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Culture

Karaokes, flamenco y cineclubs: desmontando a Joe Crepúsculo

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Joe Crepúsculo, explicado por cuatro de los colaboradores más estrechos

víctor parkas

17 Febrero 2017 06:00

“Yo por Crepus mato”, me dice David Rodríguez (Beef, La Estrella de David). Le acabo de enviar un mensaje de WhatsApp para preguntarle si podría hacerle algunas preguntas sobre Joe Crepúsculo. “Ahora mismo estoy tomando algo con él”.

Con Joe. Con Crepus. Con Joel.

Días después, repito la misma operación, esta vez con el director Nacho Vigalondo.

Para finales de semana, llego a dos conclusiones: la primera, que Joe Crepúsculo tiene el don de la omnipresencia, siendo capaz de estar en una bodega de Barcelona y, prácticamente a la vez, en una tienda de tebeos madrileña. O, en su defecto, parapetado en La Buena Cerveza de Chueca. “Allí fue donde conocí por primera vez a Joel”, me confiesa Soleá Morente.   

La segunda, si seguimos hablando de conclusiones, es que es imposible abordar una figura como la de Joe Crepúsculo utilizando referencias indies. Tienes que hacerlo mediante La Oreja de Van Gogh. Mediante Dinarama y Mecano. “Yo nombraría también a Supertramp, Mike Oldfield o Queen”, aporta el periodista musical Luis Troquel.

Hoy, con la salida de su álbum Disco Duro, Joe Crepúsculo quizás vuelva cambiar, una vez más, las reglas por las que se rige su música. Por lo pronto, desde uno de los singles de adelanto —Te voy a pinchar—, Joel parece enarbolar de nuevo su ubicuidad casi mágica. “No tengo tiempo para escuchar lo que dices que dicen de mí”, canta, como si estuviese leyendo esto por encima de mi hombro. “Te voy a pinchar”.

Antes de que Crepúsculo nos enseñase, por ejemplo, que lo bello y lo bueno es gratis; antes de tomar tres tazas al día y salir viva del envite; antes de todo eso, estaba Tarántula.

Eran los primeros dosmiles, una época en la que —previamente a que el término fuese secuestrado por la escena trap— el único ‘beef’ que conocíamos era el de David Rodríguez. “Mi grupo Beef y el de Joel, Tarántula, coincidieron en el cartel de un concierto”, recuerda David. “Yo era y soy súper fan de Tarántula. Es uno de mis grupos favoritos, pero me intimidaban mucho”.

“Para mí, Tarántula eran dioses del rock”.

“Sin conocernos de nada, en la primera conversación que tuvimos tras ese concierto, quedamos en hacer música juntos”. Esa promesa, se cumplía semanas después, cuando Joel se dejaba caer por el local de Beef, demostrando, como dice González, que “él lleva hasta el final esas ideas locas que suelen tenerse de borrachera y luego nunca llegan a materializarse”.

Joe Crepúsculo tiene el don de la omnipresencia, siendo capaz de estar en una bodega de Barcelona y, prácticamente a la vez, en una tienda de tebeos madrileña

“Aquel mismo día ya ideamos lo de hacer un disco con canciones dedicadas a las comarcas de Cataluña”, continúa David, refiriéndose a lo que terminó siendo su proyecto compartido con Crepúsculo: Junco y Diamante. “Con Junco y Diamante teníamos delirios de grandeza: pensábamos que podríamos venderle el proyecto a Caixa Penedès para que le regalasen el disco a los clientes que se abriesen una cuenta en la entidad”.

Las Comarcas de Catalunya Vol. 1, el primer y único trabajo de Junco y Diamante, demostraba que la etiqueta ‘indie’ —que hasta la fecha servía para juzgar los trabajos de David y Joel— era cada vez más discutible. El disco, que se atreve hasta con un reggae fantasmagórico a lo Specials en El cielo catalán, tenía un espíritu lúdico y popular, como si fuese música para montarte en las atracciones de una feria local mientras comes almendras garrapiñadas.

Quizás se pueda ser menos indie que eso, pero yo no tengo ni idea de cómo.

“El indie, como subgénero del pop-rock, me parece de los menos interesantes que hay”, añade, en este sentido, David. “Y para nada creo que Joel sea indie”.

Pero, si Joe Crepúsculo no es indie, ¿qué es? “Una mezcla entre progresivo, AOR y Serie Oro”, propone Luis Troquel, letrista de Uno de los dos. “A Joel le apasiona ese sonido; el mismo que lleva cuatro décadas estigmatizado por la prensa musical cool”, continúa. “Y aunque sus canciones, aparentemente, no se asemejen a la de Supertramp, tienen la misma vida propia”.

Si Tus cosas buenas no se convirtió en nuestro Logical Song es, en definitiva y según Troquel, porque “el mainstream es muy reacio a los sonidos lo-fi y a los aspectos indisimuladamente underground de su música. Sin embargo, yo sigo pensando que Joe debería tener un lugar en los festivales de música electrónica. Y que tiene un buen número de canciones que, en el momento y el lugar adecuado, podrían ser la llave para acceder al gran público”.

Momentos adecuados: Luis Troquel canturreándole Compro Oro a Joe Crepúsculo en un punto incierto de Barcelona. “La tenía a medio escribir, y le gustó mucho. Yo quería hacerla a medio camino entre la rumba y la cumbia, pero Crepus me dijo que quería producírmela y llevársela al reggaetón”, rememora Troquel. “A mí, por supuesto, me encantó la idea”.

