Cultura

Nacho Escolar sobre Meteosat: "En dos años, cometimos todos los errores posibles"

Antes de dirigir ElDiario.es, Escolar tocaba el teclado en un grupo de ‘tontipop’ llamado Meteosat. Hablamos con él de esa convulsa época en la que sonaba en Los 40, daba conciertos en Disney Channel y grababa discos homenaje a Enrique del Pozo

Nunca sé muy bien qué cara poner cuándo alguien me pone música con su móvil en plan tienes-que-escuchar-esto. Me sale asentir, mirar fijamente la pantalla y esperar a que todo pase. Ahora estoy en uno de esos trances: Nacho Escolar, director de ElDiario.es y analista de actualidad política en diversos programas de televisión, sostiene su teléfono mientras suena Ghost. “Esto es Decodek, un grupo que tenía con Marta Peirano, que ahora trabaja conmigo en El Diario”, me cuenta. Luego, Nacho, desde su Soundcloud, me pondrá un remix de esa misma canción. “Sigo componiendo, pero ahora tiro más hacia la electrónica”.

Pocas personas lo saben, pero Escolar tiene un estudio de grabación en casa. “Tengo mi bajo, mi guitarra, un montón de teclados y un ordenador cargado de RAM”, corrobora. Cuando se va de vacaciones, mete en la maleta un teclado mini y hace música. “Es una manera de relajarme, no algo que haga con ninguna otra ambición”, dice. Aunque no siempre ha sido así: Escolar, junto a Eduardo Carrasco, Diana Aller, Verónica Fernández y Borja Prieto, fue uno de los componentes de Meteosat. ¿Los de Vilma, ábreme la puerta? Los de Vilma, ábreme la puerta.

Galardonados con esa discutible distinción que se acabó llamando ‘tontipop’, Meteosat quisieron ser muchas cosas, las fueron casi todas, y ardieron en el frenesí de su propia fugacidad. Sus letras eran naifs, pero gamberras; su público natural era el indie, pero daban conciertos en el Club Disney; su ambición era ser mainstream, pero le dedicaban canciones a Barbarella. Lo fueron todo, lo fueron a la vez y, de golpe, dejaron de ser.

En octubre, se cumplirán 20 años desde que Elefant Records publicase el primer EP de del grupo, Los Idiomas Vivientes. Coincidiendo con la efeméride, nos citamos con Nacho Escolar, teclado y bajo de Meteosat, para hablar sobre música pop, sobre la industria discográfica y, por encima de todo, sobre como una broma íntima terminó convertida (glups) en un grupo de multi.

Meteosat surge como una broma a la crítica musical

Remontémonos a los orígenes, es decir: a la habitación en casa de tus padres. ¿Qué discos te cambian la vida entonces?

Mi primer LP en vinilo fue el Pump Up The Jam de Technotronic, que es un disco que me sigue gustando muchísimo. De adolescente, escuchaba mucho pop. Y mucho grunge: ten en cuenta que yo nací en 1975, con lo que llegué a la adolescencia en los primeros noventa. Aun así, tenía predilección por grupos de la Movida Madrileña como Derribos Arias, Pegamoides o Glutamato Ye-Yé. Incluso por cosas más comerciales, como Mecano. Luego, cuando empecé a salir de marcha con 18, empecé a interesarme por el indie: íbamos al Maravillas, en Madrid, y al Apolo, cuando subíamos a Barcelona.

Entonces, ¿fue el indie la primera escena musical de la que participaste?

Bueno, del indie que vino después del noise y antes del boom de la música electrónica, sí. Era como la segunda ola del indie español, cuando se pasó de cantar en inglés a cantar en castellano. Nuestra generación se lo tomaba todo con más humor; nos mirábamos menos las zapatillas. En el primer indie todo eran antiestrellas, oscuridad e intelectualismo, mientras que nosotros lo único que buscábamos era divertirnos. Nuestra escena se parecía más a la Movida, en humor y actitud, que a esos grupos indies con letras en inglés que, por su acento horroroso, no entendía absolutamente nadie.

¿Dirías que esa segunda ola, más festiva, fue un revulsivo contra el indie anterior?

En parte, pero era un indie que nosotros también consumíamos: si tocaban Automatics en el Maravillas, íbamos a verlos.

