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Culture

Laerte, la dibujante brasileña que se declaró transgénero a través de sus personajes

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Laerte era una de las dibujantes más célebres de Brasil cuando, a los 57 años, hizo público que es transgénero. Ahora, Netlfix le ha dedicado un documental a su historia

Germán Aranda

24 Mayo 2017 14:28

Ya era una de las viñetistas más finas y prestigiosas de Brasil cuando decidió que Hugo, uno de los personajes de sus cómics, empezara a juguetear con travestirse y hacerse llamar Muriel. Primero de noche. Después asumiendo una especie de doble identidad. Y finalmente reconociendo el género femenino como su identidad. Aunque siempre asomen episodios de duda.

Después de cinco años canalizando su pulsión a través del personaje de Hugo / Muriel, Laerte Coutinho decidió hacer público en 2009, con 57 años de edad, que su vida guardaba ciertos paralelismos, que era 'crossdresser' y no se sentía un hombre. El proceso lo cuenta el documental 'Laerte', recién estrenado en Netflix.

Para entonces, ya había pasado por tres matrimonios con mujeres y había criado a tres hijos. Uno de ellos, Diogo, murió en 2005 con 22 años en un accidente de tráfico. No faltó quien la acusara de haber enloquecido después de aquello, aunque lo que en verdad sucedió fue que frenó su proceso de asumirse trsansgénero, ya en marcha cuando sucedió la tragedia que también expresó en sus viñetas. Y lo retomó hasta abrirse al público en 2009.

Un año después, aseguró no sentirse ni hombre ni mujer y desafió la "cultura binaria" que le fuerza a etiquetarse en función de su género. Ella y su arte siempre han sido así: una pregunta incómoda, un desafío constante a las leyes de la lógica, un barranco y un pellizco en tus entrañas.


Pero Laerte reconoce en el documental que para ella, ya consolidada profesionalmente y criada en una familia abierta, el paso no fue tan duro como lo puede ser en otros estratos sociales. "No tenía mucho que perder", dice. Brasil es el país del mundo donde se cometen más crímenes de odio contra la comunidad LGTBI.

Laerte pensó en cuál podría ser su nuevo nombre como mujer. Pero decidió seguir llamándose simplemente Laerte e incluso descubrió que existía una mujer que se llamaba igual.

Sus dudas se trasladan a una inseguridad con su trabajo y sus palabras. Lo sintió cuando le dedicaron una exposición sobre su obra en Sao Paulo y también cuando concede entrevistas y se pregunta si lo que dice es importante o tiene sentido.

En el documental, cuenta a Playground, Laerte se abrió como nunca, se desnudó metafórica y literalmente, y una vez visionado comprobó que sí, que tenía sentido: "Fueron tres años de convivencia, horas y horas de grabación, las directoras y yo acabamos conquistando una cierta intimidad. Me sorprendió el resultado —las escenas, las palabras y las imágenes ganan un sentido muy claro, que para mí estaba oculto hasta entonces. Hay historias personales, pero se desdoblan en asuntos que son de todo el mundo, de nuestro tiempo y de nuestro lugar".

La batalla del cuerpo

Desnuda y sonriente, Laerte recuerda un poco al personaje de la serie Transparent en su redescubrimiento de una vida sin tapujos en edad adulta, en su alegría al probarse diferentes vestidos y zapatos cada vez como si fuera la primera.

Más allá del pelo, el maquillaje, la ropa y la forma de hablar, Laerte no ha tomado nunca hormonas ni se ha operado el sexo, los pechos o cualquier otra parte del cuerpo. Es ese un tema recurrente en el documental y Laerte lamenta en las entrevistas una cierta cultura impositiva incluso dentro del ambiente trans, donde a veces "los pechos son como un carné de identidad" y se considera que alguien es oficialmente mujer cuando los tiene. "¿Eres mujer? ¿Dónde están tus pechos", comenta que le han dicho en más de una ocasión.

