Cultura

El Batman de Lego es más divertido que nunca, pero sigue necesitando un psicólogo

De Batman: La Lego Película esperábamos las risas, pero no la profundidad psicológica. Un nuevo acierto

No es casualidad que Batman: La Lego Película se estrene justo un año después de Deadpool. En un momento en el que el público está saturado entre tanto superhéroe y parece que la burbuja está a punto de explotar, ha nacido una tercera vía que se debe únicamente al disfrute de los espectadores.

Mientras Marvel se refugia en su fórmula de acción con humor facilón y DC sigue buscando su camino entre la oscuridad y la sobriedad, el gamberrismo se ha colado de lleno en el mundillo. Si en Deadpool aparecía en forma de chistes sexuales y gore a raudales, en esta ocasión surge con millones de piezas y un tono digno de Hora de Aventuras.

Como cabría esperar, el filme de Chris McKay es el más divertido de la historia de Batman. Nada tiene que envidiar a la serie sesentera de Adam West y mucho menos a las películas de Joel Schumacher.

Pero pocos esperaban que también fuera el que mejor muestra sus debilidades.

Desde que Michael Keaton se pusiera la “armadura facial” de Batman, la gran pantalla ha exhibido al justiciero como un hombre serio e indomable.

Wayne siempre mantiene sus problemas ocultos y ni siquiera Superman es capaz de superar su determinación. La seguridad que demuestra en cada situación le confiere un aire muy narcisista. Sin embargo, como nos han contado una y otra vez, esto no es más que el fruto de un suceso traumático: la muerte de sus padres.

En los filmes de Christopher Nolan, Tim Burton e incluso Zack Snyder, hemos explorado la psicología de Bruce Wayne desde sus orígenes. Hemos entendido qué pretende con sus actos y por qué está siempre de mal humor.

Aun así, ninguna película ha entendido tan bien como la de Lego cuál su mayor problema: la soledad.

Vivir en una isla privada, volar en un jet privado, ver películas en un cine privado y contar con un mayordomo exclusivo es el sueño de cualquiera. Pero a Bruce Wayne no le sirve de nada, ya que no tiene a nadie con quien compartirlo.

Para el Batman de Lego no existen amigos (La Liga de la Justicia le da de lado), parejas y ni siquiera “peores enemigos”. No tiene ningún vínculo afectivo con nadie más que consigo mismo. O, como mínimo, eso da a entender al resto.

Pero la realidad es muy distinta. En cuanto llega a su enorme mansión, se pasa las horas viendo Jerry Maguire y observando fotografías de sus padres muertos.

Entre decenas de toques cómicos que evidencian lo absurda que es nuestra obsesión con la cultura popular, Batman: La Lego Película explica una historia de lo más melancólica.

Todo ello lo consigue mientras satiriza cada elemento de su mitología. Con sutileza pero sin discreción, la película examina lo extraña que parece la adopción de Robin y la relación de dependencia que tiene con el Joker.

No se censuran a la hora de plantear que Batman necesita ir al psicólogo. Y, al igual que hacen con él, exploran las debilidades del resto del plantel. Nunca un Joker había sido tan vulnerable como en esta película, pero no por ello pierde su esencia de psicópata anárquico. Quizás, por irónico que parezca, Jared Leto pueda aprender algo de Zach Galifianakis, el actor de Resacón en las Vegas que presta su voz al villano.

Incluso, por si Gotham no fuera lo suficientemente grande, Batman: La Lego Película deja hueco para personajes de otras franquicias. Voldemort, Sauron, los gremlins y hasta la bruja del Mago de Oz aparecen para combatir a un justiciero en horas bajas.

Claro que, si no fuera por Lego, todo esto no sería posible. Con La Lego Película (2014) la empresa juguetera más rica del planeta demostró que sabía jugar como nadie con la cultura pop, convirtiendo al filme automáticamente en el  ¿Quién engañó a Roger Rabbit? del siglo XXI.

Desde que a principios de los 2000 comenzaran a desarrollar videojuegos de franquicias como Harry Potter en sus consolas, la compañía ha ido creando un lenguaje propio que agrada a niños pero, sobre todo, encandila a adultos.

Con películas como Lego Star Wars: Revenge of the Brick (2005) probaron una fórmula que parecía demasiado ambiciosa para funcionar. Pero, gracias a Batman, a quien ya dedicaron un videojuego en 2008, se confirmó que tomaron el camino correcto. 

Ahora, nueve años después de convertir a Batman en una figura digital de cientos de piezas, Lego ha demostrado no solo saber hacer chistes con el personaje, sino también comprender toda su complejidad. No es una reinvención realista como el justiciero de Nolan. No es una versión bestia como el de Ben Affleck. Es una sátira del icono y, a su vez, la versión más fiel y comprometida que ha recibido nunca en la gran pantalla.  

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