Me decías que sentías la segunda escena del indie muy cercana a la Movida Madrileña. Frente al debate de si ésta fue o no una maniobra de self-promotion para el entonces alcalde de la ciudad, Tierno Galván, ¿tú cómo te posicionas?

Es una revisión, la de la Movida, que conecta con toda la revisión política a la Transición. El planteamiento político de que como la Transición fue una gran mentira, también lo fue su música, me parece un poco exagerado y no estoy de acuerdo con él. Creo que en la Movida se hicieron cosas muy interesantes, tirando más de cara que de talento musical: los grupos tocaban muy mal, tenían muy pocos medios técnicos y lo que primaba era la diversión. Para mí, no tiene nada de malo tomarse las cosas con humor, divertirse y hacer de la música un entretenimiento. No en vano, nosotros, con Meteosat, formamos parte de la primera generación que reivindica la Movida.

Hablemos ya de Meteosat. ¿Cómo nace el grupo?

Hubo una época en la que, estando enrollado una chica, tenía discusiones eternas con ella sobre cómo se creaban las tendencias musicales y sobre por qué, de repente, unos grupos se ponían de moda y otros no. Los dos pensábamos que, en este sentido, el marketing era un factor determinante. Así que decidimos hacer un experimento: grabé una maqueta, yo solo, en casa, con un casiotone y tres efectos, y ella, Diana (Aller), la mandó al concurso de maquetas de Rockdelux. Luego, se dedicó a mandar cartas a la revista, desde distintos puntos de España, elogiando a nuestro “grupo”, diciendo que nos había visto en directo y que éramos buenísimos. También dejaba mensajes en el contestador de Diario Pop, en Radio 3, diciendo que éramos cojonudos (risas). Conseguimos crear un hype de la nada, sin dar ni un solo concierto.

© Miguel Ovelar

Ese grupo ficticio, ¿era ya Meteosat?

No, al concurso de Rockdelux nos presentamos con el nombre de Skylab y, entre 3.000 aspirantes, logramos llegar a la final. Aunque no ganamos, la estafa fue tan tremenda que conseguimos quedar los terceros (risas). El grupo surge así: como una broma a la crítica musical. A Diana y a mí, pese a que ya no estábamos enrollados, nos divirtió tanto la experiencia que decidimos montar una banda con amigos suyos y míos. Todavía como Skylab, damos un concierto en el BAM, en el Moll de la Fusta; fue horroroso, porque estaba lloviendo y casi no podíamos tocar. Como salió tan curioso ese directo, acabamos montando Meteosat.

¿Eran similares Skylab y Meteosat?

La maqueta fake de Skylab era instrumental, pero sirvió de base para las primeras canciones de Metosat; para canciones como Radio España 2000 o Rescate Espacial en Alfa Centauro. Y el impacto fue distinto: con Meteosat, teníamos a multis peleándose por nosotros. Incluso así, en dos años cometimos todos los errores posibles y nos terminamos separando. Yo estoy orgulloso de lo que hice; no me arrepiento para nada. Y el disco que grabamos me sigue gustando.

¿Te refieres a 'Espunk!'? El disco sonaba a twee speedico, ¿cuáles eran vuestras influencias?

Estábamos obsesionados con Pegamoides y Dinarama. Pero obsesionados. También con Kaka de Luxe. Con La Mode. En lo que respecta a influencias extranjeras, a mí siempre me gustado el tecnopop, con lo que me fijaba mucho en grupos del tipo Pet Shop Boys.

¿Y Fresones Rebeldes? A los dos os pusieron etiquetas como ‘ñoñipop’ o ‘tontipop’, ¿te molestó que se te asociase con términos de ese tipo?

Fresones eran contemporáneos; coincidíamos con ellos en festivales, como coincidíamos con Astrud y con Dover. Sobre lo del tontipop, yo creo que fue una venganza del Rockdelux, por lo de la maqueta (risas). Es broma. No tengo ni idea de qué crítico musical la acuñó.

En 'Vida Mostrenca', Jordi Costa dice que fue Antonio Baños.

Puede ser. Tiene gracia, porque yo esto con Antonio no lo he hablado (risas). Me llevo muy bien con él: era patrono de ElDiario.es antes de meterse en política. Y le pega mucho haberse inventado lo de tontipop (risas). Volviendo a tu pregunta, creo que ese término les hizo más daño a Fresones que a nosotros, porque sus letras –de forma legítima- eran más dulces y ñoñas. Nosotros éramos más macarras, irónicos y provocadores que Fresones; en ningún caso éramos ñoños. Fresones, que me gustan mucho, si lo eran a veces.

Volvamos a 'Espunk'! ¿Cómo consigue un grupo indie sacar un primer LP con una multi?

Nuestro manager era un amigo de la familia de Borja (Prieto) que había estado mucho tiempo relacionado con la industria de la música; conocía a un montón de gente. Consiguió que a nuestro primer concierto viniesen un montón de ejecutivos de grandes discográficas. Durante el concierto, entre nuestros amigos, había un señor mayor, bailando muy acelerado. Cuando acabamos de tocar, se no acerca una chica de nuestra edad y nos dice: “El Señor Cámara os quiere conocer”. ¿Quién es el Señor Cámara? “José María Cámara, el presidente de BMG-Ariola”. Esa fue la primera y única vez que hablé con José María Cámara. Se presentó y nos dijo: “Lo que me ha pasado con vosotros solo me ha pasado tres veces: la primera fue con Radio Futura; la segunda, con Mecano; la tercera, esta noche, con vosotros. Venid el lunes a mi despacho. Estáis contratados”. Todo muy peliculero. No le volvimos a ver.

© Miguel Ovelar

¿Os dejó tirados?

No: el LP lo empezamos a grabar con Cámara y RCA. El problema es que, aunque se encaprichó mucho con nosotros, cuando vio las primeras grabaciones no le gustamos: pensaba que Mi Novio es Bakala era una broma que no iba a entender nadie. Pasamos de ser los nuevos Mecano a ser un bluff y, tras sacar un EP con RCA, nos traspasaron a Universal. Allí, con las cifras de venta actuales, se nos habría considerado un grupo exitoso: vendíamos cerca de 8.000 o 10.000 discos. Pero, por aquel entonces, esas cifras eran propias de un grupo que lo intenta y no acaba de cuajar. La industria discográfica de aquellos años era así: invertían en diez grupos que ellos consideraban creativos o diferentes, y recuperaban con uno lo que habían perdido con los otros nueve. Nosotros fuimos de los nueve con los que perdieron.

Pasas prácticamente de grabar en tu casa a grabar en los estudios de Universal. ¿Guardas alguna anécdota relacionada con aquella experiencia?

Grabamos el disco en Sonoland, un súperestudio. Al lado de dónde estábamos nosotros, en el estudio “barato”, estaban grabando unos tal Estopa. Nos cayeron muy simpáticos, pero no entendíamos nada de lo que hacían: nos parecía marciano eso de la rumba. Y, supongo, a ellos les pasaba el mismo con nuestro tecnopop. Si nos llegan a decir entonces que Estopa arrasarían y nosotros fracasaríamos, no nos los habríamos creído.

En ese “fracaso”, ¿hasta qué punto tuvo culpa la multi? La promo era esquizofrénica: estabais, a la vez, en Los 40 y en Club Disney.

La promo en aquella época era una cosa bastante marciana. En la multi te hacen promo de multi, es decir: para todos los públicos. Lo del Club Disney tampoco fue una cosa a la que nos opusiéramos tanto en su momento; entonces, parecía una buena idea. Cometimos errores mucho mayores que ése. Por ejemplo, participar en un disco homenaje a Enrique del Pozo con una versión de Caca, culo, pedo, pis que da vergüenza ajena. De hecho, ni siquiera la tocamos nosotros, sino músicos de estudio. Era un horror y no tenía nada que ver con lo que hacíamos: sonábamos más bien como los Living Colour. Al principio nos pareció una gracieta divertida, pero el resultado final fue ridículo. Queríamos ser mainstream y no llegamos a ser nada.

En ese disco, Enrique del Pozo y Amigos, también participaban Camela y Los Pecos. Declarase fan de esos grupos, ahora, puede hacerte quedar como alguien cool, pero, ¿cómo se lo tomó entonces la escena indie?

En la época no lo entendió nadie. También es cierto que, por nuestra parte, había un discurso anti-indie: lo que queríamos era ser famosos y vender muchos discos. Nuestro afán era hacer algo mayoritario y que nuestras canciones llegasen a mucha gente. Para nosotros, lo del grupo solo era divertido si éramos capaces de salir en los 40.

Y salisteis. ¿Qué falló entonces? Hay muchos rumores alrededor de los problemas internos que había en Meteosat… ¿Eran reales?

Completamente reales. Los tuvimos. Acabamos fatal. Había un conflicto entre los que nos encargábamos de la música (Edu, Vero y yo) y los que llevaban la parte del marketing (Borja y Diana); aunque, la principal bronca, era entre Diana y yo. Viéndolo con perspectiva, me he dado cuenta que las dos partes éramos necesarias para que el grupo funcionase; pero, entonces, acabó siendo una relación muy complicada de llevar. Diana es una chica con mucho talento, pero con una vida interna muy difícil; es la única del grupo con la que no hablo desde hace años. El hecho de que hubiese sido medio-novia mía un tiempo, novia muchos años de Edu y, en aquel momento, novia de Borja, con el que tendría hijos, hizo que todo fuese tremendamente complicado. A eso hay que sumarle los problemas y discusiones que surgieron durante la grabación de algún tema…

Con Meteosat, teníamos a multis peleándose por nosotros, pero en dos años cometimos todos los errores posibles y nos terminamos separando

¿Cuál de ellos?

Vilma.

Es mi canción favorita de Meteosat

Yo la detesto. A esa canción le tengo mucha manía.

¿Por alguna razón en concreto?

Nos trajo un montón de problemas, porque pensábamos que era original y resultó ser una versión de una banda de Burgos. Tuvimos que parar parte de la grabación, porque teníamos que dar con el grupo para pedirle los derechos.

¿Cómo os enterasteis de que la canción no era original?

Diana llego a un ensayo cantándola, nos pareció guay, y decidimos incluirla en nuestro set. La escribimos, le pusimos música y la empezamos a tocar en directo. En un concierto, se nos acerca Sergio de El Niño Gusano y nos dice que esa canción es de un grupo de Burgos del año de la tana. Nosotros pensábamos que era de Diana y de su pandilla de Burgos, pero no: en realidad compartía algunas estrofas con otra de una banda maquetera llamado Sesión Continua, y lo descubrimos cuando Vilma ya estaba grabada. Estuvimos a punto de cometer un plagio, y la revelación de Sergio nos salvó de milagro.

¿Es eso, sumado a las trifulcas musicales, lo que te hace abandonar el grupo? ¿Por qué dejas Meteosat?

Recuerdo perfectamente el día en que decidí dejar la música. Estábamos en Barbastro, el pueblo donde se fundó el Opus Dei, en unas fiestas locales, donde íbamos a dar un concierto al aire libre. Cometimos el error de probar sonido con los técnicos sobre el escenario: con un golpe de viento, a uno de ellos se le cayó una escalera sin asegurar y casi me mata. Yo estaba tocando el teclado y, de pronto, me cae sobre el cuello una escalera de tres metros. No me pasó nada de milagro, pero me dije: “¿Qué he hecho yo con mi vida para venir a morir a Barbastro, durante una prueba de sonido?” (risas).

Joder… (risas)

Otro momento similar: vamos a tocar a Salamanca; terminamos; salimos de fiesta; nos emborrachamos; nos dan las mil de la mañana. Yo, que había ido combinado mi actividad de periodista con mi actividad musical, para irme a tocar a Salamanca había tenido que dejar grabada una sección sobre internet que hacía para los informativos de Telecinco. Cuando llego al hotel, a las 7 de la mañana, completamente perjudicado, enciendo la tele. Y salgo yo. Perfectamente sobrio. Hablando sobre nuevas tecnologías. Me dije: “¿Pero qué estoy haciendo yo aquí?” (risas). Me di cuenta de que tenía otra vida; una por la que de verdad quería apostar.

¿Fue tu paso a la madurez, de alguna forma?

En parte; Meteosat fueron mis veintipocos. Pero también fue el darme cuenta de que era muy difícil dedicarte profesionalmente a la música. Veía la vida que llevaban los grupos a los que “les iba bien”, y no era una vida: con mucha suerte, acababas con problemas de hígado y montando un bar. Yo no me veía con 30 o 40 años de gira, en una furgoneta; en cambio, si me veía dedicándome al periodismo. Continúo haciendo música, pero como hobby: hace mucho tiempo que no doy ningún concierto. Y tengo mono: me apetecería un montón tocar en directo. Ojalá pudiese convencer a mis compañeros de Meteosat para hacer un come back; sería genial poder dar un par de conciertos.

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