Cultura

Ignatius Farray: “Cuando salía en ‘La Hora Chanante’, la gente pensaba que era subnormal”

Hablamos con Ignatius, que acaba de estrenar la segunda temporada completa de ‘El fin de la comedia’

Mientras hablo con Ignatius Faray sobre la disociación entre su yo real y el explosivo personaje que interpreta cuando hace stand-up —en sus directos, puede terminar sin calzoncillos o lamiendo los pezones del público masculino—, suena el timbre de su casa. Nada especial: vienen a entregarle un paquete, le piden una firma, canta su DNI —“con Q de queso”— y reanudamos la entrevista. No es un momento épico; tampoco gracioso. Aun así, es un slice of life que entronca perfectamente con el tono y las intenciones de su serie, El fin de la comedia.

“Cuando escribíamos el guión de la serie”, me cuenta Ignatius, “lo primero que hicimos fue desechar todos los chistes que se nos ocurrían. Queríamos que la comedia surgiese de otra manera, no forzarla. El fin de la comedia no es una serie chistosa, ni controvertida, como sí pueden ser mis monólogos”, añade. “Los únicos límites que los directores y yo queríamos traspasar con la serie eran, en todo caso, narrativos”.

Así fue en la primera temporada y así es en ésta. El fin de la comedia, una rara avis en la televisión española, logra entroncar de nuevo con productos foráneos en la línea de Louie o Curb your enthusiasm. Ignatius, que se interpreta a sí mismo en la serie, utiliza este espacio para ejecutar su acción más provocativa: negarle la risa del espectador.

El fin de la comedia, haciendo honor a su nombre, muestra precisamente al Ignatius que recién baja del escenario; al padre soltero vulnerable; al paciente con problemas cardiacos. “Raúl Navarro y Miguel Esteban, los directores de la serie, pensaron que mostrar mi cara más melancólica, de tío hecho polvo, podía ser uno de los atractivos más potentes de El fin de la comedia”.

El Ignatius que conocemos, el que llama “hijo de puta” a Juan Echanove y manda a David Lynch “al talego”, choca frontalmente con la fragilidad del Juan Ignacio que aparece en El fin de la comedia. ¿Cómo se toman este contraste sus fans? “A algunos estos les tranquiliza, porque se dan cuenta de que no soy un puto loco”, contesta. “Otros se sienten defraudados, porque me ven demasiado soso”.

Según avanza la charla, ahondaremos más en este choque entre expectativas y realidad que sufre su público. “Cuando salía en La hora chanante, un programa en el que no tenía diálogo; en el que aparecía haciendo aquello del ‘grito sordo’, sin camiseta y con chaleco de cuero, la gente se pensaba que yo era subnormal”, me cuenta Ignatius.

Yo solo he votado una vez en mi vida, y voté a Podemos. Pero no voté a Podemos por Podemos: voté a Podemos por una frase que le escuché decir a Esperanza Aguirre

“Recuerdo que un espectador incluso escribió a Paramount Comedy para quejarse”, continúa el humorista. “Su mensaje venía a decir que La hora chanante estaba muy bien, pero que no le parecía ético que estuvieran utilizando a discapacitados mentales para interpretar ciertos papeles”, asegura. “Había espectadores que verdaderamente me veían como a un discapacitado”.

De su participación en La hora chanante, quizás el highlight de Ignatius fuese aparecer en el vídeo Hijo de puta, hay que decirlo más, que terminó por hacerse viral. “Aquello fue un hit, sí”. Del programa seminal de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla y el resto de chanantes, Ignatius dice haberse llevado amistades de por vida. “Joaquín aparece en las dos temporadas de la serie”, recuerda Ignatius, “y además nos ha hecho los carteles”.

Joaquín Reyes no es la única cara conocida que asoma en esta segunda temporada de El fin de la comedia: también encontramos cameos de Andreu Buenafuente, Iñaki Gabilondo o Verónica Forqué. Y casi, casi, casi, de Pablo Iglesias. “Faltó muy poco para que apareciese”, dice Ignatius del secretario general de Podemos. “No conseguimos cuadrar agendas, pero a él le apetecía muchísimo. Le escribimos un papel muy, muy chulo, en el que tenía que interpretarse a sí mismo en clave irónica”.

“Ojalá haya una tercera temporada, y ojalá podamos tener a Pablo Iglesias en ella”.

La única vez que he visto a Ignatius Farray en directo, fue en una ocasión donde, con las elecciones españolas a la vuelta de la esquina, el cómico aseguraba que iba a votar a Unidos Podemos. “Ya que nos vamos a ir a la mierda, mejor irnos a la mierda entre iguales”, bromeaba, desde el escenario. ¿Se mantiene en esa misma postura? “Si hubiese elecciones hoy, les volvería a votar, sí”.

“Yo solo he votado una vez en mi vida, y voté a Podemos. Pero no voté a Podemos por Podemos: voté a Podemos por una frase que le escuché decir a Esperanza Aguirre. Dijo literalmente que Podemos representaban una amenaza para el sistema democrático occidental tal y como lo conocemos”, recuerda Ignatius. “Yo entonces no sabía todavía a quién votar, pero esa frase me hizo creer que quizás ellos sí me representaban”.

“Que diga en público que voto a Podemos no creo que les favorezca; que les relacionen con alguien como yo, de hecho, pienso que podría perjudicarles”, opina Ignatius.

Tras 15 años de carrera, Ignatius Farray dice estar en un momento muy dulce; en sus propias palabras, “están pasando muchas cosas guays”. Me habla de La Vida Moderna, su programa de radio en La Ser; de sus colaboraciones asiduas en Late Motiv; de ambas actividades, da buena cuenta en sendos capítulos de El fin de la comedia, otra de esas “cosas guays” que, de un tiempo a esta parte, le vienen ocurriendo a este humorista.

Pero, aun y habiendo irrumpido con fuerza en el mainstream, a Ignatius le gusta seguir actuando en clubs y bares de todo pelaje. A veces, incluso en compañía. “En ocasiones, nos juntamos Didac Alcaraz, Canódromo Abandonado, Joe Crepúsculo y yo para hacer un show experimental llamado La melanco a pelo”.

“Mezclamos poesía, música y humor; es muy alternativo; muy underground”, continúa. “Si actúo en televisión, mi sistema de alarmas detecta qué estaría fuera de lugar decir y qué no. Pero, en La melanco a pelo; en el sótano de un bar, sin cobertura y con el público borracho, te encuentras en un contexto dónde puedes decir algo que, quizás, en la otra localización no dirías”.

Vería con cierto atractivo ser uno de esos cómicos que se ven envueltos en una polémica

A pesar de todo, Ignatius asegura que, sea en un club o en el programa de Buenafuente, jamás intenta “provocar por provocar”, aunque sí considera los límites del humor como “un estímulo”. “Localizar la línea roja, e intentar llegar al borde de la misma, a mí me da la vida. Vería con cierto atractivo ser uno de esos cómicos que se ven envueltos en una polémica”, bromea.

Antes de terminar, le pregunto si El fin de la comedia, además del título de su serie, es también una suerte de pronóstico. “No”, contesta. “La comedia prevalecerá”.

“La comedia es una energía que siempre va a estar ahí, porque es indestructible”, termina Ignatius. “La comedia es una flor que nace en las peores condiciones: cuando todo es sofisticado, la comedia no aflora; cuando las circunstancias son caóticas, en las peores crisis, sin embargo, sí que florece”.

“Te lo garantizo: incluso en las peores circunstancias posibles, la comedia prevalecerá”.

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