Cultura

Camela: la empresa familiar más rentable de la tecnorumba española

Hablamos con Dioni y Ángeles de gasolineras, letras de amor y la evolución de su repercusión mediática

Cuando, desde Warner Music, alguien me pasa con Dioni Martín, me pongo nervioso. Y no me pongo nervioso porque Dioni sea fundador y cantante de Camela. No. Estoy nervioso porque, nada más coger el teléfono, Dioni me saluda con un “vamos en el coche ahora”.

-Pero, ¿conduces tú? Si quieres te llamo más tarde…

-No, llevamos aquí el máquina, Aitor, que nos lleva p’arriba y p’abajo. Nosotros vamos atrás, no te preocupes.

No me preocupo. Ya no. Aunque, por un momento, no he podido evitar imaginarme a Dioni conduciendo. Y no conduciendo un coche cualquiera, sino uno de estética 50’s. Uno de esos que aparecen en American Graffiti. A su lado, en el asiento del copiloto, Ángeles, la otra pata que sustenta Camela, canta, imagino, el primer single de Me metí en tu corazón, nuevo álbum del grupo de tecno-rumba. En mi fantasía momentánea, ambos, Dioni y Ángeles, replican la estética de Grease.

Y, aunque la fantasía haya expirado, puedo volver a ella, una y otra vez. Solo tengo que subir el volumen, bajar las ventanillas y teclear ‘ No pongas riendas a mi corazón’ en YouTube.

“Ahora, cuando voy por la calle, me llaman Dioni Travolta”, bromea Martín, “y a Ángeles, Ángeles Newton-John”. Tenía que ocurrir, y no solo por el videoclip: la portada de Me metí en tu corazón está, directamente, inspirada en la del soundtrack de Grease. “Nos lo propuso la compañía y nos pareció una idea estupenda”, me cuenta Dioni. “Nosotros nunca jamás hemos sido reacios a disfrazarnos”.

El cantante no miente: tirando de hemeroteca, podemos corroborar como Camela se han atrevido a utilizar desde los códigos bollywood en Ya se acabó el tener dueño, hasta la estética de Piratas del Caribe en La Magia del Amor. Jesús: si hasta viajaron al lejano oeste para el videoclip de Cuando zarpa el amor. “ Ése nos lo hizo Bayona”, puntualiza Dioni, recordándome que el director de Lo Imposible, “en sus comienzos, nos hizo hasta ocho videoclips”.

“Juan Antonio es fan confeso de Camela”, añade. “Nos encantaría que utilizara alguna de nuestras canciones en una película”. Aunque parece poco probable escuchar, no sé, Miénteme en Jurassic World 2, ahora, esa idea, suena menos descabellada que hace diez años. De un tiempo a esta parte, Camela han pasado de ser un grupo aborrecido por los paladines del buen gusto a convertirse en una banda de cuya reivindicación uno puede sacar rédito cool.

“En algún punto, nos dimos cuenta de que ciertos medios eran reacios a poner nuestra música o entrevistarnos”, señala Dioni. “No sabemos por qué ocurría eso; por qué, pese a vender millón de discos con Lágrimas de amor, el famoso ‘sueño contigo’, la repercusión mediática era mucho menor que ahora”.

“A mucha gente le daba vergüenza decir que escuchaba nuestra música”, añadirá Ángeles. “Se nos discriminaba en muchos ambientes, pero cada vez nos encontramos con más gente que se declara fan”, continúa, “incluso con personas a las que no esperábamos que les llegara a gustar nuestro estilo”, dice, de la famosa tecno-rumba que patentaran allá por 1994, cogiendo de aquí y de allá: de Michael Jackson y de OBK; de Bryan Adams y de Los Chichos; de Phil Collins y de Camarón. "A mí me gusta de todo", confiesa Ángeles sobre sus gustos musicales.

“Aunque hayan terminado catalogando nuestra música como ‘tecno-rumba’, nosotros preferimos hablar del ‘Sonido Camela’, porque somos los únicos que este país con ese sello musical”, deja claro Dioni. “Hemos conseguido que ese ‘Sonido Camela’, aunque haya evolucionado y mejorado, siga manteniendo la esencia y la pureza, disco a disco”.

A mucha gente le daba vergüenza decir que escuchaba Camela

Y es cierto: basta escuchar tan solo los primeros segundos de No pongas riendas a mi corazón para saber, antes de que entren las voces, que ese ambiente a feria de atracciones mal aseguradas; a escopeta de balines trucada y a algodón de azúcar; a sillas de plástico y camping de noche a mitad de agosto; todo eso, sigue ahí. Como si no hubiera pasado el tiempo.

Como si Miguel Ángel Cabrera, tercer componente de la formación original, nunca hubiese abandonado Camela en 2013.

“Fue de mutuo acuerdo y nos pareció estupendo: él, antes de irse, llevaba 13 años sin aportar nada al grupo”, defiende Dioni, “pues la composición, desde hace años, la llevan mi hijo Rubén y mi cuñada Ángeles. La única diferencia que yo, personalmente, he notado en Camela de un tiempo a esta parte, ha sido que no solo canto desde un punto de vista masculino: con las composiciones y letras de Ángeles, lo estoy haciendo también desde la perspectiva y experiencia de una mujer”.

Ángeles, por su parte, no resta importancia a la impronta que su excompañero Cabrera dejo en el grupo. “Fue él quien empezó a componer, con esas letras tan directas, que es lo que nos ha funcionado siempre”, apunta la cantante. “Nosotros utilizamos muy poquito la metáfora: en Camela, todo es muy sencillo y muy directo”.

Quizás, ese grado negativo de pretenciosidad fue lo que, cuando el formato físico no se había volatilizado aún, consiguió hacer de Camela un grupo fuerte en circuitos no convencionales, como mercadillos o gasolineras. “En gasolineras batimos el récord de ventas, sí, pero la música suena igual se venda en gasolineras o se venda en El Corte Inglés”, me dirá Ángeles. “Ya que no nos regalan la gasolina, no está de más decirlo”, puntúa, “porque la verdad es que empieza a ser un poco cansino el tema”. Ahora, incluso más: Me metí en tu corazón, a partir del 2 de junio, estará en iTunes, Apple Music, Spotify y Deezer; con lo que, ¿tiene algún sentido tildar de ‘grupo de gasolinera’ a los Camela de 2017?

“Allá ellos si lo hacen. Nosotros no tenemos nada de lo que avergonzarnos”, apunta Ángeles. “Y, además, hacemos felices a muchas personas con nuestra música”.

En el caso de Camela, hacer feliz a la gente es casi una política de empresa. “Nosotros”, interviene Dioni, “somos de esos grupos que no hacen parada: siempre estamos dando conciertos, tanto en invierno como en verano”. En uno de ellos, sito en la plaza de toros de Santander, Ángeles salió a hacer los bises, a cumplir con su público, incluso después de haber tenido un accidente. “Cuando apagaron las luces, metí el pie en el hueco de una rampa y caí de una altura de dos metros”, recuerda la intérprete. “La gente gritaba ‘otra, otra’, con lo que, aunque tardamos en salir, salimos: me senté en un taburete, canté dos canciones más y, una vez terminado el bis, ya sí, me llevaron a urgencias para hacerme una resonancia”.

Si, en los últimos años, Camela han tenido que capear un acercamiento irónico a su fenómeno —muchas veces, alimentado por su puesta en escena teatral, casi glam—, Me metí en tu corazón llega al mercado en un contexto donde muchos activos políticos reconocen sus temas, los de Camela, como necesaria banda sonora para hacer de la revolución algo factible. “No venceremos cuando todos escuchen a Los Chikos del Maíz”, llego a decir Nega, rapero cercano a Podemos, “sino cuando los que escuchan a Camela y Estopa se unan a nosotros”.   

Cuando le cito al Nega, Ángeles se ríe. “Se refiere a que Estopa y nosotros movemos mucha masa de gente, ¿no? No sé qué otro sentido encontrarle a esa frase. No me la tomo de mala manera ni nada, pero nosotros de política no hablamos”, zanja la cantante. “Nosotros cantamos al amor. Ese es el sello de Camela: el amor y el desamor. Camela, mal, no le hace a nadie; nunca nos metemos con nadie”, concluye.

“Solo hacemos canciones simples, sencillas y bonitas”.

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