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Culture

Lil Moss, el trapero tranquilo: “El rollo ese del beef me parece una tontería”

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Lil Moss viste túnica y hace trap (aparentemente) inocente. Pero, ¿quién es realmente?

víctor parkas

20 Diciembre 2016 12:42

“Yo, si tengo que ir a hacer pequeños recados por el pueblo, voy en túnica”, me cuenta Lil Moss, cuando le pregunto por Jeque Árabe, un vídeo donde aparece, precisamente, en túnica y con la típica kufiyya que llevan en la cabeza los altos cargos de Oriente Medio…

… y en cuya letra dice ser “cocinero de anfetas”.

“Soy musulmán practicante, y creyente, pero no me identifico con los islamistas más drásticos”, continúa explicándose. “Lo que no quiere decir que beba o me drogue, que nunca lo he hecho; pero no por convicciones religiosas, sino porque no lo considero una necesidad”, zanja.

“De hecho, no me gusta que por hacer trap la gente dé por hecho que tomo drogas”.

Viendo los vídeos de Lil Moss, una de las tres patas del grupo Damed Squad, es tan fácil dar cosas por sentado como, a la vez, no dar crédito. ¿Se está riendo del trap desde dentro? ¿Muestra una imagen paródica de sí mismo, o es realmente así? “Lo segundo”, contesta. “La gente que me conoce, sabe que lo que ve en mis vídeos es lo que soy”.

Lo que es: Mourad Tabtab, 20 años, natural de l’Ametlla del Vallès (Barcelona). “Nací aquí, pero mis padres son de Marruecos”, me explica. “Ahora es diferente, pero cuando yo era pequeño, era el único niño marroquí del pueblo”, recuerda; aunque asegura haber tenido una infancia y adolescencia felices. “Si no canto cosas gangstas es porque yo no he vivido nada de eso”.

Si tengo que ir a hacer pequeños recados, voy en túnica. Soy musulmán practicante, pero no me identifico con los islamistas más drásticos

En lo que incide Mourad con sus letras es, justamente, en lo que significa ser hijo de inmigrantes en el extrarradio (del extrarradio) de Barcelona. “Gucci, Channel, Prada, Armani / Marcas que no puedo vestir / McLaren, Lexus, Porsche, Bugatti / Coches que no puedo conducir”, canta, junto a su compañero Mishii, en Chrome Metal. “Tú me miras por encima del hombro / Porque vistes de marca / Tienes mucho oro”.

“Sé que la música no me va a dar para comprarme un coche o una casa”, me dice Mourad, que ahora mismo trabaja en un restaurante de su pueblo natal. “Aunque, si tan sólo pudiera ganarme la vida con ello, me gustaría más que dedicarme a cualquier otra cosa”, admite.

“Sobre todo, por no tener unos horarios tan marcados”.

A simple vista, las rimas de Moss —facilonas, pueriles, sin testosterona— lo distinguen de cualquier otro activo del trap español. “No entiendo el rollo ese del beef”, asegura. “Y quizás es porque nunca me han tirado uno, pero me parece una tontería”.

Lil Moss no lucha: sus letras son como notas en los márgenes de una agenda escolar —después de comer bollería con extra de azúcar. “La encontré donde no la esperaba / La encontré en un cruce de miradas / Me miró y sonrió / Y una aventura empezó”, entona en Rainbow, su colaboración con Cecilio G.

“La gente no debería estar tan cerrada a nuevas tendencias en el trap”, considera, “porque el género ahora es mucho más amplio”. Y es que Lil Moss no llegó al estilo a través de nombres como Travis Scott o Young Thug, sino que su idilio con esta música nace el día en que descubre al surrealista Tyler, The Creator.

“En lo que se refiere a música, me gustan las cosas raras; diferentes”, reconoce. “También escucho mucha electrónica: Zombie Kids, The Bloody Beetroots, Die Antwoord o Feed Me, por ejemplo, me gustan mucho”.

Comparado con iLoveMakonnen o Medeintyo, Lil Moss los sitúa entre sus gustos personales, pero vacila a la hora de considerarlos abiertamente ‘influencias’. También, se ha dicho de él que es el Lil Yachty español, ¿le ha tomado prestado el nombre? “Me gusta mucho, pero qué va”.

“Lo de Lil Moss salió un día, en el skate park del pueblo, con los colegas”, me cuenta. “Estaba comiendo un bocata y uno de ellos me pidió ‘un petit mos’, un pequeño bocado, en catalán. Mis amigos cambiaron el ‘petit’ por el ‘lil’ y, aunque todavía no cantara, ya se me quedó el mote”.

De entre ese grupo de amigos, destacan Mishii y Enry-K, los otros dos integrantes de Damed Squad: el primero sobresale por unas chulescas letras en inglés casi nativo; el segundo, se posiciona como uno de los mejores productores de España; en medio, Lil Moss aporta la nota disonante y burlona. “Mi estilo contrasta con el de ellos”, acepta, “pero creo que justamente eso es lo que mola”.

“El inglés ahora no lo entiendo”, confiesa, “pero es que antes lo entendía menos. Gracias a escuchar música americana, lo voy pillando más; pero Mishii me tiene que seguir traduciendo sus letras para que las entienda, porque si no es como, ¿qué has dicho? ¿Qué significa eso?”.

“Con Damed Squad lo que queremos ahora es hacer bolos”, asegura Mourad, que en directo transmite una seguridad y un desparpajo insólitos. “Sobre el escenario, me muestro como soy realmente. En un concierto, me transformo, porque el contexto me permite ser mucho más alocado; me permite expresarme como realmente quiero”.

Mientras batallan por cerrar fechas de conciertos, Damed Squad y Lil Moss van liberando temas en su canal de YouTube. El último, publicado hoy mismo, se llama Fiesta. “Algo que, a no ser que la montemos en casa de algún colega, no hay en l’Ametlla”, se lamenta. “Así que, si queremos salir, la mayor parte del tiempo nos toca movernos”.

“Y, cuando bajo a Barcelona, siempre hay gente que me para para hacerse fotos conmigo”, celebra. “Me hace gracia, porque eso significa que les gusta lo que hago”.

No entiendo el rollo ese del beef. Y quizás es porque nunca me han tirado uno, pero me parece una tontería

“También hay gente a la que mi música le parece una basura, pero soy consciente de que lo que hago no va a gustar a todos”, termina.

En un panorama español que cada vez se mira más a sí mismo, Lil Moss consigue escapar de esa autorreflexión mediante una propuesta de apariencia inocente, pero con un trasfondo de empoderamiento del que, probablemente, ni el mismo Mourad sea consciente.

¿Fiesta? Motivos hay.

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