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Culture

Ana Lily Amirpour: “Twitter es una gilipollez. Es basura. Representa lo peor del ser humano”

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Pasamos veinte minutos en un barco con la directora Ana Lily Amirpour y esto fue lo que nos contó. Una pista: odia Twitter

víctor parkas

11 Octubre 2017 11:20


“Bienvenido a mi barco”, bromea Ana Lily Amirpour.

Me encuentro con la directora en un yate atracado en la Torre de Capitanía de Sitges, la localidad costera que estos días celebra su festival de cine fantástico anual. Lily Amirpour ha venido al certamen a presentar su segunda película, The Bad Batch, una distopía que muchos han querido definir como un “Mad Max indie”.

“La gente dice que se parece a Mad Max”, reconoce, “pero yo no lo veo así. Si piensas que The Bad Batch será como Mad Max, saldrás del cine decepcionado”.

Para evitar decepciones: The Bad Batch, más que un tributo a Mad Max, es en palabras de su directora una extraña intersección entre El Topo de Alejandro Jodorowsky y Dirty Dancing. “También hay algo de Sergio Leone”, añade. “Es difícil hablar de influencias, porque una película acaba siendo el resultado de muchas más particularidades: quién eres, qué te gusta, qué cosas amas por encima de todo y de todos”.

Mi intención es que, de todos los espacios que muestra la película, no sepas en cuál de ellos te gustaría vivir

En su segundo trabajo, Amirpour nos traslada a un futuro poco halagüeño: Estados Unidos y su zona fronteriza se han convertido en un paraje desértico habitado por caníbales –muchos de ellos son, además, culturistas. En medio de ese páramo, se encuentra un oasis llamado Confort, una zona libre de antropofagia dónde un mesiánico Keanu Reeves se ha erigido como líder.

¿Su guarda pretoriana? Un grupo de embarazadas armadas hasta los dientes.

“Hay muchas cosas en mi película que no tienen explicación; las mujeres embarazadas portando armas es una de ellas. Pero también hay cosas en la vida real que no tienen explicación: ¿Cómo explicas que existiese una persona como Hugh Hefner? Hefner creó a su alrededor una cultura extrema muy difícil de describir racionalmente. Keanu Reeves, en The Bad Batch, tiene ese tipo de poder y de carisma”.

La tarima sobre la que Reeves se dirige a sus acólitos es un radiocasete, en cuyo interior se encuentra un DJ interpretado por Diego Luna; la estructura y su contexto recuerdan, de forma vívida, a la 'boom box' del Burning Man. “Yo tomé ácido en el Burning Man, y es una experiencia que he incluido en la película”, me confiesa Ana Lily. “Sin embargo, The Bad Batch no es una alegoría al Burning Man: el Burning Man es una fiesta para pijos blancos, no para los parias sociales que protagonizan mi película”.

Tal y como relata Amirpour, The Bad Batch es una reflexión sobre la idea de confort y cómo está se va resignificando a lo largo del tiempo y el espacio. “Mi intención es que, de todos los espacios que muestra la película, no sepas en cuál de ellos te gustaría vivir”, incide la autora. “Nosotros dos, ahora mismo, en este barco, estaríamos en Confort, ¿te gusta? ¿Querrías estar aquí para siempre? Quizás no, ¿cierto? Pues este barco es el equivalente a la casa de Keanu en The Bad Batch”.

“Es decir: un sitio de mierda”.

'The Bad Batch' no es una alegoría al Burning Man: el Burning Man es una fiesta para pijos blancos

Tranquilos: también hay elementos para la esperanza en The Bad Batch. ¿Un ejemplo? El vagabundo interpretado por Jim Carrey. “Es el único tipo legal que aparece en toda la película”, dice Amirpour, “y para mí representa el alma de The Bad Batch”. Con el actor en plena fase existencialista, ¿cómo fue tratarlo en el set? “No sé cómo será para otra gente, pero para mí fue muy fácil trabajar con Carrey. Supongo que es como el sexo: si yo tengo sexo contigo será de una forma; si lo tengo con ella (señala a la responsable de prensa) será de otra; si lo tenéis entre vosotros dos será distinto a como fue conmigo”, expone. “Digamos que es una cuestión de química: Jim y yo la tuvimos”.

“Y eso no quiere decir que nos acostásemos”, añade, entre risas. “Es una me-tá-fo-ra”.

Por encima de todos los actores consagrados, brilla una Suki Waterhouse que en The Bad Batch da vida a Arlen. Víctima de unos caníbales que la dejan con tres de sus cuatro extremidades, la diversidad funcional no impedirá a Arlen convertirse en una impresionante (y lacónica) action-hero. “Ensayé mucho con Waterhouse y con el resto de actores antes de llegar al set”, explica Ana Lily. “Solo teníamos 26 días para grabar The Bad Batch, y no había tiempo para los '¿por qué no probamos...?' en un rodaje de ese tipo: el tiempo corre”.

Para aligerar el shooting, Amirpour ya tenía en la cabeza las canciones que quería utilizar en su film; entre ellas, All that she wants y el Karma Chamaleon de Culture Club. “Es muy excitante utilizar temas de los noventa que la gente tiene un poco olvidados, y darles un nuevo significado a través de las imágenes”, declara, haciendo referencia a cómo ha integrado esos hits en escenas de amputaciones y canibalismo. Por lo que respecta al resto de soundtrack, The Bad Batch confirma a Amirpour como una selector con mucho olfato: Die Antwoord, Federale o White Lies son algunos de los artistas que musican su película.

“Amo la música. Me parece la hostia”, defiende con entusiasmo.

Es muy excitante utilizar temas de los noventa que la gente tiene un poco olvidados, y darles un nuevo significado a través de las imágenes

¿Algo que odie? “No me gustan las redes sociales ni cómo éstas afectan a mi vida diaria”, asegura. Amirpour, que se vio envuelta en una polémica en Twitter tras el encontronazo con una espectadora que le afeó matar a todos los personajes negros de The Bad Batch, me explica que decidió borrar esa red social de su móvil. “También desinstalé Facebook de mi teléfono, solo dejé Instagram. Pero Twitter... Twitter me parece una completa gilipollez”.

¿Por qué? “¿Que por qué? Si no sabes por qué, lo siento: no tengo tiempo para explicártelo. Twitter es una gilipollez. Es basura. No representa para nada la realidad, sino lo peor de la gente; el lado más feo del ser humano. Nadie quiere escuchar nada ahí dentro. ¿Sabes las pegatinas que la gente pone en los coches? 'Salvemos el mundo'. 'No comas carne'. 'Hazte vegetariano'. Detrás de esas pegatinas, dentro del coche, es muy probable que vaya conduciéndolo un puto gilipolllas”.

“Eso es Twitter”, sentencia. “¿Lo entiendes? ¿Sí? Bien”.

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