Cultura

España dividida: 'El procés' a través de los grupos de WhatsApp de tu familia y amigos

Memes fachas. Primos que abandonan el grupo. El botón 'silenciar durante un año'. Los grupos de WhatsApp como espejo de lo que está pasando en Cataluña a pocos días del 1-O

Imagen vía Getty

7.30 am de la mañana. Miércoles. Quedan cuatro días para el 1 de octubre, la fecha prevista para celebrar el referéndum para la autodeterminación de Cataluña, y WhatsApp está que trina. Se acerca el día y cada vez recibo un volumen más alto de mensajes sobre el 'procés'. Los silenciosos cada vez lo son menos. Intuyo que en mí WhatsApp no habrá jornada de reflexión.

120 mensajes en el grupo de amigos del barrio. Otros tantos en el de la universidad. Mi amigo de Murcia, creo que algo asustado por lo que ve en televisión, me pregunta que cómo se está viviendo por Cataluña y que si estoy bien. Todo bien, le digo. Es emocionante. Esto es la historia pasando. El grupo de los amigos siguen la coña con lo de Piolin. Jajajajaja. María solo pone emojis de reír. Con la que está cayendo, tú no salgas. Le dice su madre a un amigo mío. Mi amigo le contesta: mamá, mejor no veas la TV.

Algunos grupos están extrañamente inactivos. Otros extrañamente esquivos, mejor no tocar el tema. Pero se habla de tantos otros temas que no son el tema que hasta eso resulta poco creíble. Ahí hay líneas rojas que muy concienzudamente se están decidiendo no pisar. Como alguien diga algo, esto hace crac. Que somos familia, que ya nos conocemos. Luis ha abandonado el grupo. Silencio virtual. Espero que no haya sido por el meme de Kim Jong-Un y Rajoy. La prima no habla pero todos sabemos que es de la CUP. El amigo diplomático apela al “sentido común”. Alguien le contesta con el emoticono del corte de mangas y luego rebaja con un XD. Tengamos la fiesta en paz. Silenciar durante un año.

Estos días, WhatsApp es un hervidero, la herramienta para tomar las pulsaciones de lo que sucede ahí afuera, lejos de esos 'amigos confort' con los que hablas pero apenas discutes. En cambio, en tu WhatsApp, está la familia lejana y no tan lejana, a los que no has elegido; y los amigos de toda la vida de quienes hace tiempo te bifurcaste. Hay médicos, hay mecánicos, hay profes, hay fisioterapetuas. Hay casados, con hijos, solteros o viviendo fuera, en barrios populares y en otros más acomodados. Están mis raíces. Familias partidas, emigradas, que llegaron en los 50 o 60 a Cataluña desde Extremadura o Andalucía. Y que tienen su propia versión de la película. La información llega sesgada ahí, pero también aquí. España como un gran teléfono escacharrado. La expresión de lo que sucede se concentra en un puñado de memes, gifs, montajes, vídeos fakes o cadenas dudosas que arrancan con “Mi primo es Mosso d’Esquadra”. Y otro que salta con un tío, que no te la cuelen.

“En nuestro caso todo arrancó el día 19 con un mensaje de un colega dentro de un grupo que tenemos entre amigos y sus parejas, el típico grupo del pueblo que les sirve para quedar a hacer paellas o café y que yo aún estoy por morriña. El procés no había aparecido, pero el meme consistía en una previsión metereológica de que 'iban a caer hostias en Catalunya'. A mi no me hizo gracia y empecé la discusión”, me explica Edu, de 37 años. Él es valenciano, afincado en Barcelona. Lleva 12 años viviendo fuera de su pueblo. Su grupo de WhatsApp lo integran un guardia civil, un militar (antes destinado en Afganistán), un experto en servicios sociales, profes de primaria y él, que es periodista y fotógrafo. Un cuadro.

