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Culture

El Chivi: “nos estamos volviendo zumbados con la corrección política”

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Hablamos con el autor de letras como “un kalimocho, pero en vez de vino, con sangre del chocho” antes de su concierto de despedida

víctor parkas

14 Enero 2017 06:00

Era 1999, las Navidades todavía no te parecían una tortura, y tu rúter sonaba como una incineradora. “En esa época, cuando colgué mis primeras canciones, en Internet éramos muy pocos”, rememora José Córdoba, más conocido como el Chivi.

Sí: el mismo Chivi que convirtió Coños en el himno de nuestros recreos escolares.

Antes de convertirse en el monstruo hambriento que es ahora, Internet podía subsistir con el mismo viral durante meses; incluso durante un año. En ese contexto, nació y se desarrolló un personaje como el Chivi, una especie de G.G. Allin cañí y verbenero que, gracias a los programas P2P —Ares, eMule, Kaazaa— se convirtió en uno de los primeros fenómenos (locales) de la red.

“Pasé de grabar maquetas en K7 a subirlas a mi web, para que así la gente se pudiese descargar mi música de forma gratuita”, recuerda el Chivi. “La gente que se las bajaba, a su vez, las compartía en programas para descargar canciones; por lo que sí: se puede decir que la piratería ayudó a lanzar mi carrera”.

¿Qué opinaría Ramoncín, antigua cabeza visible de la SGAE, de una declaración así? “Yo nunca voy a hablar mal de un compañero”, responde el Chivi, “aunque creo que la gente, en algún punto, decidió que quería escuchar música sin tener que pagar por ella. Y la gente, el público, siempre tiene la razón”.

Pero, ¿de qué público estamos hablando? Canciones como Jornada de piernas abiertas o Depravado, pirateo mediante, se convirtieron en el soundtrack de toda una generación de prepúberes con las hormonas revolucionadas —y conexión de banda ancha—. “Si, cuando estaba en el instituto, hubiese descubierto canciones como Jota de la perra parda, yo también me habría hecho fan al momento”.

Muchos de los que pasaron sus horas extraescolares memorizando frases tan cuestionables como “me fascina violar a premamás” o “un kalimocho, pero en vez de vino, con sangre del chocho”, continúan siendo supporters del Chivi más de diez años después. “A mis conciertos viene gente que me sigue de hace tiempo”, asegura José, “pero son mayoría los jóvenes que han descubierto mi música hace relativamente poco”.

Con la responsabilidad que supone educar, generación tras generación, a varias hordas de adolescentes, el Chivi también me cuenta los problemas a los que, en este sentido, se enfrentó al ser suplantado de forma reiterada. “Colgar una canción a mi nombre aseguraba que la gente se la iba a descargar”, señala, “con lo que empezaron a atribuírseme temas que no eran míos, de los estilos más dispares”.

“La parte más negativa de esto fue que se colgaran en mi nombre canciones de tinte xenófobo”, se lamenta, sobre aberraciones como Negros de mierda. “Me molestaba muchísimo que, por culpa de esto, me tachasen de racista y me cancelasen bolos”, continúa. “Y lo peor de todo es que no podía convocar ninguna rueda de prensa para hacer un desmentido, porque no habría venido ningún medio a cubrirla”.

De las canciones por las que sí responde, las escritas e interpretadas por él, nos detenemos en El abuelo es gay. “No me parece homófoba”, defiende. “Yo creo que es un canto a la libertad. Al final de la canción, hasta el nieto se lo monta con el abuelo”, sentencia, con tono serio.

“Creo que nos estamos volviendo un poco zumbados con lo de la corrección política”, continúa. “Está volviendo una censura que no me parece normal, con continuos ataques a la libertad de expresión; y mira que soy de los que piensan que hay unos límites que no se deben traspasar”, añade, mostrando una moderación que no se corresponde con su explosivo alter ego.

Más sobriedad: el Chivi, a las puertas de los 40, se adscribe a esa izquierda que considera que “la Transición se hizo todo lo bien que podía hacerse”. ¿Parafilias sexuales? Más bien pocas. “Algunas experiencias del día a día me han inspirado letras, pero vamos: te puedo decir que ni me follo a muertas, ni practico zoofilia”, deja claro. “Soy una persona completamente normal”.

“No sé por qué, pero la gente sólo recuerda mis canciones más burras”, siente José, con seis álbumes ya a sus espaldas. “Aunque todo el material del Chivi tenga como denominador común el cachondeo, muchos de mis temas encierran críticas veladas a todo lo que no me gusta de esta sociedad”, recalca el cantante.

De hecho, bajo su nombre real —José Córdoba—, el Chivi muestra su faceta de cantautor más ortodoxo y sentimental. “Cuando compongo canciones como José Córdoba, miro a Serrat, a Aute”, confiesa, “pero sobre todo, a Joaquín Sabina, que es el autor que más me gusta y, desde luego, al que más he escuchado desde que era un chaval”.

Si el vídeo mató a la radio, José Córdoba ha decidido finar al Chivi: hoy, en los aledaños de Barcelona, se celebrará el concierto de despedida de este obsceno personaje. “Como en febrero saldrá mi nuevo disco como José Córdoba, me dedicaré a este otro proyecto durante un tiempo”, explica. “Puede que el Chivi vuelva. Más que un adiós, considero estos conciertos despedida como un hasta luego”.  

Con la puerta entreabierta que deja José, los fans del Chivi que no puedan asistir a su último concierto no necesitan, de momento, respiración asistida. En ese grupo de no riesgo, hay que incluir, por cierto, a la mujer que le dio la vida. “A mi madre, algunas de las canciones del Chivi le gustan mucho”, asegura. “Y todas, todas las escribí viviendo aún en su casa”.

Eso, claro, incluye Necrohistoria de amor, Infierno anal y Canción de cuna para una felación.

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