Cultura

Por qué Robert Crumb y una instagramer no son tan distintos como parece

Si cualquier tipo de exhibición puede llamarse arte, ¿qué diferencia hay entre la autoficción de una novela gráfica y la de una estrella de las redes sociales?

En el quinto capítulo de Easy, la serie coral de Netflix que pivota alrededor del sexo y las relaciones que establecemos con él, un dibujante de novelas gráficas en horas bajas es abandonado durante una cita que apenas había dado inicio: su fugaz compañera de mesa sólo acudía al restaurante para dejarle claro que no quiere volver a aparecer en ninguna de sus historietas.

Más tarde, el mismo dibujante (Jacob) conocerá a una admiradora con la que no sólo se acostará, sino de la que será modelo involuntario. La joven, artista fotográfica cuya obra gira en torno al selfie, se hará un autorretrato en su cama, con Jacob, desnudo y dormido, en segundo término. La foto en cuestión, junto a otros selfies de la autora, terminará por formar parte de una exposición.

En los escasos 25 minutos que dura esta píldora, los artífices de Easy nos plantean cuestiones interesantes: si hablamos de autoficción, ¿qué diferencia una novela gráfica del canal en el que un youtuber airea sus intimidades? ¿Hay más exposición en el Instagram de una it girl que la que podemos encontrar en un tebeo de Chester Brown? ¿Tiene más valor dietarista un cómic de Seth que la cuenta de una estrella de twitter?

En el cómic alternativo americano, es muy común no ya que los autores utilicen experiencias propias como materia prima para sus tebeos, sino que, directamente, sean ellos mismos -y su entorno- los protagonistas de las historias que dibujan. Las carreras de, por ejemplo, Julie Doucet o Joe Matt no serían las mismas sin la autoficción como motor creativo.

“Detesto absolutamente a Joe Matt”, declaraba Doucet en una entrevista. Aunque no matizaba su rechazo hacia el creador de Peepshow, podemos imaginar los motivos: Matt se retrata en sus cómics como un pajillero egoísta e indeseable. Sincero a niveles repulsivos -le puso el ojo morado a una de sus parejas e incluyó el episodio en Peepshow-, Matt no sólo se expone a sí mismo en sus historias, sino también a los que le rodean.

Es, de hecho, en uno de los pasajes de Peepshow donde encontramos una escena prácticamente calcada a la del arranque de Arte y vida, el S01E05 de Easy: una pareja con la que Joe Matt había trabado amistad tenían un encontronazo con el dibujante, en el que le reprochaban ya no haberles incluído en su cómic, sino haber revelado en el mismo su debilidad y atracción por la mitad (femenina) de dicha pareja.

Allison, la artista selfie de Arte y Vida, es tajante cuando se trata de hacer analogías. Para la fotógrafa, su trabajo y el de Jacob son completamente idénticos: cada uno a su modo, se dedican a espectaculizar sus intimidades. El perfil de Allison es tan parecido al de la selfie queen Alexandra Marzella que los responsables de Easy la invitaron para que hiciese un cameo en el episodio.

El discurso de Allison es estimulante por la convicción con lo que lo pronuncia: “Mi trabajo no es distinto al de Jacob. La única diferencia es que él utiliza papel y la lapiz, mientras que yo uso un palo selfie”. Y en parte es cierto: cualquier tipo de exposición, si se le da la cobertura ideológica necesaria, puede llamarse arte. Es evidente, además, que tanto la obra de Allison como la de Jacob coinciden en causar, por la intrusión que suponen, daños colaterales a terceros.

Volviendo a ejemplos sacados de la realidad, ¿realmente son equiparables Joe Matt con Alexandra Marzella? Ambos han rentabilizado su privacidad, desde luego. La diferencia sustancial es, sin embargo, que Marzella, con su obra, nunca se dejará a sí misma en mal lugar, mientras que Joe Matt se autodescubre en sus cómics como un hijo de puta de lo más ruin. Robert Crumb, todavía más veterano, es aún más radical: no sólo sus cómics confesionales son misóginos, sino que él se reconocía como tal en una entrevista.

Arte y vida no defiende la tesis de Allison, pero tampoco la desmiente; claudica ante ella. Jacob -tras provocar un escándolo durante la exposición, ser grabado iPhone mediante, y convertirse en fenómeno viral- vuelve a obtener la atención mediática con la que su obra, por sí misma, ya no era capaz de generar. “La privacidad murió, y tú fuiste uno de los primeros en terminar con ella”, le escupe Allison al dibujante; y no se equivoca.

Easy, con este capítulo, elabora una reflexión alrededor de la intimidad -y su explotación artística- que los popes del cómic underground, cuna del concepto novela gráfica, no están rehuyendo del todo. Las chicas que dibuja, de nuevo, Robert Crumb, siempre exhuberantes, ya portan smartphones y se hacen retratos a sí mismas. Si Crumb fue, de alguna manera, el inventor de todo esto, no podríamos imaginar a nadie mejor que él para certificar este nuevo orden impuesto por las RRSS, y que Allison resume en algo tan sencillo como “mi privacidad es pública”.

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