Entre mensajes de una barbacoa que hicieron se iban colando las discusiones. Lo típico: MEMES, muchos tópicos, historias de 'un policía amigo de un amigo' y todo para justificar que aquí nos den de palos. Sé que las opiniones de muchos no son las mías, pero a veces me sigue sorprendiendo porque se dejan llevar mucho por la prensa y la televisión y eso es difícil de contraargumentar

“Entre mensajes de una barbacoa que hicieron se iban colando las discusiones. Lo típico: MEMES, muchos tópicos, historias de 'un policía amigo de un amigo' y todo para justificar que aquí nos den de palos. Sé que las opiniones de muchos no son las mías, pero a veces me sigue sorprendiendo porque se dejan llevar mucho por la prensa y la televisión y eso es difícil de contraargumentar”, me cuenta Edu. En su caso las discusiones arrancan normalmente de 20 a 2am, cada noche. “Estancados en el mismo punto: entre que es ilegal y melasudas. No nos enfadamos porque somos colegas, pero se nota la tensión”.

En el grupo de Edu ya ha habido algunas bajas. De momento, tres personas que hasta el momento se habían mantenido al margen han abandonado el grupo. “Yo quiero parar muchas veces, pero soy un cabezota muy dialogante, así que vuelvo. Me siento un poco Padre Apeles, así que sigo con el tema”. Edu crítica que, sin ser independentista, a veces acaba sintiéndose en un extremo de la balanza solo por “defender lo que yo creo que es de ‘sentido común’".

Captura de pantalla del móvil de Edu

En la mayor parte de los grupos, sin embargo, existe un poso de tensión o confrontación sutil como incrustado en el fondo del vaso. Pero no se manifiesta de forma evidente. En otras, se hace desde la broma. Algunos miembros permanecen callados, leyéndolo todo. O dejan que sea el mismo de siempre, siempre hay uno que es el de siempre, que siga con sus diatribas sin recibir demasiadas atenciones. Oriol, barcelonés de 26 años hijo de madre catalana y padre cordobés, me enseña su grupo llamado “Famili”.

No merece la pena perder el tiempo hablando con ellos. Si no me salgo del grupo es para no quedar mal

El grupo abarca diferentes posiciones dentro del espectro ideológico. Oriol es independentista y su madre también, su tía se muestra algo más escéptica pero apoya el referendum. Su hermano pequeño, no sabe no contesta. Prefiere no opinar. Su hermano mayor no apoya la independencia. Y a su padre le parece todo una pantomima. Envía todo tipo de archivos, sobre todo, chistes, vídeos y bromas anti-independentistas. El resto: poco dice. Su madre, a veces, le pide que deje de "enviar chorradas".

"Se pican todo el rato, pero desde el cariño. Yo, en realidad, me lo pasó bien leyendo el grupo porque sé que es sin malicia", comenta Oriol.

Captura de pantalla del móvil de Oriol

En el caso de María, una albaceteña de 27 años residente en Madrid, el tema del 1 de octubre por WhatsApp no se toca demasiado. Ella apoya el derecho a decidir y sabe que lo ideal sería un "más diálogo, un referéndum pactado, aunque obviamente eso no es posible con el equilibrio de fuerzas políticas actual". Sin embargo, estas discusiones no las tiene con su familia, que vive en un pueblo de Albacete. Mucho menos, por WhatsApp. "Yo no hablo con mi familia de todo esto por los grupos de Whatsapp porque no pensamos lo mismo. No conocen a ningún catalán y los argumentos son tan malos que nos peleamos en la sobremesa porque no hay más remedio. No hablamos de eso por Whatsapp de política, en general, ni siquiera con memes. Suficiente con las sobremesas infernales".

Yo no hablo con mi familia de todo esto por los grupos de Whatsapp porque no pensamos lo mismo. No conocen a ningún catalán y los argumentos son tan malos que nos peleamos en la sobremesa porque no hay más remedio. No hablamos de eso por Whatsapp de política, en general, ni siquiera con memes. Suficiente con las sobremesas infernales

“Por desgracia estoy en un grupo de WhatsApp con algunos miembros de mi familia materna. Alguno es militar, otro está casado con una Guardia Civil, otra está casada con un miembro del Partido Popular del pueblo del que somos. Todos son de Valencia y Albacete, excepto yo y mi única tía directa, que vivimos en Barcelona. De hecho, somos dos de las tres únicas personas nacidas en Cataluña de mi familia”, me cuenta Alejandra, de 29 años.