Compro Oro, un cohetazo para bailar sin zapatos y con la corbata anudada a la cabeza, hizo, si cabe, que Crepus fuese, aliándose con las Negris, todavía menos indie. “Crepus quedó una tarde con ellas en su casa, para hacer el primer ensayo”, explica Luis. “A esta primera toma de contacto vinieron también Tomasito y Javier Liñán. La química con todos ellos fue tan tremenda que, esa misma noche, Joel me llamó para decirme que ése había sido uno de los días más importantes de su vida”.

Si ya era palpable la influencia de los sonidos latinos en la producción del artista previa a 2015, Compro Oro, el larga duración Nuevos Misterios y, sobre todo, el single Me parto la camisa sirvieron como materialización de un crush entre la música de Crepúsculo y la tradición flamenca. Entre bambalinas, Javier Liñán, de El Volcán Música, hacía posible lo imposible: convertir en colaboradores habituales de Joe a las Negris, a Tomasito y a Soleá Morente.  

“Javier es nuestro manager”, me recuerda Soleá, cuyo Suelo Español sirvió de cara-B a Compro Oro; cuyos coros pueden distinguirse en A fuego. La cantaora, por tradición familiar, sabe mejor que nadie lo que es mestizar estilos: a su padre, el añorado Enrique Morente, se le podía ver colaborando tanto con Lagartija Nick como con Sonic Youth. “Desde luego, mi padre nos abrió la puerta a un nuevo mundo”.

Uno en el que Soleá y Crepus pueden, uniendo fuerzas, acabar optando a un Goya.

“Joe me envío Sangre y Alquitrán para qua la escuchase cantada por él, y me encantó”, dice Soleá, de la canción que ambos hicieron para Toro y con la que les nominaron a los Premios de la Academia Española. “Recuerdo que, cuando le envié de vuelta una demo con mi voz, me dijo que le recordaba demasiado a la manera en la que la cantaba él. Me instó a que me olvidase de eso; que hiciese algo más personal; más flamenco. Y llevaba toda la razón”.

“Hagas flamenco o música alternativa, has de ser tú mismo si lo que quieres es transmitir”, declara la cantaora, que no ve distinción alguna entre su música y el trabajo seminal de Crepus. “Ambos son géneros populares, es decir: música creada por y para el pueblo. Los dos nacen en plataformas independientes a la cultura dominante”.

“El arte, en general, es de todos; no entiende de etiquetas, ni de apropiaciones. Al contrario, lo que tenemos que hacer es conocernos mejor los unos a los otros, para poder avanzar juntos”.

“Hablando con gente más próxima al flamenco, y con otra más próxima al indie, ambas coinciden en su entusiasmo por Joe Crepúsculo”, apunta el director de cine Nacho Vigalondo, que pasó de ser fan a convertirse en colaborador y amigo íntimo del cantante. “La comunión real vino cuando él, estando un poco perdido y grisáceo, se vino a vivir a Madrid. Yo, casi de forma accidental, dediqué una semana de mi vida a presentarle la ciudad”.

“Una de las primeras veces que salimos juntos, acabamos en un karaoke, cantando Soledad de La Oreja de Van Gogh”, dice el director. “Ahí fue cuando me dijo: ‘Tú vas a hacerme los coros y te vas a llamas Alacrán’. Fue una decisión muy completa y tomada en un segundo”. Corroborando lo que señalaba David Beef, la ejecución de “esas ideas locas que suelen tenerse de borrachera”, Joel y Nacho empezaron a dar conciertos por toda la península.

Los carteles, anunciaban orgullosos a “Joe Crepúsculo & Alacrán”.

“Haber podido girar con Crepus es uno de los highlights de mi vida”, reconoce Nacho. “En el cine, lo que haces nunca representa lo que eres, sino lo que fuiste cuando empezaste a imaginar tu película. En cambio, la descarga de energía y sinceridad que supone subir a un escenario, ese olvidarte de quién eres, es más que una bendición”.

Una de las primeras veces que salimos juntos, acabamos en el karaoke de Mostenses, cantando 'Soledad' de La Oreja de Van Gogh

“Si Alacrán me proporcionase una renta mensual, el cine pasaría a un segundo término”, declara, asegurando que lo hace en tono de broma. Pero no: no suena a broma.

Tampoco es broma que director y cantante organizan un cineclub en casa del primero. Lo llaman ‘Cineclub la Vagoneta’, y la última película que proyectada ha sido Malatesta’s Carnival of Blood. Durante esas sesiones, “acariciamos la idea de hacer algún día un largometraje musical”. De momento, el cántabro se contenta abriendo Colossal, su última cinta, con Toda esa energía.

“Aunque Toda esa energía es su canción que más me gusta, Mi fábrica de baile me parece el temazo de baile definitivo”, opina Vigalondo. “Recuerdo cuando, al día siguiente de actuar en el Sonorama, nos dimos una vuelta por el pueblo y en todos los bares estaba sonando sin parar Mi fábrica de baile, como los éxitos de Dinarama en los ochenta”, termina. “Con una industria diferente, Mi fábrica de baile hubiese sido la canción del verano”.

“En una España alternativa, Joe Crepúsculo ocuparía el mismo sitio que Mecano”.

Queda por ver si Disco Duro, a la venta desde hoy, funciona como puerta a ese universo paralelo.

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