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Culture

Explosivo. Incorrecto. Hater. Liberal. Así es el polémico bloguero catalán Bernat Dedéu

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“A mí no me lee nadie, pero desde hace medio año tengo medio millón de lectores”

víctor parkas

06 Junio 2017 14:21

Stephen Lyne

“Si queréis ensanchar la base de algo para arrastrar no sé qué a no sé dónde, panda de cínicos pensamierdas, proceded arrodillaros y veréis cómo se ensancha, rebosante de esperma, la verga redentora del Guardián cuando se le da un calo”. El Guardián es Bernat Dedeu. Los pensamierdas, los comunes, el partido de Ada Colau. El extracto, traducido, pertenece a uno de los posts más polémicos que Dedeu, articulista catalán de formación filosófica, viene publicando en su ya-de-por-sí polémico blog: La Torre de les Hores.

Independentista salvaje. Políticamente incorrecto. Alt-lib, han dicho de él, incluso. Bernat Dedeu acepta tantos calificativos como lectores que acuden a su blog. Con cada post, arden las redes. “Yo me ocupo muy poco de la reacción que suscita lo que escribo”, me dirá. “El texto es del lector. Cuando yo termino de escribir, el texto es tuyo. Apruebo todos los comentarios por espíritu liberal, pero no me interesan”.

Dedeu, a principios de este año, parecía estar en boca de todos. ¿La razón? Se postuló como presidenciable a las elecciones del Ateneu Barcelonés, una asociación cultural centenaria, con una candidatura cuyo nombre era familiar a los fans del indie —Ordre i Aventura. Dedeu perdió, y ahora augura “cuatro años de aburrimiento y piñón fijo en el Ateneu”. Es allí donde me cito con él para intentar averiguar por qué su figura, la de hater indepe, despierta tanta fascinación entre lectores de todo signo político.

Cuando hablamos por WhatsApp para cerrar esta entrevista, me dijiste que no conocías ni leías PlayGround. ¿Qué medios consultas, día a día?

Por obligación, la mayoría de prensa catalano-española. “Los medios de los bancos”, por así decirlo. Luego, por placer, leo prensa anglosajona; sobre todo, el New Yorker.

¿Leíste, por ejemplo, la columna que le dedicó Antonio Baños a tu candidatura al Ateneu? Se refería a vosotros como ‘alt-lib’, alternative liberals, ¿te sientes identificado con el término?

Yo siempre me siento incómodo con las generalizaciones, y no solo con la que hizo Antonio. La gente de nuestra candidatura son, simplemente, librepensadores que reivindican la dignidad del individuo como motor de la sociedad. Los liberales, en el fondo, solo creemos que excusar los propios fracasos demuestra una impostura. El liberalismo es algo que se echa en falta dentro de la política catalana; se echa en falta ciudadanos creativos cuya iniciativa particular pretenda tener una incidencia en el ámbito de lo real.

¿No es un poco impopular declararse ‘liberal’ ahora mismo? Quiero decir: Esperanza Aguirre y Federico Jiménez Losantos dicen serlo.

El problema de los liberales españoles es que apuestan por un capitalismo de amiguetes, por una fortificación encubierta del estado y por el beneficio económico de los mismos de siempre. Frente a eso, yo estoy muy cómodo con algunos discursos de la izquierda radical que atacan esas actitudes. Con todo, ‘liberal’ es una etiqueta que siempre ha sido ajena a la cultura española y ahora todo el mundo quiere apropiársela. Es como lo de ‘la gente’. ¿Qué significa ‘la gente’?

Perdona que te interrumpa… Voy a coger otra silla; ésta no parece muy estable.

No es muy estable, pero aguanta. Es como la entidad (risas). Lo que te decía es que la cultura española es demasiado cursi, proteccionista y old fashioned para poder llamarse liberal. Noël Vallis tiene un libro muy interesante y polémico sobre el tema: Mal gusto, clase y kitsch en la España moderna.

