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Culture

‘Ghost in the Shell’ triunfa con un mensaje menos apocalíptico que la original

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La nueva adaptación del manga llega rodeada de polémica, pero consigue triunfar con una apuesta completamente made in Hollywood

Juan Carlos Saloz

31 Marzo 2017 06:00



Whitewashing. Apropiación cultural. Racismo. HEREJÍA.

En los últimos meses, Ghost in the Shell ha recibido acusaciones de todo tipo. Desde que Rupert Sanders anunciara que Scarlett Johansson iba a ser la Major Motoko Kusanagi, la crítica comenzó a tomarla con el filme. No tenía sentido, decían, que la protagonista no fuera japonesa.

Sin embargo, tras el estreno de la película, estas críticas se han ido disipando. Y no solo porque el argumento haya justificado la elección de la nacionalidad de los personajes. También porque, según algunos de los medios más reputados, es la mejor adaptación de anime que se ha hecho nunca en Hollywood.

Sin llegar a ser una película de culto –y sin la intención de serlo– como el anime de 1995 en el que está basado, el filme de Sanders ha superado con creces las expectativas que se tenían sobre él. La estética llega a mejorar a la del propio anime, optimizando la sociedad inspirada en Blade Runner con un increíble trabajo de efectos especiales. Y la intensidad del argumento la convierten en uno de los mejores espectáculos en lo que va de año.

Eso sí, tiene algo de trampa. El manga original de Ghost in the Shell cuenta con características propias del género (erotismo, más acción que filosofía y grandes dosis de humor) que Mamoru Oshii no vio necesarias para su filme. El japonés ya había adaptado la historia a una fórmula profundamente americana, así que Sanders no ha tenido que esforzarse demasiado para acomodarla a su visión.

La película parte de una base similar a lo que ya sabíamos de Ghost in the Shell. La Major es una ciborg con cuerpo mecánico y cerebro humano que trabaja como espía para el gobierno de un futuro Japón cyberpunk. Junto a la Sección 9, un escuadrón encargado de acabar con el terrorismo, la protagonista sigue la pista de un peligroso hacker que tiene en vilo a todo el país.



Sin embargo, a medida que avanza la película, vemos que no nos están contando la misma historia. En esta ocasión, la Major no sabe su nombre. Tiene amnesia, y lo único que sabe, según se han encargado de contarle, es que era una refugiada de guerra. Sus padres murieron a bordo de una barcaza de la que fue la única superviviente. Pero su cuerpo quedó tan desvalido que, para salvarla, pasaron su cerebro a una coraza sintética.

Este guiño a la crisis de refugiados pone de relieve el filme ante el que nos encontramos: no se trata de la leyenda distópica de los 90, sino de una versión actualizada para una nueva generación de fans.

Desde el primer momento se muestra como una película sobre la propia identidad, uno de los dilemas más repetidos entre los nativos digitales. La Major, con la frialdad que la caracteriza, cree que ha podido dejar su alma (Ghost) en su anterior cuerpo (Shell); junto a su anterior vida. Así que, mientras reta a su jefe Daisuke Aramaki, magistralmente interpretado por Takeshi Kitano, va descubriendo las claves de quién es en realidad.

Este debate tan hollywoodiano atrae todo el peso de la trama de Ghost in the Shell. Aunque ya era uno de los elementos más importantes en la obra original, aquí se engrandece hasta dejar de lado los otros tantos debates filosóficos sobre los peligros de una sociedad conformada por robots.

En este caso, todo lo apocalíptico de Ghost in the Shell se reduce a lo absurdo. Es un futuro integrado. La tecnología ha llegado a casi todos, en forma de implantes mecánicos de ojos, brazos u orejas. Dejando de lado la desigualdad, una visión positiva sobre el futuro. Por lo tanto, más que a la tecnología en sí, la crítica se dirige a quienes mueven los hilos de la sociedad.

Las zarpas de Hollywood aparecen en cada toma, tanto para bien como para mal. Mientras el guión es mucho más potente que el del anime de 1995, donde la mayoría de frases aparecían sin un contexto que les diera pie, la moraleja final no cala de la misma forma en el público. Todas las ambigüedades que le daban sentido se suplen con un mensaje sobre superar los obstáculos y empezar de cero.

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En apariencia, la nueva Ghost in the Shell es lo mismo que llevan años contándonos en mangas, filmes animados, series y videojuegos. Pero dentro guarda nuevo concepto: más básico, más integrado y más actual.

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