“La semana pasada algunos familiares empezaron a compartir las típicas parrafadas de copiar y pegar en WhatsApp como MENSAJE DE UN GUARDIA CIVIL RESIDENTE EN CATALUÑA o Manifestación el día 1 de Otubre (sí, otubre) por la UNIDAD DE ESPAÑA". La verdad es que, para lo fachas que son, nadie contestó a los mensajes”. La posición de Alejandra siempre es la misma: no hablar, no decir nada. “No merece la pena perder el tiempo hablando con ellos. Si no me salgo del grupo es para no quedar mal”, me explica. En ese mismo grupo otra prima suya comparte oraciones religiosas y otro primo, memes machistas.

 

Captura de pantalla de Alejandra

Han pasado varias horas desde que empecé el artículo y mi WhatsApp está otra vez lleno de material. Compruebo que aún no se ha roto ninguna nueva amistad y que ningún familiar ha abandonado ningún grupo. Los grupos pacificados siguen tranquilos. Quizás, pienso, toda esta falta de entendimiento sea la mejor representación de la desconexión de España. Somos familia y nos queremos, pero mejor me largo de aquí porque ya no nos entendemos.

Antes de darle al botón de enviar, recibo este mensaje de Edu.

  • España dividida: El Procés a través de grupos de WhatsApp

  • 7.30 am de la mañana. Miércoles. Quedan cuatro días para el 1 de octubre, la fecha prevista para celebrar el referéndum para la autodeterminación de Cataluña, y WhatsApp está que trina. Se acerca el día y cada vez recibo un volumen más alto de mensajes sobre el Procés. Los silenciosos cada vez lo son menos. Intuyo que en mi WhatsApp no habrá jornada de reflexión. 120 mensajes en el grupo de amigos del barrio. Otros tantos en el de la universidad. Mi amigo de Murcia, creo que algo asustado por lo que ve en televisión, me pregunta que cómo se está viviendo por Cataluña y que si estoy bien. Todo bien, le digo. Es emocionante. Esto es la historia pasando muy deprisa. El grupo de los amigos siguen la coña con lo de Piolin. Jajajajaja. María dice que nos vayamos al puerto. Con la que está cayendo, tú no salgas. Le dice la madre de un amigo mío. Mi amigo le contesta: mamá, mejor no veas la TV. Algunos grupos están extrañamente inactivos. Otros extrañamente silenciosos. No se habla del tema. Pero se habla de tantos otros temas que no son el tema que resulta poco creíble. Aquí hay líneas rojas que muy concienzudamente se están decidiendo no pisar. Como alguien diga algo, esto hace crac. Que somos familia, que ya nos conocemos. Luis ha abandonado el grupo. Silencio virtual. Espero que no haya sido por el meme de Kim-Jong-Un - Rajoy. La prima no habla pero todos sabemos que es de la CUP. El amigo diplomático apela al “sentido común”. Alguien le contesta con el emoticono del corte de mangas y luego rebaja con un XD. Tengamos la fiesta en paz. Silenciar durante un año.

  • **MEME RAJOY

  • Estos días, WhatsApp es un hervidero, un buen testeo de todo lo que está pasando. La herramienta para tomar las pulsaciones de lo que sucede ahí afuera, lejos esos amigos de confort con los que hablamos y nos damos más o menos siempre la razón. Ahí, en tu WhatsApp, está la familia lejana y no tan lejana, a quienes no has elegido; y los amigos de toda la vida que hace tiempo tomaron caminos muy distintos a las tuyos. Hay médicos, hay mecánicos, hay profes, hay fisioterapetuas. Hay casados, con hijos, solteros o viviendo fuera, en barrios populares y en otros más acomodados. Están las raíces. Familias partidas, emigradas, que llegaron en los 50 o 60 a Cataluña desde Extremadura o Andalucía. Y que tienen su propia versión de la película. La información llega sesgada ahí, pero también aquí. España como un gran teléfono escacharrado. La expresión de lo que sucede se concentra en un puñado de memes, gifs, montajes, vídeos fakes o cadenas dudosas que arrancan con “Mi primo es mosso d’esquadra”. Y otro que salta con un tío, que no te la cuelen.