Durante la grabación del documental, la ilustradora se debate sobre si ponerse o no pechos. Se lo plantea a partir de tres ejes: el querer, el poder y el deber. Este último verbo resulta crucial para ella, por cuánto tiene de importante la percepción de los otros en sus transformaciones. "Si yo estoy viviendo con la idea de que soy una mujer sin hormonas ni caderas, ¿para qué necesito pechos?", se pregunta. Pero sus contradicciones son fuertes: "Cuando al quitarme el sujetador los pechos se van con él, me gustaría que se quedaran...".

"Nadie puede dejar el cuerpo de lado, pero tampoco se puede resumir todo al cuerpo. Es central pero no es todo, porque si fuera todo aceptamos la biología como único norte", reflexiona Laerte.

El documental crea una cierta tensión narrativa en torno a esa operación de pechos. Pero, como en su arte y en sus cuestiones vitales, Laerte estira el interrogante antes de resolverlo. "Continuo considerándolo como un camino posible, así como la intervención con hormonas", cuenta aun sin una decisión tomada después de que se estrene el filme.

La homosexualidad de Laerte fue un asunto reprimido entre los 17 y los 49 años de edad. Sus primeras experiencias sexuales fueron con hombres, pero le entró pánico y se bloqueó hasta hace poco. De hecho, se considera bisexual y confiesa en la película haberse enamorado de una mujer lesbiana. "No me considero una persona muy sexualizada", confiesa. Y nunca renegó de sus matrimonios con mujeres antes de asumirse transgénero.

"La política brasileña está en ruinas"

Militante del Partido Comunista Brasileño y sindicalista en su juventud, Laerte reconoce haber participado en el 'bullying' homófobo durante aquellos años en el que ser gay tampoco estaba totalmente aceptado.

Eran tiempos de dictadura en Brasil y la muerte por la represión del periodista Vladimir Herzog en el 75 conmovió al país y a su gremio. Ella, también periodista, dibujaba personajes subversivos en panfletos comunistas.

Durante aquellos años, las tiras cómicas fueron perseguidas también por la dictadura y la principal revista con cómics de marcado tono de crítica política, Pasquim, sufrió un atentado. Laerte colaboró años después con esa publicación.

Pero a día de hoy, un año después de que la presidenta brasileña electa Dilma Rousseff sufriera un 'impeachment' que la izquierda califica unánimemente como golpe de Estado, Laerte ve "un escenario en ruinas". Y lo expresa también en algunas de sus viñetas más recientes.

"El escenario de la política viene siendo reducido a las ruinas en los últimos años, debido al golpe parlamentario, la acción pseudo-moral de la operación Lava-Jato, las maniobras de jueces, procuradores, congresistas y dueños de empresas de los grandes medios de comunicación. Entre las posibilidades que existen, y a pesar de los problemas enormes que implica, creo que la mejor salida es la de elecciones anticipadas", dice  Laerte.

Pero más que en lo político y que en las cuestiones de género, Laerte se hizo grande como viñetista con historias costumbristas que parten desde la aventura o la ciencia ficción.

En 'Piratas' del Tieté, contaba las contradicciones del mundo del crimen, los choques de un pirata con la vida cotidiana  y los devaneos de los criminales entre la explicación psicológica de sus actos y un cierto sadismo gratuito en una violencia concebida incluso como acción estética. En una de las viñetas, una camarera avisa al capitán que no atienden a piratas en su bar, a lo que él responde, mostrando su pata de palo: "Soy deficiente físico". Y entonces le sirve.

Otro de sus personajes más míticos es Overman, un superhéroe paródico de los protagonistas de Marvel y DC Cómics, fuerte y con la capacidad de volar, al que sin embargo su torpeza le impide lidiar bien con las trampas cotidianas de la sociedad brasileña. Constantemente cae en atender a llamadas de auxilio falsas que le hacen por teléfono para burlarse de él. Y siempre está un poco en la cuerda floja entre su visión del deber y su gusto por la bebida.

En una viñeta, Overman ante el espejo se queja de que cada vez que intenta quitarse la máscara para descubrir su identidad suena el timbre que le llama para una misión. Esa lucha de máscaras, de capas e identidades, constante enigma, habla también por Laerte, que de alguna forma se convirtió en una heroína por su forma pionera de dar visibilidad a las crossdressers y transgénero brasileños.


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