Cultura

Adiós, Hannah: 3 series que hablan de chicas millennial tan bien o mejor que 'Girls'

En todas ellas también estamos nosotras

Reivindicar a estas alturas el papel de Lena Dunham en la construcción de un nuevo discurso en la ficción no tiene mucho sentido. Girls ha sido —y será— por muchas razones una de las series que ha logrado permear con más fuerza entre la generación millennial.

Ay, qué incordio tener que recurrir a la dichosa etiqueta. Pero es que es verdad. Hasta que llegaron Hannah y sus amigas (Marnie, Jessa, Sosh) andábamos faltas de personajes reales que hablaran de nuestras vidas precarias y frustrantes y de vez en cuando gloriosas. También de productos audiovisuales que dedicaran tanto tiempo a desarrollar a los personajes femeninos —clase media alta, blanca, eso sí— sin clichés ni estereotipos.

Joder. Por fin una serie que en la que no éramos buenas o malas, en las que podíamos ser crueles con nuestras mejores amigas. Por fin una serie que entendía que las cosas pasan muy deprisa y que al final solo te da tiempo a enviar un par de WhatsApps y a cuidarte de ti misma. Y a veces ni eso. Por fin una serie en la que el sexo era sucio, incómodo, práctico, a veces guay. Pero ya está. Por fin cuerpos celulíticos reales, el de la propia Hannah, mujeres tóxicas, narcisistas y sociópatas. Por fin una serie que nos interpelaba sin piedad en aquel tránsito de ser solo una chica a una mujer adulta, como diciendo: “tú, que estás de becaria en esa start-up de mierda, y que ese tío te acosa, y que caes en relaciones complacientes y patéticas, y que eres insegura, que a veces follas por pena y que te olvidas de todos porque estás muy ocupada en tus cosas intentando hacer algo de provecho”... aquí está, aquí lo tienes, no estás sola y esto hay que cambiarlo.

En todas esas antiheroínas, que a veces llegabas a odiar, estábamos todas metidas.

Ni falta hace decir que la serie puso en bandeja temas hasta ahora muy poco, o nada, tratados, como la dictadura de los cuerpos perfectos, el acoso sexual o las relaciones de poder (con ese episodio quita-hipo llamado American Bitch) , el sexo sin mentiras, el matrimonio, la amistad o la maternidad. Si otra cosa ha dejado Girls, además, es el camino asfaltado para dar espacio a otras series que hablen de nuestra generación con personajes femeninos potentes, amargos, disfuncionales, pero sobre todo reales.

Y ahora que la serie se ha despedido para siempre, ¿qué?

Aquí van unas cuantas ideas para los que os habéis quedado huérfanos de Girls:

Fotograma de Broad City

1. Broad City

Ilana Glazer y Abbi Jacobson son dos amigas neoyorkinas que empezaron subiendo vídeos caseros a YouTube de ellas mismas haciendo de ellas mismas. Eran vídeos muy breves, brevísimos, de apenas dos minutos, en los que básicamente ensalzaban los aspectos más absurdos y cómicos de su personalidad, como en ese delirante episodio en el que asisten a una fiesta de perdedores.

Esas cápsulas sirvieron para que Comedy Central se fijara en ellas y les diera una serie. Y la serie es brutal. Y no tiene nada que ver con Girls, aunque a la vez tiene mucho que ver.

Los personajes femeninos molan, sí. Pero ya está. Aquí mucho menos espacio para el "discurso" feminista, por muy sutil que este fuera en Girls. Broad City, en realidad, es mucho más extrema: sus protagonistas se quedan dormidas en el váter, se masturban mientras charlan por Skype y se hinchan a pizza y a alcohol barato. Ilana trabaja como teleoperadora, pero en realidad hace lo que que quiere todo el rato; Abbi trabaja limpiando en un gimnasio y comparte piso con un friki de manual que se pasa el día robándole su comida; o el amante de Ilana, un dentista negro cuyo comportamiento también tiende a la guasa más absoluta.

