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Culture

El fotógrafo que retrata a los sintecho para recordar que solía ser uno de ellos

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Tras una década enganchado al alcohol y 9 años viviendo en la calle, Ian Cole renació. Ahora, refleja su experiencia en On the Street.

alba losada

26 Enero 2017 18:17

Ian Cole estaba en la universidad cuando su adicción al alcohol le hizo dejar los estudios. Tras eso vivió 9 años en la calle. Ahora es fotógrafo, y ha retratado a los sintecho en los que ve reflejado su pasado. El resultado ha sido el proyecto On the Street.


Como nos ha explicado vía telefónica, lo que le animó a hacer este trabajo fue el deseo de mostrar otra cara de un colectivo olvidado. Pero que también forma parte de la realidad de Estados Unidos. "La gente suele sentir pena o reírse de ellos, pero yo quiero recordar que también son personas", dice Cole.

"Empecé a hacer fotos con el móvil, pero noté que faltaba algo. Así que me compré una cámara y con ella conseguí inmortalizar escenas mucho más íntimas".

Sus primeros pasos no fueron fáciles. Siendo hijo de padres divorciados, dejó su Montana natal para mudarse a Oregón. Allí vivió con su madre, quien, al igual que su padre, era alcohólica. Algo que le hizo pasar la mayor parte del tiempo con sus abuelos y con los lápices en los que se refugiaba al dibujar. Ya entonces el arte le salvó de su entorno. Y, a pesar de que no lo sabía, años después le volvería a ocurrir.

Aquellos años le hicieron ver que tenía que encontrar la forma de crear una nueva vida lejos de allí. La que él quisiera. Eso le empujó a hacer todo lo posible por entrar en la Universidad de Seattle y, finalmente, lo consiguió. 

“Me gustaría haber tenido una cámara cuando era sintecho”.

Sin embargo, todo se torció cuando una parte crucial de su pasado irrumpió en el presente: el alcohol. A partir del segundo año de carrera se aferró a la botella. En tercer curso ya ni siquiera podía escribir en las hojas de los exámenes porque estaba demasiado borracho.

Aquel fue el principio de su caída. Dejó la universidad, se puso a trabajar como cocinero y alquiló un piso para vivir solo, ya que "al beber me ponía violento y nadie quería convivir conmigo".

Con el dinero que ganaba bebía, iba de fiesta y pagaba el alquiler. Pero con el paso de los meses, aquella situación se hizo insostenible y priorizó el alcohol por encima de un lugar en el que vivir.

"Las cosas que veo a través de la cámara me recuerdan a mí cuando estaba en la calle".

Así que hizo de los centros de caridad y de las calles su nuevo hogar. Era 2005, tenía 20 años y era como si no perteneciera a ninguna parte. Cada 6 meses cambiaba de ciudad con la esperanza de empezar de nuevo y desengancharse. Pero ni Oregon, ni Seattle, ni Montana, ni San Francisco le ayudaron a dejar la bebida.


Más tarde fue a un centro de rehabilitación situado en la costa este del país. Tenía la esperanza de que aquella ocasión sería la buena. De que lo conseguiría. Sin embargo, ocurrió algo con lo que no contaba: se enamoró de una heroinómana.

Se mudaron juntos y sumó la heroína a su adicción al alcohol. Aquella explosiva combinación "me convirtió en un animal y me llevó a tocar fondo de verdad". Tiempo después, le metieron en la cárcel por dos cargos menores. Se encontraba en un entorno hostil, pero sin saberlo, aquella experiencia sería el principio de su resurgimiento.

"La gente tiene que entender que ellos también son personas".

Al salir fue a otro centro de rehabilitación de una ciudad cercana a Portland y después de 4 meses lo consiguió. Era 2014, había vivido más de una década de excesos y, finalmente, estaba limpio.

En 2015 empezó a trabajar en un centro para adictos donde era una especie de "mediador": solucionaba los conflictos que surgían entre ellos, se aseguraba de que no les faltara nada y de que acataran las normas.

Se trata de un empleo que no podría hacer cualquiera y él es mejor que la gran mayoría para ello. Porque, a veces, "se desencadenan situaciones que muchos verían como muy locas. Pero para mí no lo son".

"No me gusta retratar a grupos. Prefiero hacer retratos individuales porque así se ve la esencia de la persona".

Al moverse día tras día por el área de su nuevo lugar de trabajo se fijó en los sintecho y adictos que había en la calle. Entonces, el 24 de mayo de 2015, hizo su primera foto. Desde aquel instante quedó enganchado a la fotografía e hizo de ella la terapia que le ha ayudado a lidiar con las desgarradoras experiencias de su pasado.


La elección de los protagonistas de sus fotografías se debe a que cuando les observa a través del visor de su cámara, se ve a él mismo. Conoce sus hábitos, su lenguaje corporal y entiende porque hacen lo que hacen. Al verlos recuerda su pasado y, aunque pueda ser doloroso, le compensa. Porque "todos ellos conforman una parte demasiado importante de mi historia".

“Creo que mucha gente ha vivido lo mismo que yo, y la mayoría guarda su experiencia como un secreto. Eso no sirve de nada, la gente tiene que hablar”.

Desde un primer momento, quiso representarlos sin miedo. Mostrar su parte humana y no la que solemos ver: la más animal. Y, gracias a la fotografía, lo ha conseguido. Una voz capaz de inmortalizarlo todo y de conectar a las personas.

Puedes ver el trabajo completo de Ian Cole en su web.

También puedes seguirle en Instagram.

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