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Culture

Cierra la publicación satírica ‘Orgullo y Satisfacción’

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El proyecto impulsado por dibujantes fugados de ‘El Jueves’ ha dejado de ser rentable. ¿Se puede hacer una revista de sátira y comer de ello en la era de la postverdad?

víctor parkas

03 Enero 2017 18:23

Orgullo y Satisfacción, el satírico digital impulsado por autores que, tras un caso de censura, abandonaron en bloque El Jueves, cerrará sus puertas para siempre el año que viene. Así lo comunicaban hoy mismo en su página web.

“El proyecto, en muchos sentidos, ha sido un éxito”, nos dice Manuel Bartual, uno de los directores de la revista. “El problema es que ahora mismo no es rentable”, señala, haciendo más tarde hincapié en que a Orgullo y Satisfacción le dedican su tiempo más de una veintena de colaboradores, entre ellos, activos del humor nacional tan potentes como Querido Antonio o los integrantes de El Mundo Today.

“Aun así, como nuestro modelo de negocio se basa en incentivar la suscripción anual, y aunque hayamos decidido cerrar, sí que publicaremos la revista lo que queda de año”, añade.

Cuando el último número de Orgullo y Satisfacción salga al mercado en diciembre de este año, la cabecera podrá vanagloriarse de haber salido, mes a mes, durante más de tres años. Los mismos que han pasado desde que sus impulsores abandonaron El Jueves, después de que RBA censurase una portada cuya imagen, paradójicamente, consiguió hacerse viral.



“Cuando ocurrió todo aquello, el episodio de censura, lo que más me molestó es que se hablase de El Jueves como una especie de entidad abstracta, cuando las revistas las hacen personas”, lamenta Bartual. Como resultado de este malestar, y como gesto de solidaridad -obrera-, a la marcha de Albert Monteys y de Manel Fontdevila se le sumó la de decenas de compañeros que colaboraban con ellos en el semanario. “Pasada la tormenta, dijimos: y ahora, ¿qué?”.

La respuesta tuvo periodicidad mensual, un precio de 1,50 euros y se llamó, como guiño al episodio de censura borbónica, Orgullo y Satisfacción. El primer ejemplar consiguió vender la friolera de 40.000 ejemplares.

Y ahora, confirmado ya su final, ¿celebrará la Casa Real Española su cierre?

“Yo creo que, directamente, se han olvidado de que existimos”, contesta Albert Monteys, otro miembro del equipo directivo de la revista.



“Tenemos 4.500 personas comprando la revista mes a mes, pero necesitamos 12.000 suscriptores para rentabilizar el proyecto”, nos explica Monteys. “Llegado a este punto, lo único que queríamos era cerrar con dignidad, no pidiendo a nadie que nos salvase”, continúa, recordando la absoluta independencia de un proyecto exento de publicidad.

“Desde un principio no queríamos meter publicidad ni inversores para no tener que depender de nadie, y tampoco queremos hacerlo ahora”, explica Bartual. “Eso es así desde la fundación de Orgullo y Satisfacción, y entendimos que teníamos que llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Y que la revista, si tenía que terminar, debía terminar siendo como era cuando empezó”.


El humor gráfico ya no se consume en revistas, sino en redes. No creo que el contenido haya sido el problema de Orgullo y Satisfacción, sino su formato. Las revistas, como tal, están llamadas a desparecer


 “El humor gráfico ya no consume en revistas, sino en redes”, reflexiona Monteys, que considera imposible tomarle el pulso a Internet a la hora de generar un producto de actualidad política capaz de competir con la inmediatez de Twitter o Facebook. “Cuando sacamos el especial de las elecciones americanas, habían pasado más de dos semanas desde que sucedieron”, aporta, como ejemplo, Bartual. “Aquellos chistes eran, directamente, prehistóricos”.

“No creo que el contenido haya sido el problema de Orgullo y Satisfacción, sino su formato. Las revistas, como tal, están llamadas a desaparecer”, incide Monteys. “Una revista de 100 páginas no es el formato idóneo para 2017, desde luego”, añade Manuel.


Pese a lo dramático de que un mensual satírico como Orgullo y Satisfacción desaparezca este año (Mongolia será la única publicación de este tipo que siga resistiendo en España), sus responsables en ningún momento se muestran catastrofistas; tampoco solemnes. “No estamos devastados, sino muy contentos de lo que hemos conseguido con la revista”, dice Monteys.

“En los próximos números, hasta el cierre, vamos a hacer absolutamente lo que nos da la gana. Ya no tenemos que rendir cuentas a nadie que no sean los lectores. Ya no tenemos que pensar cómo podríamos hacer para vender más”, deja claro Monteys. “La idea de este año es divertirnos mucho; dibujar las payasadas más divertidas que se nos ocurran”.

“Esto no va a ser un funeral en 12 entregas”, añade Bartual, para la tranquilidad de sus lectores. “El cierre no significa que hayan ganado los malos. Y si han ganado, han tardado tres años en hacerlo”.

El vaso, siempre medio lleno. Parece que éste va ser el mejor año de Orgullo y Satisfacción.

O, por lo menos, el que más justicia haga a su precepto de revista “libre”: su contenido ya ni siquiera va a tener el corsé de captar la atención del lector eventual.

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