  • “En nuestro caso todo arrancó el día 19 con un mensaje de un colega dentro de un grupo que tenemos entre amigos y sus parejas, el típico grupo del pueblo que les sirve para quedar a hacer paellas o café y que yo aún estoy por morriña. El procés no había aparecido, pero el meme consistía en una previsión metereológica de que 'iban a caer hostias en Catalunya'. A mi no me hizo gracia y empecé la discusión”, me explica Raúl, de 37 años. Él es valenciano, afincado en Barcelona. Lleva 12 años viviendo fuera de su pueblo. Su grupo de WhatsApp lo integran: un guardia civil, un militar (antes destinado en Afganistán), un experto en servicios sociales, profes de primaria y él, que es traductor y agitador cultural. Un cuadro.

  • “Entre mensajes de una barbacoa que hicieron se iban colando las discusiones. Lo típico: MEMES, muchos tópicos, historias de 'un policía amigo de un amigo' y todo para justificar que aquí nos den de palos. Sé que las opiniones de muchos no son las mías, pero a veces me sigue sorprendiendo porque se dejan llevar mucho por la prensa y la televisión y eso es difícil de contraargumentar”, me cuenta Raúl. En su caso las discusiones arrancan normalmente de 20 a 2am, cada noche. “Estancados en el mismo punto: entre que es ilegal y melasudas. No nos enfadamos porque somos colegas, pero se nota la tensión”.

En el grupo de Raúl ya ha habidoalgunas bajas. De momento, tres personas que hasta el momento sehabían mantenido al margen han abandonado el grupo. “Yo quieroparar muchas veces, pero soy un cabezota muy dialogante, así quevuelvo. Me siento un poco Padre Apeles, así que sigo con el tema”.Raul crítica que, sin ser independentista, a veces acaba sintiéndoseen un extremo de la balanza solo por “defender lo que yo creo quees de ‘sentido común’.

En la mayor parte de los grupos, sinembargo, existe un poso de tensión sutil como incrustado en el fondodel vaso. Pero no se manifiesta de forma evidente. Algunos miembrospermanecen callados, leyéndolo todo. O dejan que sea el mismo desiempre, siempre hay uno que es el de siempre, que siga con susdiatribas sin recibir demasiadas atenciones. Oriol, barcelonés de 26años, me enseña su grupo llamado “Famili”. El grupo abarcadiferentes posiciones dentro del espectro ideológico. Oriol esindependentista, su madre apoya el referéndum, aunque sea para el noy a buena parte de su familia, que vive en Cuenca, les parece todouna pantomima. Hay uno que siempre comenta: su tío Francisco. Envíatodo tipo de archivos, sobre todo, chistes, vídeos y bromas antiindependentistas. El resto, poco dice. Su madre una vez le pidióque, por favor, dejara de mandar chorradas.

“Por desgracia estoy en un grupo deWhatsApp con algunos miembros de mi familia materna. Alguno esmilitar, otro está casado con una Guardia Civil, otra está casadacon un miembro del Partido Popular del pueblo del que somos. Todosson de Valencia y Albacete, excepto yo y mi única tía directa, quevivimos en Barcelona. De hecho, somos dos de las tres únicaspersonas nacidas en Cataluña de mi familia”, me cuenta Alejandra,de 29 años.

“La semana pasada algunos familiaresempezaron a compartir las típicas parrafadas de copiar y pegar enWhatsApp como MENSAJE DE UN GUARDIA CIVIL RESIDENTE EN CATALUÑA o"Manifestación el día 1 de Otubre (sí, otubre) por la UNIDADDE ESPAÑA". La verdad es que, para lo fachas que son, nadiecontestó a los mensajes”. La posición de Alejandra siempre es lamisma: no hablar, no decir nada. “No merece la pena perder eltiempo hablando con ellos. Si no me salgo del grupo es para no quedarmal”, me explica. En ese mismo grupo otra prima suya comparteoraciones religiosas y otro primo, memes machistas.

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