Cultura

Donald Glover lo hace todo. Y lo hace todo bien

Donald Glover es una especie de Da Vinci millennial... Bueno, no. Simplemente es él mismo

Un 1,6. El disco Camp de Childish Gambino, fue puntuado por Ian Cohen de Pitchfork con una nota de 1,6. ¿Sobre 10? Sobre 10, sí.

Era 2011, todo volaba por los aires en Fukushima, la Primavera Árabe conseguía derrocar a Mubarak y, mal que le pese a Pitchfork seis años después, nadie supo entender la propuesta musical de Childish Gambino, es decir, de Donald Glover —ni, por ende, al propio Glover.

Camp, sinceramente, no era un Take Care o un Yeezus; pero, ¿de dónde nacía esa inquinia que llevó a medios como Time o Pitchfork a calificar la música de Glover de “desagradable”? Los detractores de Camp defendían su posición aduciendo que Glover, pese a no ser estrictamente un rapero de corte cómico, sí había trasladado la sensibilidad de la que hacía gala en sus actuaciones y monólogos; esto es: Donald no se había adaptado al medio que estaba explorando, la música, convirtiendo su álbum debut en extensión de sus otras facetas.

Algo como: ¿Se puede saber exactamente de qué coño va el tal Gambino, con sus referencias a François Truffaut y a Sufjan Stevens?

A ojos de la prensa especializada, Glover era el paradigma de actor-que-graba-un-disco; alguien incapaz de disociar entre el tono de un stand up y el de una canción de rap. En realidad, se estaba demonizando a Glover por algo que, con los años, se ha revelado como su mayor baza: una capacidad sorprendente para actuar, escribir y rapear sin perder la identidad al saltar de un medio a otro. “La persona que soy haciendo stand up es exactamente la misma que rapea”, se explicaba él mismo en una entrevista. “No me parecería natural pasar de hacer bromas sobre Justin Bieber a cantar raps sobre matar bebés y fumar hierba. Siempre soy el mismo tipo”.

Donald Glover, de alguna forma, hizo de ‘ser el mismo tipo’ una disciplina por sí sola.

Donald Glover siempre es Donald Glover, de acuerdo; pero, ¿quién demonios es Donald Glover?

Nacido en 1983 en California, D. McKinley Glover creció en el seno de una familia de Testigos de Jehová. Esto implicaba, entre otras cosas, que el futuro ganador de varios Premios Emmy tenía totalmente prohibido ver la televisión. En su lugar, Glover tenía que contentarse con escuchar grabaciones en audio de sus programas favoritos, con Los Simpson a la cabeza. “Ser Testigo de Jehová hace que te sientas como si estuvieses permanentemente mirando tras una cortina”, describió, a este respecto, Glover. “Hacía que la magia nunca te abandonase”.

Parte de esta magia se perdió —por suerte— cuando Glover se matriculó en la New York University Tisch School of the Arts. Allí, además de dejarse las pestañas viendo toda la televisión que no había consumido en los últimos dieciocho años, conoció a Dominic Dierkes, DC Pierson y Dan Eckman; con ellos, formaría el grupo de sketches para YouTube Derrick Comedy —a modo de reunión de exalumnos, en 2009 grabarían juntos una película, Mystery Team.

Entre sketch y clase, Glover tecleó su nombre en Wu-Tang Names Generator. Éste le mandó de vuelta ‘Childish Gambino’.

La mayor baza de Glover es su sorprendente capacidad para actuar, escribir y rapear sin perder la identidad al saltar de un medio a otro

Además de demostrar su valía en pequeñas píldoras colgadas en YouTube, durante su época universitaria y tras unirse a la Upright Citizens Brigade, Glover empezó a despuntar también como monologuista, haciéndose un nombre en los clubs de stand up neoyorquinos.

Con el tiempo, éstos darían paso a los enormes escenarios de Comedy Central, en los que defendió espectáculos como Weirdo.

Sin el tiempo, porque hay cosas que no pueden esperar, Tina Fey fichó a un Glover de 21 años como guionista de su serie 30 Rock.                   

30 Rock no solo sirvió a Glover para foguease como escritor en una trinchera privilegiada —el equipo de guionistas del que formó parte logró alzarse con el Emmy en 2008—, sino que, además, el formato del programa le permitía hacer algún que otro cameo. Estas pequeñas intervenciones esporádicas, de forma inequívoca, llevarían a los productores de Community a fijarse en el joven actor.