Suena interesante. No lo conocía… Por cierto: si estás más cómodo hablando en catalán, adelante. Puedo traducirlo luego, cuando transcriba la entrevista.

No hace falta: soy felizmente bilingüe y tengo media familia española. Además, en español soy más chulo.

De acuerdo. Volviendo a lo de ‘alt-lib’, a raíz de esa columna, empiezas a recibir ataques desde medios como El País o Crític. ¿Cómo analizas estas reacciones?

Es típico de un país de mierda como el nuestro. Encasillarnos como ‘alt-lib’ o como ‘los catalanes de Trump’ esa una manera de apartarnos del debate. Ponerme al lado de gente como Pilar Rahola o Mark Serra, a los que no conozco, pero que dicen y escriben cosas muy distintas a las mías, y querer relacionarnos con un fenómeno moralmente degradante como es Trump, solo tiene una razón de ser: no quieren dialogar. Están evitando hablar de ideas, que es lo realmente importante. Yo soy liberal, sí; pero, por ejemplo, compro el discurso de la casta podemita: hay que actuar, con belicismo, contra una clase que, producto del sistema autonómico, ha vivido muy bien mucho tiempo y siempre ha ganado. ¿Decir esto me hace menos liberal? No sé…

En cualquier caso, toda la polvareda levantada debió afectar a las elecciones en el Ateneu, ¿me equivoco?

Se nos disparaba con el tema de la ‘derecha radical’, claro. Queríamos dinamitar todo lo conservador que tiene esta entidad y fuimos vistos como retrógrados, paradójicamente. Porque de lo que iba esto, al final, era de que los mismos de siempre no mandasen y de tener un espacio de acción que no fuese público, porque lo público implica politiqueo, oposiciones, procesos amañados…

A mí no me lee nadie, pero desde hace medio año tengo medio millón de lectores; alguien debe entrar a mi blog, ¿no?

De todo esto, lo que me parece sorprendente es que el único medio desde el que se defienda tu candidatura sea, precisamente, desde el Ara. Sobre todo, teniendo en cuenta lo inclemente que has sido, desde tu blog, con su antiguo director, Carles Capdevila —en el momento de hacer esta entrevista, Carles Capdevila seguía con vida.

Se les coló (risas). Realmente, se publicó en Ara Play, un suplemento que pasa bastante desapercibido. Fue más sonado un texto de Jordi Graupera que, por hacer un endorsement claro a nuestra candidatura, fue censurado; nunca llegó a salir. Y estamos hablando de un periódico progresista, como es el Ara. Eso demuestra que, cuando algo o alguien les molesta, prefieren anular el debate que discutir sobre ello.

En cualquier caso: perdéis. ¿Cuál es tu análisis, tras la derrota?

Nos ganó la política. Y no te lo digo por rencor o por haber sido derrotado, pero quisimos devolver el Ateneu a la Champions League de las entidades culturales privadas de todo el mundo y hubo un sistema que reaccionó en contra. Fue un “esto no puede ser”. Y no porque pensaran que íbamos a hacerlo mal, sino porque sabían que íbamos a hacerlo bien.

Más allá de lo que se dijera de ti en ciertos medios, ¿es cierto que, durante el debate de las elecciones, tus contrincantes citaban extractos de tus artículos más polémicos para desacreditarte frente a los socios?

Sí, sobre todo mis críticas al Consejero de Cultura catalán, Santi Vila, con el que he sido muy duro. Cualquier visión crítica de la cultura patria es vista como una excentricidad. La subvención entregada a Risto Mejide para promover la lectura, por ejemplo, no fue algo que destapase el periodismo cultural, sino que se visibilizó gracias a la protesta de libreros como Isabel Sucunza o Xavi Vidal de Nollegiu. Si, en lugar de hacer esto, el periodismo cultural se supedita al poder, dedicándose únicamente a recibir y copiar notas de prensa, tenemos un problema.

Tienes artículos mucho más polémicos que los de Santi Vila. ¿Por qué crees que fueron esos los que sacaron a colación?

Aunque el Ateneu vive sobre todo de las cuotas de sus socios, Jordi Roca, de la otra candidatura, decía que esos posts serían problemáticos a la hora de recibir subvenciones. Y lo mejor es que yo sabía que, durante los debates, saldrían citas de todos esos artículos: cada mañana, cuando posteaba, me daba cuenta que, pese a ser antiguos, tenían picos de visitas. Es pura normativización de la autocensura, algo que ha calado en el periodismo catalán: basta con abrir cualquier periódico para ver como todo el mundo escribe lo mismo sobre lo mismo. Eso es tener la cultura sodomizada; muerta.

Según tú, ¿cómo se puede terminar con esa ‘sodomización’?

Para mí sería una buena noticia que Cataluña estuviese cinco años sin Ministerio de Cultura y sin subvenciones, así veríamos si la cultura catalana es capaz de seguir viva sin ellas. Ahora mismo, depende del poder público; está supeditada a la coacción que pueda ejercer sobre ella dicho poder público. Cuanto tú tienes un empresario que se llama ‘estado’ y éste te subvenciona, tu iniciativa está maniatada. Eso es una desgracia. Para cualquier cultura.

¿Publicar en un blog es una forma de escapar de eso?

Sí, pero eso no hace que dejes de recibir hostias o que te pidan menos explicaciones; ya lo ves. Formo parte de esos articulistas que renunciamos al aparato ideológico de los mass media, con todo lo que ello conlleva. Un blog te permite tener tu propio espacio y no depender de estructuras verticales; de que te echen de éste o aquel medio, como a mí me ha pasado. Por no hablar de las denuncias, como la que me puso Lluís Bassets, subdirector de El País. Es gente que, como ya no nos pueden expulsar de los medios, quieren que nos muramos de hambre. Quieren que estemos en la calle. En esta guerrilla estamos; sobreviviendo. Como siempre ha hecho la gente que escribe; tampoco es cuestión de ir de proto-mártir ahora...

Llamas a tu candidatura Ordre i Aventura (Orden y Aventura), que es el nombre de una canción del grupo Mishima. ¿Eres fan?

No diría fan, pero sí soy seguidor del trabajo que está haciendo David Carabén, su cantante. Con nuestra candidatura, nosotros queríamos reivindicar, entre otras cosas, la excelencia cultural de muchos particulares de este país, como Albert Serra o el propio David.

Carabén fue muy criticado por hacer un anuncio para Banc Sabadell. ¿Cuál es tu posición frente a dicha polémica?

Que para hacer canciones hay que comer. Quizás no sea cómodo trabajar para un banco, teniendo en cuenta lo que estos han hecho en los últimos lustros a nuestras espaldas, pero es que la gente quiere pagar diez euros por un concierto de dos horas y media. Yo esto lo he hablado con David. Yo no sé qué habría hecho en su vicisitud, pero creo que hizo bien. Seguramente le salvó un año de curro y le permitió hacer un disco. Los artistas, por definición, son diletantes. Tener músicos y escritores de domingo no es la mejor solución. Lo que hay que tener claro sobre todo es que la cultura gratis no existe: esto de que yo disfrute sin pagar de Westworld, Carnivale, Lost y al guionista que le jodan, pues no acaba de funcionar. A no ser que el guionista sea multimillonario, claro.

Y, si de Mishima no, ¿de qué banda/cantante te declaras fan?

Tras Leonard Bernstein y Mozart, Freddie Mercury es mi músico favorito. Yo tengo una idea de lo que es la música y la vida muy parecida a la que tenía Freddie Mercury —no en vano, él fue un músico de formación clásica que importa lo clásico a un lenguaje contemporáneo como es el rock. Después, están su chulería y su exceso, que me parecen extraordinarios.

Es un poco extraño preguntarlo a estas alturas de entrevista, pero, ¿cómo te defines políticamente?

No me defino. Un pensador siempre es disidente. La militancia es alérgica al pensador. Soy autodeterminista: pienso que nadie ha de pedir permiso para ser soberano.

¿Dirías que eres catalanista?

No: el catalanismo es una filosofía nacionalista que, desde Eugeni d’Ors a Maragall, ha intentado crear la ilusión de una Cataluña ‘rica y plena’ dentro de un marco federal español. El federalismo es, básicamente, un invento catalán.

Entonces, ¿independentista, sin más, mejor?

Sí, pero del sector del independentismo que no culpa a los otros de lo que es culpa suya: que Cataluña no sea independiente no es culpa de Madrid, igual que, si tú eres un mantenido y un caradura, eso no depende de la gente que te está manteniendo. Lo importante aquí no son las particularidades de cada uno, sino lo que estamos dispuestos a hacer para defender nuestras ideas y nuestra identidad.

De hecho, sueles hablar a menudo del ‘independentismo cursi’. ¿Qué es?

Esa actitud de algunos independentistas, de pasarse el día llorando y culpando a los otros de lo que ellos no pueden hacer. La libertad es un ejercicio de aniquilación del miedo. Y el miedo no se aniquila llorando. Ni movilizándose: las movilizaciones independentistas eran fundamentales, pero su tiempo ya ha terminado. El independentismo no puede convertirse una comitiva de fiestas populares.

Una de las falsedades del pujolismo fue hacerle creer a los catalanes que la Generalitat tenía mucho más poder del que tiene y que los catalanes tenían mucho menos poder del que tienen. Ese sentimiento, Ada Colau, lo ha importado de Jordi Pujol

¿Ves factible una Cataluña independiente?

No de forma inmediata. Tienen que pasar muchas cosas. Una purga. No específicamente de casos de corrupción, sino de aquella clase política que no quiera jugarse el bienestar momentáneo que les ha dado el autonomismo. Es un clima de sacrificio que no creo que ahora mismo se vaya a dar. Cuando te emancipas, descubres que la madurez no era tan mala; pero es que en casa se está muy cómodo.

En ese escenario, ¿qué papel crees que juegan los comunes?

Solo pasarán a formar parte de la vida política catalana si fracasa el ‘procés’. Los comunes me recuerdan mucho a Pujol: una de las falsedades del pujolismo fue hacerle creer a los catalanes que la Generalitat tenía mucho más poder del que tiene y que los catalanes tenían mucho menos poder del que tienen. Ese sentimiento, Ada Colau, lo ha importado de Jordi Pujol.

De hecho, la primera columna tuya que recuerdo leer se llamaba Insultar a los comunes, y bien podría haberla suscrito Salvador Sostres. Sé que sois amigos, pero, ¿hasta qué punto te ha influenciado su estilo explosivo?

Suelen ponérmela, la etiqueta de sostrista. No me molesta, pero creo que tenemos estilos de prosa muy diferentes, por no hablar de prioridades vitales y políticas directamente enfrentadas. Sea como sea, para mí Salvador es un articulista muy importante en la literatura periodística catalana, porque abrió frentes de libertad: empezó a atacar a una clase política y social con la que el periodismo catalán nunca se había atrevido, y haciéndolo en unos términos completamente nuevos. Otro de los puntos que, pienso, tenemos en común, es el del lector a escondidas. A mí no me lee nadie, pero desde hace medio año tengo medio millón de lectores; alguien debe entrar a mi blog, ¿no? Incluso amigos me han llegado a decir que les gustaría compartir éste o aquel artículo mío, pero que les da apuro. Hay un nivel de autocensura y de fascismo increíble en este país. Todavía me sorprende que haya gente tan castrada.

Dentro de ese ‘lector a escondidas’, ¿crees que hay gente con sensibilidades políticas distintas a las que tú promulgas?

Sí, y me gusta que sea así. Tú, cuando lees a alguien, no compras su discurso: compras su universo. Yo tengo muchos lectores de izquierda radical y, particularmente, fenómenos tan maravillosos como la CUP me interesan muchísimo.

Dentro de ese crear tu propio ‘universo’, ¿te marcas alguna línea roja? ¿Algo de lo que jamás hablarías o con lo que jamás te meterías?

Se puede hablar de todo y se tiene que hablar con la máxima radicalidad. Si no, no tendríamos a Segarra, ni a Shakespeare, ni a Voltaire. Alguna vez me he dicho: “Uy, esto no lo voy a decir, porque conozco a éste…”. Y, en casos así, siempre me he matado a mí mismo. La libertad no es una opción: es una responsabilidad. Y, si la ejerces, tienes que pagar el precio. Lo que no podemos pensar es que, ejerciéndola, o no habrá precio o no habrá reacción. La gente quizás se pregunte por qué yo, el articulista más leído en Cataluña, no escribe en ningún medio catalán. Durante mucho tiempo, estuve apareciendo más en medios madrileños que en medios catalanes.

Teniendo en cuenta eso último, ¿no te da miedo ‘boadellizarte’?

Lo de Albert Boadella es una pena, la verdad; su aportación al teatro catalán es grandísima. El problema es que formaba parte de una generación que cree que, tras el pujolismo y con la llegada de Maragall, ocupará todos los espacios de poder que antes se le habían negado. Cuando no se los dan, intelectuales como Azúa y Boadella enloquecen. Literalmente: la obsesión que tienen con Cataluña es enfermiza. Entonces, ¿boadellizarme? No sé. Yo no “busco trabajo” en Cataluña. No quiero que nadie me ponga la alfombrita roja, y si no me la da Maragall me la da Aguirre, y viva el españolismo, y Societat Civil Catalana, y fot-li. No me veo en esa tesitura, la verdad.

En cualquier caso, ¿por qué te parece importante ir a defender el independentismo a programas como Espejo Público o La Sexta Noche?

Mucha gente de Madrid, cuando hablas con ellos, cuando les explicas las cosas que pasan… La gente no es imbécil. La gente sabe perfectamente lo que está pasando en Cataluña. Felipe VI, cuando pasea por aquí… Su majestad ve que han cambiado cosas en Cataluña. Yo he hablado con muchos políticos del PSOE y del PP que me han defendido el referéndum, pero siempre pesa más el “salvar España”. Y salvar todo lo que conlleva, es decir: el dinero que les están dando los bancos. La primera vez que fui a Espejo Público, el director de un periódico madrileño que participaba conmigo en la tertulia le dijo a Susana Griso, off the record: “¿Tú estás loca, tía? Has traído a un tío que argumenta bien, habla español bien, viste bien, es guapo y no parece un payés. Qué quieres, ¿que nos ganen los debates?”. Para sus intereses, el payés catalán les va muy bien.

No querría terminar sin preguntarte por el post que le dedicaste a una recién fallecida Carme Chacón, y aquel “que la corrección política no nos prive de brindar por un cadáver”. ¿No es una tesis un poco difícil de defender?

Cuando pienso que no puedo poner algo, lo pongo. Con Carme me pasó algo parecido a lo que me pasaba con Carles Capdevila y su cáncer, y la respuesta en ambos casos es la misma: estar enfermo y morirse no es un valor moral. No es un mérito moral. Las enfermedades y la muerte para lo único que sirven es para destapar la cursilería. La utilización pornográfica de la muerte y de la enfermedad a mí me parece absolutamente deleznable. Que una señora como Carme Chacón, que había sido defenestrada, se muera y, de repente, sea la Vírgen María… Un poquito de por favor… En mi caso, como filósofo, me tocó ir contra la corriente común. Contra la frase hecha. Contra el tópico y contra el sentimentalismo.

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