Cultura

'Black Power' de talento: los Oscars más negros contra la América de las divisiones

Con 18 nominaciones a afroamericanos, estos son los Oscars más negros de la historia. Pero, ¿qué ha pasado?

I. ESPÍRITU POITIER

“Ha sido un largo camino llegar hasta aquí, pero estoy en deuda con muchísimas personas por ayudarme a conseguirlo”.

En 1964, mucho antes de que Barack Obama se convirtiera en el primer presidente negro de Estados Unidos, Sidney Poitier pronunciaba un discurso que marcaría un punto clave en la lucha racial americana. Con la voz entrecortada y aguantándose las lágrimas, cumplía un sueño:

Ser el primer actor afroamericano en ganar un Oscar al mejor actor protagonista.

Habían pasado 25 años desde que Hattie McDaniel se llevara una estatuilla por un papel secundario. Y tuvieron que pasar 52 años más para que un discurso similar volviese a resonar. En esta ocasión lo pronunciaba el cineasta Spike Lee, y su mensaje estaba acompañado de la etiqueta #OscarSoWhite:

“Llega un momento en el que debemos tomar una posición que no es ni prudente, ni políticamente correcta, ni popular. Pero es una decisión que tenemos que tomar, porque es lo que nos dice nuestra consciencia. Ha habido 45 actores nominados en dos años y ninguno es afroamericano. ¿Y no podemos actuar? ¡WTF!”.

#OscarsSoWhite... Again. I Would Like To Thank President Cheryl Boone Isaacs And The Board Of Governors Of The Academy Of Motion Pictures Arts And Sciences For Awarding Me an Honorary Oscar This Past November. I Am Most Appreciative. However My Wife, Mrs. Tonya Lewis Lee And I Will Not Be Attending The Oscar Ceremony This Coming February. We Cannot Support It And Mean No Disrespect To My Friends, Host Chris Rock and Producer Reggie Hudlin, President Isaacs And The Academy. But, How Is It Possible For The 2nd Consecutive Year All 20 Contenders Under The Actor Category Are White? And Let's Not Even Get Into The Other Branches. 40 White Actors In 2 Years And No Flava At All. We Can't Act?! WTF!! It's No Coincidence I'm Writing This As We Celebrate The 30th Anniversary Of Dr. Martin Luther King Jr's Birthday. Dr. King Said "There Comes A Time When One Must Take A Position That Is Neither Safe, Nor Politic, Nor Popular But He Must Take It Because Conscience Tells Him It's Right". For Too Many Years When The Oscars Nominations Are Revealed, My Office Phone Rings Off The Hook With The Media Asking Me My Opinion About The Lack Of African-Americans And This Year Was No Different. For Once, (Maybe) I Would Like The Media To Ask All The White Nominees And Studio Heads How They Feel About Another All White Ballot. If Someone Has Addressed This And I Missed It Then I Stand Mistaken. As I See It, The Academy Awards Is Not Where The "Real" Battle Is. It's In The Executive Office Of The Hollywood Studios And TV And Cable Networks. This Is Where The Gate Keepers Decide What Gets Made And What Gets Jettisoned To "Turnaround" Or Scrap Heap. This Is What's Important. The Gate Keepers. Those With "The Green Light" Vote. As The Great Actor Leslie Odom Jr. Sings And Dances In The Game Changing Broadway Musical HAMILTON, "I WANNA BE IN THE ROOM WHERE IT HAPPENS". People, The Truth Is We Ain't In Those Rooms And Until Minorities Are, The Oscar Nominees Will Remain Lilly White. (Cont'd)

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Así justificaba Lee el boicot a los Oscars 2016, una gala en la que la única presencia negra fue la del presentador, Chris Rock. Y hasta él mismo se apuntó a la queja, pidiendo las mismas oportunidades que tiene Leonardo DiCaprio para los actores negros de la industria.

El motín parece haber funcionado. Este año, 18 afroamericanos están nominados a los galardones. Seis de ellos son actores y actrices, uno director, y tres películas de temática afroamericana, Figuras Ocultas, Fences y Moonlight, optan a la categoría de mejor película.

II. ¿YES WE CAN?

Uno de los tantos récords batidos este año ha sido el de mayor número de actores negros nominados: seis. Se rompe así la brecha de los cinco que se estableció en 2007, un momento que también fue histórico para la gala, pero por circunstancias muy distintas a las actuales.