De este modo, después de tres años trabajando bajo el ala de Tina Fey —a la que, por cierto, Glover considera su consejera sentimental—, Donald pasó a formar parte del reparto de Community, una serie centrada en un heterogéneo grupo de estudiantes que terminaría convirtiéndose en un producto de culto.

En Community, Glover consiguió dibujar un personaje (Troy) con el que la audiencia cayó rendida; su marcha en la quinta temporada, así, supuso toda una conmoción para la fanbase de la serie. El gran do de pecho —y la razón de que Glover abandonase la NBC— todavía estaba por llegar, y llegó en 2016: Atlanta, una serie creada, escrita y protagonizada por Donald se convirtió en el sleeper de la temporada

Atlanta es un caballo de Troya”, aseguraba Glover. “Quería hacer una serie que fuese incómoda de emitir para una cadena de televisión; una serie controvertida que, si se cancelase tras una primera temporada, fuera una primera temporada de la que sentirme orgulloso”.

Atlanta, cuenta la historia de Earn, un padre primerizo que, arruinado sentimental y profesionalmente, decide ayudar a su primo rapero para que éste consiga hacerse un nombre en la escena hip hop de Atlanta. “La intención de Atlanta es que el espectador sienta como lo hace un negro”, declaraba Glover, que interpreta a Earn en la serie. Atlanta, que está llena de pequeños hallazgos, es una radiografía en primera persona de los conflictos de raza y de clase que asolan Estados Unidos —todos los guionistas de Atlanta son, como Glover, afroamericanos.

Aunque puede construirse una narrativa ascendente con la carrera de Glover —no en vano, Donald ha pasado de youtuber universitario a prestigioso showrunner—, la progresión de su actividad artística, lejos de cerrar una puerta para abrir otra, ha ido en mil direcciones a la vez. Glover, ya en la cúspide, jamás dejado de hacer monólogos ni de cejar en su empeño de publicar mixtapes y álbums de rap.

“Quiero hacer un montón de cosas”, dejó claro en su momento Donald Glover. “No diría de mí mismo, por ejemplo, que soy un rapero. No creo que yo sea un rapero. Puedo hacer rap, pero no soy un rapero. Tal y como yo lo veo, cuando dices ‘soy esto’ o ‘soy lo otro’, no haces más que herirte a ti mismo”.

No creo que yo sea un rapero. Puedo hacer rap, pero no soy un rapero. Tal y como yo lo veo, cuando dices ‘soy esto’ o ‘soy lo otro’, no haces más que herirte a ti mismo

Aunque los dos Globos de Oro que ganase Atlanta (Mejor Serie de Comedia y Mejor Actor) consagraron a Glover como una de las voces más estimulantes de su generación, sería Because the Internet, el segundo álbum de estudio de Childish Gambino, la obra que mejor representaría el espíritu inquieto de Donald.

Because the Internet, además de ser un disco, era una serie de posts confesionales en Instagram, donde Glover reflexionaba sobre el miedo y la depresión; también, una instalación en la tienda de discos Rough Trade en Nueva York. A eso, hay que sumarle un guión de 76 páginas con el mismo nombre que el álbum, dos cortometrajes, y el hecho de que Donald, durante las entrevistas de promoción, se vistiese como el personaje sobre el que gira la historia de Because the Internet —un ciber-troll hijo de Rick Ross.

2016 fue el año en el que Glover supo encauzar mejor su torrente creativo. A la verborrea explosiva y transmedia de Because the Internet le daría paso una cosecha no tan abundante, pero sí mucho más jugosa: además de estrenar la primera temporada de Atlanta, Glover publicaba el maravilloso Awaken, My Love!

Esta tercera referencia en la discografía de Childish Gambino —además de tener un aire funk, adoptando dejes de Prince, Parliament o Funkadelic— supuso no solo la entrada en la madurez letrística de Glover, con estrofas menos referenciales y más sinceras, sino que, por momentos, entronca con la sensibilidad del urban actual — Riot, reivindicativa, pero de compás tranquilo, podrían firmarla perfectamente Kendrick Lamar o Solange.

Awaken, My Love! obtuvo un 7,2 en Pitchfork, demostrando así que, por lo menos, la concepción que se tiene de Glover está empezando a cambiar. Este peculiar hombre del renacimiento, que interpretará a Lando Calrissian en el siguiente spin-off de Star Wars, quizás no pase a la Historia como el Da Vinci millenial. Ni ganas: a veces, basta con ser siempre el mismo tipo.

Tags: , , ,

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar