Cultura

'El Cuento de la Criada' y otras historias de ciencia ficción para acabar con el patriarcado

El feminismo necesita ciencia ficción

Imagina un mundo en el que el sexo entre un hombre y una mujer se practica mediante otra mujer mediante. Una de ellas, vestida de azul, la Esposa, sujeta por la cabeza y los hombros a la otra, la fecundadora. Esta última permanece estirada y con las piernas abiertas: lista para ser penetrada. Durante el acto sexual —que bien podríamos llamar simplemente ritual— el hombre mira a su Esposa mientras está dentro de la otra. Después de unos cuantos movimientos rítmicos y automáticos, toca esperar hasta el mes que viene. Con suerte la Criada se habrá quedado embarazada. Al fin y al cabo, ella no es una mujer, solo un aparato reproductor.

Esta es la primera escena sexual que se nos presenta en la serie del El Cuento de la Criada, novela homónima de Margaret Atwood que recientemente ha adaptado HBO como serie de televisión. Está claro: de sexual no tiene nada, el acto es puro trámite, las esposas infértiles y las criadas poco más que recipientes para albergar bebés.

La distopía que escribió Atwood en los 80 nos presenta el mundo como un lugar horrible (más aún) en el que existe una república llamada Gilead, gobernada por un régimen feudal y que propone el retorno a los valores más puritanos. En Gilead las mujeres se dividen según su fertilidad y sus funciones están muy claras: criar hijos, cocinar, vigilar o parir. Las que no sirven para nada (por ejemplo, las lesbianas) las envían a las “colonias” o directamente las matan. Ser mujer en Gilead es un mal negocio. Aún así hay muchas cosas que podemos aprender de El Cuento de la Criada.

"El Cuento de la Criada es lo que los críticos definen como distopía crítica, esto es, aquella que anima de forma directa o indirecta a los espectadores a tomar partido en el mundo real para asegurarse de que no vivirán un futuro como el que les cuentan", asegura a PlayGround la estudiosa Yaszek Lisa, profesora universitaria especializada en ciencia ficción y autora de " Hermanas del mañana. Las primeras mujeres de la ciencia ficción". Atwood, a través de la novela, crítica la subyugación de la mujer respecto al hombre y el rol de la mujer dedicado en exclusiva a la maternidad y cuidado del hombre.

Las Mujeres Perfectas (adaptación al cine de Stepford Wives)

Tanto si se hace desde la distopía crítica, como directamente desde la utopía directa, lo cierto es que hay un sinfín de obras dentro de la ciencia ficción (literatura, cine) que proponen escenarios similares y que alientan a construir un mundo distinto al que se nos ha presentado: alejado de las ideas preconcebidas. “Una de las ventajas del género de la ciencia ficción es precisamente eso, que permite cuestionar la realidad existente, lo que nos han dado por bueno o por válido, poniéndolo en otro espacio y tiempo y presentar alternativas. Por eso es un género tan bueno e interesante para el feminismo”, sugiere en este caso Lola Robles, escritora española y especialista en obras de ciencia ficción.

Lola tiene una utopía favorita: Herland, de Charlotte Perkins Gilman, una novela que propone uno de los escenarios más interesantes de la literatura de ciencia ficción: una tierra solo habitada por mujeres. En Herland (1915) la reproducción se efectúa mediante partenogénesis (esto es, desarrollo de células sexuales femeninas no fecundadas). Como resultado, obtenemos una sociedad habitada únicamente por mujeres, lo que se traduce en un orden social nuevo: idílico, libre de guerras y conflictos. En Herland, al contrario que en la novela de Atwood, los hombres no sirven ni siquiera para fecundar.

Desde una premisa parecida (la de un mundo sin hombres), parte el falso documental No Men Beyond This Point (2015), una comedia especulativa que llegó a la misma conclusión que Perkins hace 100 años: si las mujeres pudieran llegar a reproducirse asexualmente, los hombres serían completamente inútiles.

El documental nos sitúa en un mundo en el que el género masculino está al borde de la extinción: solo queda un hombre. Es Andrew Meyers, tiene 37 años y vive en una casa matriarcal formada por dos mujeres y sus hijas y nietas. En No Men Beyond This Point los roles están totalmente cambiados: las mujeres ostentan todo el poder (político, social, empresarial), mientras que Andrew es tratado como una especie de asistente de servicio que realiza todo tipo de tareas domésticas. Mientras los campos de fútbol están llenos de chicas, Andrew tiene braguitas.

Otra película que toma la  forma de falso documental es la cinta de culto Born in Flames (1983), una revolucionaria obra feminista dirigida por la Lizzie Borden y en la que aparece como actriz Kathryn Bigelow (la primera, y hasta ahora única, mujer ganadora de un Óscar a Mejor Directora).

La película, rodada con poquísimo presupuesto y estética muy punk, plantea un mundo en el que las mujeres se han hecho con el control de las emisoras de radio y unen fuerzas para combatir el machismo y la opresión. En este caso es interesante cómo las tecnologías (en este caso, la radio) se incorpora en el centro del relato y sirve de herramienta para romper el statu quo. "La ciencia ficción permite explorar aquí con ciertas ideas fundamentales sobre la tecnología, sobre quién utiliza esas tecnologías y para qué y sobre cómo eso impacta en la concepción que se tiene sobre el hombre y la mujer", explica Lisa.

"A veces no hay que explorar en tecnologías demasiado futuristas, solo explorar en las tecnologías del momento. No hay que olvidar que la ciencia ficción no se puede desvincular de su contexto... El futuro imaginado nos dice mucho del presente político y social del momento, con todas sus limitaciones,  desigualdes, conflictos. Todas estas obras nos hablan de las mujeres de cada momento y de sus preocupaciones", añade Lola.

"En la ciencia ficción no hay límites para los sexos, por eso nos proporciona nuevas perspectivas sobre los géneros y las relaciones de poder", argumenta Yaskez. La inversión de roles es muy común: las mujeres toman el control, asumiendo las actividades que hasta ahora les habían sido negadas. En Las Esposas de Stepford (1972), novela y película doblemente adaptada al cine, una de ellas protagonizada por Nicole Kidman, no hay una inversión de roles, pero constituye una crítica feroz al rol esclavizador de la mujer en el ámbito doméstico.

Una pareja y sus hijos abandonan Nueva York para mudarse a un pueblecito, Stepford, donde todo es idílico y todo el mundo parece muy feliz. Rápidamente, sin embargo, la cosa se irá enturbiando y la mujer irá descubriendo aspectos de su apacible vida que no le acaban de gustar: primero, que los hombres acuden a una “comunidad” donde tiene restringido el paso; segundo, que el resto de mujeres del vecindario parecen disfrutar absurdamente con su rol sumiso de amas de casa. “¿Cómo se pueden pasar todo el día fregando?”, se preguntan. Pronto la protagonista descubrirá que las "mujeres perfectas" de Stepford son robots creados por los hombres para satisfacer sus deseos. Imagina el poder de plantear un argumento así en mitad de la segunda ola del feminismo.

Para acabar, exclama Lisa, en una especie de alegato para tumbar el patriarcado: "¿Cómo se compara todos estos futuros con, digamos, a otros que nos ofrecen Trump o Le Pen? ¿U otros importantes actores políticos o culturales? Si nuestra heroínas encuentran maneras de resistir y luchar y, de alguna manera, incluso cambiar el mal futuro que se les impone, ¿no podemos encontrar nosotras la manera de conectar eso con nuestro propio mundo? Historias como estas no son una llamada a la desesperación: ¡son una llamada a la acción!".

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