Si Girls es como un viernes que decides quedarte en casa y te sientes muy bien; Broad City es el viernes que decides pegarte la gran fumada y acabas poniéndote hasta arriba de ganchitos. La serie llega a momentos realmente brillantes, cuando no directamente surrealistas como cuando Abby llega a una especie de lugar inventado, en medio de la nada, para buscar un paquete de correos. Lo más genial de Broad City es que no hay tantas series que permitan a los personajes femeninos actuar simplemente de forma estúpida o ridícula, sin más propósito que divertir, del mismo modo que lo haría, yo qué sé, un hombre. Esto ya supone un cambio de paradigma.

El final de Girls es un buen momento para reivindicar esta serie que aquí ha pasado un poco desapercibida y que ya va por la tercera temporada.

Fotograma de Love

2. Love

Es verdad que Love puede dar un poco de pereza, pero conviene señalar que no es una serie romántica del montón. Aunque lo pueda parecer o aunque sus dos personajes protagonistas (“la guapa y el nerd”) te tiren un poco para atrás de primeras. Lo cierto es que Love es distinta en desarrollo y en construcción de personajes.

Por un lado, tenemos a Gus: un tipo entrañable que da clases particulares a una niña estrella de la TV en una especie de telenovela llamada “Wichita”, aunque él en realidad aspira a ser guionista en Hollywood. Luego está Mickey, una chica que trabaja de forma precaria en un programa de la radio y con un montón de problemas. Pero no problemas en plan guay a lo manic pixie dream girl. Mickey lo está pasando mal y no mola, Mickey tiene muchos problemas (dependencia al alcohol, dependencia sexoafectiva) y no hay nada de romántico en eso. Mickey no es una chica con ínfulas de ser independiente y liberada, es todo lo contrario: Mickey está jodida y jode a los demás y el espectador asiste a eso. A sus múltiples desplantes con su compañera de piso, a su egoísmo, a su narcisismo, a sus recaídas con un ex simplemente asqueroso o a su jefe acosador.

Aquí es muy interesante la relación entre ella y Dr. Gregg (el director del programa de radio) a quien se tiró una vez para salvar su puesto y él la trata como si ahora ella le debiera algo. Esta relación representa muy bien esas dinámicas sutiles de poder en el ambiente de trabajo como uno de los puntos amargos de la serie. Mickey es víctima de ese comportamiento, pero lo tiene tan naturalizado de un modo que hasta incomoda. Y es valioso ver esto en pantalla.

Pero no hay que confundir: Mickey no es un personaje gris, tostón o sumiso. Ella también es divertida, infinitamente carismática, a veces grosera, y la quieres y la odias y la compadeces a la vez. La compadeces porque en todas esas Mickey también estamos nosotras: rondando la treintena, sin trabajo estable, en medio de varias relaciones tóxicas y tratando de salir de un sistema que, muchas veces, nos ha tratado poco más que de guapas. Love no es una serie de amor, más bien trata el fracaso de las relaciones románticas en nuestra generación.

Además, las escenas de sexo también son realistas y Mickey integra con naturalidad su vibrador, algo tonto, pero es un pasito en TV.

Fotograma de The Girlfriend Experience

3. The Girlfriend Experience

The Girlfriend Experience es otra cosa. Plantea otra cosa. Inspirada en la película del mismo título dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada por Sasha Grey en 2009, esta serie trata el tema de la prostitución de lujo.

Christine es una estudiante de Derecho que por las tardes hace prácticas en un bufete de abogados. Un día, a través de una amiga de la Universidad, descubre que la prostitución puede ser una buena forma de ganarse la vida y vivir mucho mejor. Así al menos no tendrá que pedir dinero a sus padres y dejará de escuchar a su compañero de piso el cual le persigue para que le pague el mes.

A partir de ahí, la serie te muestra cómo Christine va integrando ese proceso de ofrecer sexo a hombres desconocidos a cambio de dinero. Y te lo explica sin paternalismos, pero tampoco te cuenta una versión edulcorada. Christine es inteligente y tiene una personalidad fuerte como para saber qué es lo que quiere, pero también es lo suficientemente joven como para estar muy asustada.

La serie no entra en el debate ético del trabajo sexual, al contrario, parte de lo lícito de esta opción y te explica cómo ella se empodera para sacar provecho de su cuerpo sin ayuda ni para beneficio de nadie más que de ella. La trama está acompañada de un rollo misterioso en el que la amiga (llena de incógnitas también) ocupa un rol esencial. Es interesante ver cómo las tecnologías se integran en la vida de las dos amigas.

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