar problemáticas sociales sin necesidad de dar sermones. Muchas veces, el cine social lo tiene todo ganado, solo por el mero hecho de tratar según qué temas, sin preocuparse en divertir o sorprender al público en un momento dado. Si puedo hablarle de un tema serio e incómodo al espectador que viene a ver Colossal por los chistes y los efectos especiales, yo encantado. Es como atravesar un territorio nuevo, de algún modo.

La película se inicia con Gloria volviendo a su ciudad natal después de que su vida en Nueva York haya fracasado. Cuando tú vuelves a Cabezón de la Sal, el pueblo en el que naciste, ¿experimentas el mismo tipo de desconexión que muestras en ‘Colossal’? ¿Te sientes así de deshubicado?

La película es más bien una especulación de eso: ¿Y si algún día tuviese que volver al pueblo porque ya no tengo dinero para pagar el alquiler? Ahora me las doy de progresista; me veo sofisticado y encantador por vivir en un entorno feminista; pero, ¿hubiera sido así si no hubiese conseguido entrar en la universidad? Por poco no me cogen: fui el último de mi promoción. Y cuando digo el último es, literalmente, el último: entré por una décima en mi nota de selectividad. Y, claramente, cambió mi vida entrar.

¿Qué estudiaste?

Comunicación Audiovisual. Pero, como te digo, de tener una media más baja, no me hubiesen cogido. Podría haber acabado como Jason Sudeikis en Colossal: sin salir del pueblo; marcado por el rencor, la frustración, el aburrimiento. Él no soporta la idea de que una chica con la que convivió de niño, Gloria, sea más exitosa que él. Si te consideras feminista siendo tío, más que dedicarte a señalar a los demás, es mejor señalarse a uno mismo y dialogar con esas voces que bullen dentro ti y que, en un momento dado, pueden ser incómodas.

¿Una de esas voces que bullen dentro de ti es la de Sudeikis en ‘Colossal’?

A nivel especulativo, y aunque es duro reconocerlo, también me he proyectado en él, como te decía. Y el suyo es un personaje que no puede ser más terrible. Cuando él y Gloria se pegan en Colossal, hay algo de pelea interna: una en la que se enfrentan lo que soy y lo que no quiero ser.

No me di cuenta de lo terrible que era el personaje de Sudeikis hasta que la trama estaba ya muy avanzada. Y es algo que a mí también me preocupa reconocer.

Mi objetivo era ése: que te sorprendiera lo repulsivo que acaba siendo en un primer visionado, pero que cuando ves Colossal por segunda vez, lo notes desde el primer momento. Es algo que también pasa en la vida: cuando alguien te decepciona, tú no lo percibes como una transición leve, sino como una sorpresa brusca que te hace ver desde una perspectiva nueva todos los eventos que has vivido con esa persona.

El cine es un entorno ferozmente clasista

Aunque ya habías trabajado con actores internacionales, ésta es tu primera película de producción americana. ¿Qué cambios ha supuesto eso para ti?

Seguimos pensando en el cliché del director que llega a Estados Unidos con una maleta llena de sueños y un billete de 50 euros en el bolsillo. Y entiendo que prevalezca ese cliché, pero, aunque he rodado la película en América, yo nunca he pasado más de dos meses fuera de Madrid. La mitad de las cosas las he resuelto por el Skype; las conversaciones con el compositor de la banda sonora, por ejemplo. Aunque la mayoría de ofertas de empleo que me llegan vienen de fuera, no tengo planes de irme a vivir a Estados Unidos.

¿Qué dirías que te empuja a quedarte?

Toda la gente que me hace sentirme seguro están en Madrid y Barcelona, y Los Ángeles no me ha enamorado como sí que lo hubiera hecho diez años atrás. No ha llegado a conquistarme. Luego está el hecho de que soy un acumulador. Desde niño, acumulo cómics, libros, películas… Cuando veo a Tom Skerrit en Alien introduciéndose en ‘Madre’, esa traducción electrónica de un útero materno, digo: “Ése es mi piso”. Hay una parte de mí que no ha madurado y necesita un útero donde vivir. Un útero lleno de películas y juegos de mesa.

Esa faceta infantil, ¿no se dispara cuando alguien como Kevin Smith te invita a su podcast? ¿No se vuelve loco tu adolescente interior?

Eso es increíble, sí. Pero con ese adolescente tengo que dialogar constantemente. Debo hacerlo, porque el cine es un entorno clasista. Un entorno ferozmente clasista. En el momento que dejas de hablar con ese adolescente que flipa con todo lo que te pasa, empiezas a conducir el deportivo con una actitud muy distinta: empiezas a creer que mereces estar donde estás; a pensar en términos de status; a creer que mereces más. Tienes que recordarte constantemente que hay un adolescente dentro de ti pasándoselo pipa con todo esto. Si pierdes esa perspectiva, te conviertes en uno de los malos. Estoy convencidísimo de ello.

¿En qué fase está ‘Supercrooks’, la adaptación del cómic de Mark Millar (‘Kick-Ass’) en la que estabas trabajando? ¿Será tu siguiente película?

Lo veo complicado. Es un proyecto propiedad de un estudio, y tras la mala acogida de Suicide Squad no creo que realmente quieran apostar por otra historia protagonizada por supervillanos. No puedo hacer otra cosa que esperar, pero me mantengo en activo. Ahora estoy estudiando los efectos de la depresión, y puede que mi siguiente guión vaya por ahí.

¿Estudiando la depresión a qué nivel?

Me estoy estudiando a mí mismo, en un momento en el que me encuentro negociando con la depresión. Todas mis películas, y cuando digo todas es todas, nacen de un sentimiento más o menos depresivo: cuestionamiento, decepción, cierto tipo de dolor… Pero lo próximo que haga puede ser mi respuesta a Melancholia de Lars Von Trier. Una respuesta a Melancholia que se titule Bajona (risas). El planeta Bajona nos ataca y tenemos que hacer algo al respecto.

¿Es ‘Twin Peaks’ consuelo? ¿Cómo es llevar la promo de ‘Colossal’ a la que vez que tu serie favorita se vuelve más y más chalada?

Twin Peaks es todo lo contrario a hacer promo: es un manantial. Un manantial de agua cristalina. Uno al que llego después de subir un sendero y en el que baño mi cabeza. Bebo, me refresco la nuca, y luego bajo otra vez. Vuelvo al pueblo. O sea: Twin Peaks me está dando la vida. Creo que es el único producto cultural del que puedo disfrutar plenamente a día de hoy.

Es muy divertida. No sabes que va a pasar no al siguiente capítulo, sino al siguiente minuto.

Al siguiente encuadre. Yo creo que nunca volverá a pasar algo a esa escala: la nueva temporada de Twin Peaks es un accidente supremo. Y está siendo más memorable y sincrónica con su tiempo que la serie original. Te lo dice alguien a quién la serie original le hizo en más de un sentido, de la misma forma que hay música que te convierte en gótico, que hay música que te convierte en rocker, y que ver Quadropenia te hace mod, a mí Twin Peaks me hizo algo.

¿Te gustaría añadir algo más, para terminar?

Solo te puedo decir que, si me pidieses especular con cómo será el último capítulo de la serie, no podría darte absolutamente ninguna referencia (pausa). Igual es un remontaje con fragmentos del debate de la moción de censura a Rajoy. Podría serlo. Podrían haber comprado los derechos.

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