Hace una década, el mundo se estaba preparando para un cambio sin precedentes. El periodo oscuro de George W. Bush llegaba a su fin, y el primer presidente negro de EEUU estaba a punto llegar. El Yes We Can sonaba con fuerza, un mensaje conciliador que sacaba a relucir una minoría étnica harta de ser sometida.

El discurso integrador no tardó en calar en Hollywood. Películas como Diamantes de sangre, Cartas desde Iwo Jima y El último rey de Escocia llegaron a los Oscars arrasando con todo. La gala fue un intenso homenaje a la comunidad negra, a la que recordaron en sus discursos Forest Whitaker, y Jennifer Hudson.

Después de muchos años de lucha racial, la Academia parecía haber concluido una madurez lenta pero efectiva. Sin embargo, el sueño duró muy poco. A excepción de alguna producción puntual como 12 años de esclavitud, en las siguientes ediciones las producciones encabezadas por afroamericanos volvieron a olvidarse.

El culmen llegó en 2014 y 2015, ya que no hubo ningún actor ni actriz nominados a las principales categorías. Su presencia se reducía a un par de canciones originales y a un premio honorífico a Spike Lee que parecía, incluso, sarcástico.

Poco a poco, las minorías étnicas fueron perdiendo protagonismo en la gala, entre justificaciones de falta de actuaciones memorables y denuncias de falta de igualdad en las oportunidades.

Hasta este año.

El auge de Donald Trump y de su perfil ideológico –un factor importante en las nominaciones de los dos últimos años– ha propiciado que se produzcan más películas que nunca sobre inmigración y racismo. Y la inmensa calidad de estas cintas, sumadas a la percha de actualidad de las que todas se aprovechan, han derivado en una suerte de renacimiento del Black Power a base de puro talento.

III. TRES TITANES CONTRA 'LA LA LAND'

Las tres películas que amenazan la supremacía de La La Land no ocultan su espíritu reivindicativo.

Figuras ocultas es el culmen de la fórmula Oscar que vemos año tras en films como La chica danesa o Dallas Buyers Club. En plena carrera espacial, tres mujeres afroamericanas, discriminadas hasta límites insospechados por condición de mujeres negras, consiguen puestos distinguidos en la NASA.

Las historias de Katherine Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughn (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monáe) muestran una América tan grande como la que Trump promete. Solo que se trata de una América real, impulsada por una minoría a la que obligan a mear en un lavabo diferente de los blancos y a beber de una cafetera distinta.

Una tras otra, las dificultades de ser mujer y negra en el Estados Unidos de los 60 se superponen con el mensaje de que, gracias a personas tan "ocultas" como ellas, el hombre llegó a lo más alto. Puede parecer un simple biopic de superación personal, pero supone un necesario golpe de realidad tanto para Trump como para Hollywood.

El mismo mensaje se mantiene en Fences, el drama familiar de Denzel Washington que opta a dos estatuillas por sus actores principales: él mismo y Viola Davis.

En esta ocasión, la historia se centra en una familia afroamericana y proletaria de los años 50. Ser negro ha privado a Troy (Washington) de vivir la vida que siempre había querido. De niño, le enfrentó a un padre tan enfrascado en su condición racial que pagaba las injusticias con su familia. De joven, le dejó fuera de la liga profesional de béisbol pese a ser el mejor de la ciudad. Y, de adulto, ni siquiera le deja ascender en su oficio de basurero. Aunque quiere conducir el camión, sus superiores no conciben que un negro pueda hacer dicho trabajo.

No obstante, la magia de Fences no se encuentra tanto en su argumento como en la persona que escribió la historia. August Wilson, uno de los mejores dramaturgos de EEUU en el siglo XX, fue un importantísimo azote cultural de la comunidad negra contra los sectores conservadores. Antes de morir en 1990, dejó pendiente su sueño de adaptar Fences al cine con un director negro. Y ahora, gracias a Denzel Washington, lo ha cumplido a título póstumo.

Moonlight, por su parte, es mucho más contemporánea y cruda que las anteriores. La película de Barry Jenkins —que podría hacer historia ganando en la categoría de mejor director— apuesta por un Boyhood del ghetto.  

Dividida en tres actos, Moonlight nos invita a seguir la vida de Chiron en su conversión a gángster con el alma rota y los dientes de oro.

Criado por una madre soltera drogadicta y ayudado por un camello, "Little" ve cómo su vida se desmorona antes de que siquiera pueda controlarla. Sin nadie que le proteja, sufre bullying desde su más tierna infancia hasta la madurez. Reprime su homosexualidad hasta que no le queda otra que sacarla a la luz. Y acaba convirtiéndose, sin comerlo ni beberlo, en el matón más temido de la ciudad.

Con ocho nominaciones, Moonlight refleja mejor que ninguna otra producción qué significa ser negro en el siglo XXI. Y lo hace sin necesidad contar una historia de discriminación racial.

Aun así, donde donde más se profundiza en la cuestión racial es en la categoría a mejor documental.  

 Tres de los cinco documentales nominados este año tratan sobre ello: 13th, I Am Not Your Negro y O.J.: Made In America.

En todos ellos se explora el racismo en Estados Unidos desde diferentes ángulos. En 13th se enfoca desde las condenas injustas a prisión que soportan muchas personas de la comunidad. En I Am Not Your Negro se hace una perspectiva histórica a través de casos personales. Y hasta el documental de O.J. Simpson sirve como excusa para explicar la división racial que se vivió en Los Ángeles durante el Juicio del Siglo.

Además, la cuarta nominada, Fuocommare, habla sobre la inmigración ilegal en Italia, por lo que la estatuilla tiene casi todas las posibilidades de ir a parar al retrato de un conflicto étnico. 

IV. UN NUEVO JURADO PARA UNOS NUEVOS OSCARS

De momento, las nominaciones de 2017 han evidenciado que hay talento negro de sobras, por más que así se justificara la no-presencia de actores de otras etnias en las últimas ediciones.

Sin embargo, esta nunca ha sido una razón válida. El pasado año, actuaciones como la de Idris Elba en Beasts of No Nation o la de Jason Mitchell en Straight Outta Compton se quedaron fuera de los Oscars aun habiendo sido alabadas en los BAFTA y los Globos de Oro.

Pero, tas la polémica de la pasada edición, la Academia reflexionó y tomó cartas en el asunto. La presidenta Cheryl Boone Isaacs, que además es afroamericana, decidió reestructurar el jurado al completo para garantizar la equidad.

Para la nueva edición, ha invitado a un total de 683 personas relacionadas con Hollywood. El 46% son mujeres y el 41% pertenecen a minorías. Este cambio encaja mucho mejor con la demografía estadounidense, donde hay un 39% de personas no caucásicas y un 50,43% de mujeres.

Por lo que parece, el nuevo jurado ha influido directamente en las candidaturas escogidos, atacando de raíz el deje rancio de los votantes tradicionales.

Solo 14 actores negros se han llevado el Oscar a lo largo de la historia. Además, según un estudio de la Universidad de Queensland (Australia), el 69% de todos los premios a actores desde 1968 han ido a parar a estadounidenses, y el 88% de películas premiadas reflejan la cultura norteamericana.

“Los resultados muestran que para los espectadores es mucho más fácil percibir una actuación como brillante cuando está realizada por una persona que pertenece al mismo grupo social”, explica el director del estudio, Niklas K. Steffens.

Básicamente, existen muchas más posibilidades de votar a alguien cuando te ves identificado con él. Así que, hasta este cambio de jurado, los blancos lo han tenido más fácil para ganar.

Aunque algunos miembros han dicho que lo ocurrido este año “no tiene nada que ver con nosotros, es simplemente porque las películas son muy buenas”, el cambio drástico de votantes parece haber sido clave. Y ya no solo por la presencia de los actores negros. También por la falta de apoyo a filmes como Comanchería, de un estilo que encaja mucho mejor con las películas premiadas tradicionalmente.

En general, es difícil descifrar si “la gala más negra de los Oscars” llega por un derroche de talento bestial, por cumplir con la dura presión de la corrección política o por la nueva estructura del jurado. Probablemente, los tres factores hayan tenido mucho que ver. Pero todavía queda por decir la última palabra.

De cumplirse las expectativas, La La Land arrasará con todo, dejando a las múltiples nominaciones afroamericanas como una anécdota que nadie recordará en unos años. No obstante, el primer paso ha sido dado. Los Oscars han rectificado dos años de vergüenza racial, así que solo queda seguir luchando con talento y el apoyo de la industria para que se mantenga la tendencia.

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